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Corrupción en la España democrática: los fallos del sistema

El plazo de prescripción de los delitos de corrupción es demasiado bajo, como ha mostrado algún caso relevante. El elemento más relevante para combatir la corrupción no es la legislación sino disponer de mecanismos que sean eficaces. La insuficiencia de medios demuestra una escasa cultura política y ciudadana contra la corrupción.

corrupcion

El título, prestado de un libro de Alejandro Nieto, refleja la inquietud que hoy recorre el país: una democracia que se está deteriorando como consecuencia de la corrupción que, por la confluencia de casos, la personalidad de los sujetos y la crisis económica, se ha situado en los primeros puestos de las preocupaciones sociales. Desde el caso Urdangarín, pasando por los problemas de Dívar -corrupción cutre y de baja escala-, a los más recientes de la investigación de “los papeles de Bárcenas,” la posición de los afectados es realmente representativa. La corrupción no se queda ahí ya que hay problemas en Ayuntamientos y Comunidades autónomas. Eso sí, conviene recordar que no es algo nuevo sino que en el franquismo tenía carta de naturaleza el aprovechamiento privado de lo público.

Cuando se examina la corrupción, la primera pregunta parece obvia ¿cómo es nuestra legislación? Tiene fallos, es indudable. Hay que recordar los problemas de la legislación procesal que acaban favoreciendo al infractor, que habitualmente sigue en el cargo. La pervivencia de foros especiales en el Tribunal Supremo o los Tribunales Superior de Justicia no favorece la instrucción de los sumarios. Los tipos penales tienen carencias, tanto en la definición de tipos sancionadores como de sujetos afectados. El plazo de prescripción de los delitos de corrupción es demasiado bajo, como ha mostrado algún caso relevante. Tributariamente, la reducción que se hizo de los plazos de prescripción no beneficia, teniendo en cuenta que hay que usar mecanismos indirectos de lucha y el fiscal es el más relevante. Carecemos de normativa de transparencia administrativa y de los partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales (y la ley que impulsa el Gobierno es manifiestamente mejorable y no sólo por obviar a la Casa Real). No está resuelta de forma satisfactoria la responsabilidad civil y la devolución del dinero a la Administración; ni las sanciones a los donantes ilícitos a partidos políticos.

Como se puede apreciar, son cuestiones importantes. No son las únicas, ni mucho menos. Pero creo que el problema de la lucha contra la corrupción no se resolvería disponiendo de la mejor legislación. De hecho, buena parte de los hechos conocidos son ya ilegales. La ley no resuelve el problema. Es, si se me permite la expresión, “mero papel”, importante, pero no actúa por sí misma.

El elemento más relevante para la lucha contra la corrupción no es la legislación -que ayuda- sino disponer de unos mecanismos de lucha contra ella que sean eficaces.

En la pasada legislatura, el Gobierno socialista de Zapatero dio un impulso importante a los instrumentos de represión, fortaleciendo con doce fiscales el Centro de Madrid, complementado con el eficaz apoyo de la Agencia Tributaria, Intervención General del Estado y Policía Judicial. Se amplió la plantilla de fiscales anticorrupción en Barcelona, Málaga, Gran Canaria, Alicante, Granada y Baleares. Esto hizo que salieran a la luz tantos casos. Fue insuficiente, como veremos inmediatamente, aunque hoy se puede decir que casi cualquiera tiempo pasado fue mejor.

De la importancia que tuvo da buena cuenta que el PP modificó en enero de 2012 la estructura policial de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal -creada en 2005 por la especificidad que tenían los cometidos encomendados-. El cambio en la cúpula policial fue la consecuencia natural a la acusación que hizo de forma reiterada en la pasada legislatura (y que coincide con la acusación que hizo Rajoy en 2009 de que la trama Gürtel “no es una trama del PP, es una trama contra el PP”) de que el descubrimiento de ciertos asuntos de corrupción estaba intencionada políticamente. Los comportamientos eran de corrupción, no cabía duda. La lectura era el enroque interesado como se ve ahora. Acaso su solución era volver a un periodo átono de lucha contra la corrupción, como fue el periodo 1996/2004.

Hoy nos topamos con curiosas coincidencias: recientemente estuvieron al mismo tiempo en el Ministerio de Justicia el Fiscal General del Estado, la Secretaria General del PP y el propio Ministro. A eso se añade que el Juez Ruz pide a la Fiscalía anticorrupción que deje de investigar en relación con un aspecto del caso Gürtel. Y finalmente la Vicepresidenta del Gobierno recuerda que el Fiscal General puede cesar a cualquier Fiscal.

Seguimos teniendo una Agencia Tributaria inadecuada para la población española y, por ende, que pueda servir como un instrumento indirecto eficaz contra la corrupción. En un post anterior,Didac Queralt resaltaba que sólo Italia tiene menos Administración Tributaria que España. Citar a Italia como el único país de la zona Euro que está peor que nosotros es intuir la gravedad del problema. Tenemos la mitad que Alemania o un tercio que Francia. Que eso afecta a la recaudación tributaria es algo palmario (¿hace falta referirse al fraude fiscal que hay en España?) pero también con una adecuada fiscalización de rentas irregulares, se podrían encontrar indicios de corrupción. Y desde luego, dificulta que se pueda cumplir la función de apoyo en los procedimientos judiciales. Las plantillas están congeladas.

Encontramos un segundo escalón problemático en el Tribunal de Cuentas, que acaso por la escasez de medios no ha cumplido su papel lógico contra la corrupción política. Dos deben ser citados aquí entre los problemas que constató el Consejo de Europa sobre España de 2011: por un lado, la ausencia de auditorías de los partidos políticos (obviamente, la más estricta de todos, lo que constituye cuestión actual, sobre todo teniendo en cuenta que la auditoria que quería el PP no ha encontrado quien la escribiera). Y, en segundo lugar, más medios personales y materiales para que los informes de fiscalización de los partidos políticos sean mejores y más rápidos. Yo añadiría la redefinición de funciones, ya que hay procedimientos que tienen carencias importantes. La prueba mejor de lo que estoy diciendo es la nula participación del Tribunal de Cuentas en el impulso de algún fenómeno de lucha contra la corrupción y en que al mismo tiempo actúa como justificación de que la cuenta de cada partido están bien; lo que constituye un sinsentido. Algo parecido podría decirse de la Intervención General.

Acaso pueda resultar extraño citar entre los problemas de aplicación de la ley a los Tribunales de justicia cuando hay jueces que están impulsando los procedimientos contra los corruptos. Los problemas los sitúo en dos puntos muy distintos: por un lado, lo que se pueden denominar “ejemplos poco alentadores”. Lo ocurrido con el asunto de los trajes en Valencia, o lo ocurrido con la salida de Garzón del poder judicial como consecuencia de las escuchas del caso Gürtel reflejan la idea que quiero expresar. Aquí probablemente el problema estribe en la estructura social del Poder Judicial, y especialmente en cómo se eligen los jueces. El segundo tendría más fácil solución, aunque los recortes en la Justicia van en la dirección contraria: se trata de la cuestión de la carga de trabajo de los tribunales que tienen que se ve muy agravada por la dificultad que tiene el estudio de los casos de corrupción y que requeriría un importante apoyo de medios. En esta línea, podría ayudar la concentración en la Audiencia Nacional -por su capacitación y el tipo de asuntos de que conoce- de los asuntos de corrupción, aunque haga falta redefinir los efectos de los foros especiales que tienen algunas personas.

En definitiva, lo que estas líneas querían resaltar es dónde se ha de situar el problema de por qué no se ha evitado todo lo que estamos leyendo a diario en los periódicos. Unos medios insuficientes que demuestran una escasa cultura política y ciudadana contra la corrupción.

Artículo de Julio González García en eldiario.es 

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La Educación Prohibida Película Completa

La escuela ha cumplido ya más de 200 años de existencia y es aun considerada la principal forma de acceso a la educación. Hoy en día, la escuela y la educación son conceptos ampliamente discutidos en foros académicos, políticas públicas, instituciones educativas, medios de comunicación y espacios de la sociedad civil.Desde su origen, la institución escolar ha estado caracterizada por estructuras y prácticas que hoy se consideran mayormente obsoletas y anacrónicas. Decimos que no acompañan las necesidades del Siglo XXI. Su principal falencia se encuentra en un diseño que no considera la naturaleza del aprendizaje, la libertad de elección o la importancia que tienen el amor y los vínculos humanos en el desarrollo individual y colectivo.

A partir de estas reflexiones críticas han surgido, a lo largo de los años, propuestas y prácticas que pensaron y piensan la educación de una forma diferente. “La Educación Prohibida” es una película documental que propone recuperar muchas de ellas, explorar sus ideas y visibilizar aquellas experiencias que se han atrevido a cambiar las estructuras del modelo educativo de la escuela tradicional.

Más de 90 entrevistas a educadores, académicos, profesionales, autores, madres y padres; un recorrido por 8 países de Iberoamérica pasando por 45 experiencias educativas no convencionales; más de 25.000 seguidores en las redes sociales antes de su estreno y un total de 704 coproductores que participaron en su financiación colectiva, convirtieron a “La Educación Prohibida” en un fenómeno único. Un proyecto totalmente independiente de una magnitud inédita, que da cuenta de la necesidad latente del crecimiento y surgimiento de nuevas formas de educación.

Si quieres que la peli esté en tu idioma podes ayudarnos a través de nuestra plataforma de traducción colaborativa, escribenos un mail a: traducciones@educacionprohibida.org.

¿Es el capitalismo el único de los sistemas posibles?

El capitalismo es el único sistema serio, coherente, y factible. Esta falacia es esencial para la supervivencia del capitalismo. El día en que la mayoría de la gente deje de creer en el sistema actual y, lo que es más importante, crea que hay alternativas, ese día, el capitalismo tendrá los días contados. El pensamiento único es la armadura del sistema capitalista. A lo largo de la historia, el sistema económico-político ha cambiado mucho (por lo menos en las formas). Esto cualquiera que conozca mínimamente la historia lo sabe. El sistema capitalista no tiene más de cinco siglos, en el mejor de los casos, y en su forma moderna no más de tres siglos (un “instante” en la historia de la humanidad). De hecho, la humanidad ha sido capaz de vivir durante mucho más tiempo en base a sistemas más parecidos al comunismo o al anarquismo que al capitalismo. En muchas sociedades primitivas, por ejemplo, y esto es algo que aún hoy en día es posible observar en ciertas tribus que han permanecido aisladas hasta el presente, los medios de producción, la tierra, pertenecen al conjunto de la comunidad. Los frutos del trabajo de todos es disfrutado más o menos por todos. Los asuntos públicos se discuten en reuniones tribales donde la mayor parte de sus miembros (con la exclusión normalmente de las mujeres) opinan y deciden sin intermediarios. En dichas sociedades “primitivas”, la participación de los individuos es mayor que en la sociedad “moderna”, la democracia es más o menos directa. Si bien es cierto que esto parece difícil de aplicar a grandes grupos humanos, ¿por qué no puede aplicarse a grupos humanos pequeños que a su vez se coordinarían mediante federaciones? En la edad media, por ejemplo, las ciudades-comunas europeas se organizaban libremente respetándose unas a otras en base al principio federativo. La historia se puede silenciar o manipular, no cabe duda. Se podría analizar también aquí las experiencias llamadas “comunistas” o “anarquistas” de la historia reciente, pero esto cae fuera del alcance de este trabajo (remito al capítulo “Los errores de la izquierda” de mi libro “Rumbo a la democracia”). 

Propaganda anti-comunista
Simplemente decir que la URSS, a pesar de las indiscutibles barbaridades del estalinismo (1927-1953) , fue capaz de pasar en poco tiempo, de ser el país más atrasado de Europa a ser una superpotencia mundial. Fue capaz, a pesar de la revolución, de la guerra civil, de las guerras mundiales, de pasar de ser un país atrasado a ser una potencia espacial, hasta el punto de sobrepasar en los primeros años de la carrera espacial a los Estados Unidos de América y ser el primer país en mandar un objeto, un ser vivo y un ser humano al espacio. No ha habido en la historia semejante crecimiento económico tan intenso y tan rápido. El caso de la URSS es único. Esto debe hacernos reflexionar sobre si el sistema soviético era tan inviable como nos pueda parecer a primera vista, o como nos quieren hacer ver, a pesar de que el socialismo “real” careciera de una de las características básicas del concepto del socialismo, como es el control democrático de las fuerzas productivas. Alguien podría rebatir que la humanidad también ha sido capaz de hacer grandes gestas bajo sistemas deleznables (por ejemplo, la construcción de las grandes pirámides de Egipto, mucha gente sólo la explica mediante un sistema basado en la esclavitud, aunque también hay otras teorías que dicen que no fue así). Por esto, incluso aun admitiendo que los sistemas que existieron en el pasado reciente no son ejemplos a considerar (lo cual es muy discutible), de lo que no cabe duda, es que el sistema económicopolítico no ha sido siempre el mismo. Incluso aunque se tergiverse la historia, aunque se pueda interpretar ésta de distintas maneras, de lo que no cabe duda, es que el sistema a lo largo de la historia ha cambiado. 
De lo que no cabe duda tampoco es que ha habido intentos de cambio que han sido reprimidos y que siguen siendo reprimidos en el presente. Aquellos que proclaman que el sistema actual es el único posible, bien que se guardan de dar ninguna oportunidad a cualquier otro distinto. Por consiguiente, como demuestra la historia, si la sociedad ha cambiado tanto, ¿por qué no puede seguir cambiando? ¿Cómo puede afirmarse que el sistema actual es el único posible cuando el sistema siempre ha cambiado en el tiempo? ¿Es que la sociedad deja de cambiar en algún momento? ¿Es posible detener el tiempo, la evolución de la sociedad humana? 
Por otro lado, si según afirman los “apóstoles” del sistema actual, no hay alternativas, ¿por qué se empeñan tanto en silenciar las ideas distintas a las proclamadas por ellos? ¿Por qué no se enfrentan directa y abiertamente a otras ideas alternativas si tan seguros están de que éstas son inviables o poco serias? ¿Hay mejor manera de llegar a la verdad que contrastando entre versiones o ideas opuestas (y cuanto más opuestas mejor)? ¿Por qué no se ve en los grandes medios de comunicación debates entre personas que defiendan ideas radicalmente distintas? Suponiendo que un periodista pudiera actuar con plena libertad, suponiendo que no tuviera presiones de sus jefes, ¿no sería interesante traer a un programa de debate a gente de vez en cuando distinta (en vez de traer siempre a los mismos) que diga cosas realmente distintas para contrastarlas con las que se suele oír habitualmente? ¿Cómo puede saberse la verdad en un juicio si sólo puede oírse a una de las partes? ¿Cómo se puede saber que lo que preconizan en la televisión o los grandes medios es serio? ¿Cómo se puede saber que lo que se dice en dichos medios no es sólo lo “políticamente correcto”, lo que los jefes de los distintos medios dicen que hay que decir porque sus jefes (los grandes empresarios) les dicen lo que debe decirse o no? El problema con las ideas alternativas es que no tienen ninguna oportunidad de ser defendidas o contrastadas con las oficiales en los grandes medios porque dichas ideas ponen en cuestión el status quo fomentado y apoyado por dichos medios. Si no es así, ¿qué otra explicación lógica podemos encontrar a la ausencia de ideas alternativas en los grandes medios (ideas que sí abundan en la prensa alternativa en Internet)?  
No confundamos lo establecido con lo verdadero. Durante milenios se creyó que la verdad era que el único sistema “serio”, el único posible, era el basado en la esclavitud. Durante milenios, lo establecido decía que la Tierra era el centro del Universo. Conviene que aquellos que tienen fe ciega en los medios oficiales, se pregunten quiénes son los dueños de dichos medios y a qué intereses benefician. 
Lógicamente, los dueños de un medio, sus socios capitalistas, nunca propagarán opiniones o noticias que pudieran poner en peligro sus intereses. No es suficiente contrastar entre distintos medios oficiales porque todos ellos se basan en los mismos principios. Son empresas privadas o gubernamentales cuyo único criterio es el beneficio o el servicio a los intereses de sus amos, que deben responder ante sus socios capitalistas o ante los políticos que los controlan, que no pueden poner en cuestión el sistema del que forman parte y del que ellos son parte fundamental. Sin embargo, la prensa alternativa funciona de distinta manera porque muchas veces en ella colabora gente de forma desinteresada. La prensa alternativa es independiente, no depende del sistema, no depende del gobierno de turno, ni por supuesto está supeditada al poder económico o al mercado. Su lógica de funcionamiento es radicalmente distinta de la de la prensa oficial (en la mayoría de los casos, también hay prensa alternativa basura que responde a intereses partidistas). ¿No es evidente, por ejemplo, la falta de pluralidad en la televisión? ¿Por qué son tan parecidos los telediarios de las distintas cadenas de televisión? Ves uno y prácticamente los has visto todos. Por esto, fundamentalmente, se ha impuesto el “pensamiento único”. El control de los medios de comunicación por el poder económico, el verdadero poder en la sombra, es el instrumento fundamental para evitar recuestionar el sistema y evitar los cambios. Pero Internet está poco a poco rompiendo el monopolio de la información y de las ideas. 
Internet parece imparable, a pesar de que hay intentos de censurarlo, desprestigiarlo (acusando de teorías conspiratorias a todo lo que vaya contra el orden establecido) y controlarlo. Internet puede que sea la única esperanza para evitar el triunfo definitivo del pensamiento único. La verdadera manera de saber si las ideas son viables o no es llevándolas a la realidad para comprobar si lo que se propugna en la teoría funciona en la práctica. En eso se basa el método científico. En toda ciencia, la teoría debe ser contrastada con la práctica. Por consiguiente, hasta que no se intente llevar a la práctica las ideas, no se puede saber a ciencia cierta si las ideas propugnadas son viables o verídicas o serias. En ocasiones se pueden rebatir las ideas sin necesidad de llevarlas a la práctica, pero realmente la prueba del algodón de cualquier teoría es su puesta en práctica. 
Algunos ya advertían de los peligros del capitalismo cuando aún no había evolucionado tanto. Se podía dudar acerca de las críticas que vertía Marx sobre el capitalismo en el siglo XIX, si. Pero desgraciadamente, las críticas, las advertencias que hacía dicho filósofo-economista sobre el sistema que se ha impuesto, se han cumplido, se están cumpliendo. No ha habido nadie que haya analizado, hasta ahora, más a fondo al capitalismo que Marx. Que se haya equivocado en algunas de sus predicciones, no significa que se haya equivocado en todo. No es casualidad que, en momentos tan críticos para el capitalismo como el actual, renazca el interés por leer El Capital. El contraste y el enfrentamiento directo y libre de las ideas (es decir, en igualdad de condiciones) es imprescindible para llegar a alguna “verdad”. No puede afirmarse tan alegremente (como hacen algunos) que ciertas ideas no se consideran porque no son serias. La forma de saber si son serias o no, es, primero, conociéndolas, segundo, contrastándolas con las opuestas, y tercero, intentando llevarlas a la práctica. Es imprescindible que dichas ideas puedan ser, por lo menos, conocidas. Pero si no se difunden, Las falacias del capitalismo ¿cómo van a ser conocidas? Y por tanto, ¿cómo llevarlas a la realidad? La pescadilla que se muerde la cola. ¿Es serio el sistema actual? ¿Es serio un sistema donde unos pocos individuos acumulan tanta riqueza como países enteros? ¿Es capaz alguien de trabajar cientos (ni siquiera decenas) de veces lo que otros? Y si no es así, entonces, ¿por qué hay gente que gana miles de veces lo que otros? ¿Es serio que el trabajo de todos sea disfrutado sólo por unos pocos? ¿Es serio que una empresa que no tenga pérdidas pueda hacer despidos colectivos? ¿Es serio que alguien dependa de otros para subsistir? ¿Ocurría esto antes? Si antes la gente era capaz de ganarse la vida sin vender su fuerza de trabajo (como así fue más o menos casi siempre), ¿por qué ahora es casi imposible? ¿Es serio decir que no hay trabajo hasta el punto de que mucha gente se queda en el paro, mientras muchos de los que trabajan no tienen tiempo para sus asuntos personales, mientras las horas extras son habituales (y muchas veces no remuneradas)? ¿Es serio que al mismo tiempo que aumenta el paro (hasta proporciones alarmantes), que se extiende la congelación salarial (cuando no el impago de los salarios), se abogue desde las instancias de la economía oficial por que la gente tenga confianza en el sistema y consuma más o no deje de consumir? ¿Para analizar o descubrir dichos contrasentidos es necesario ser un “gurú”? ¿Es serio que se den ayudas multimillonarias a los bancos (que son los que han provocado la crisis con la complicidad y pasividad de los políticos), sin pedir cuentas por dicho dinero “prestado” (mejor dicho “regalado”), sin pedir garantías de que se use adecuadamente, y al mismo tiempo, no se aumente la cobertura de los más necesitados, de las víctimas de la crisis? ¿Es serio ayudar a los ricos con un dinero que en otras muchas cuestiones básicas nunca existe (se ha calculado, por ejemplo, que con la ayuda dada a los bancos por el gobierno USA podría erradicarse el hambre en el mundo) mientras se deja a los pobres, a los más necesitados, que se busquen la vida (o se les da “ayudas” claramente insuficientes, cuando no ridículas)? ¿No sería lo lógico primero proteger a los más débiles, a las víctimas? ¿Por qué hay dinero para los ricos y no para los pobres? 
¿Es lógico que las decisiones que afectan a la mayoría sean tomadas por minorías? ¿Tiene futuro un sistema basado en las injusticias, en las escandalosas desigualdades, un sistema cuya ley básica es la de la jungla, cuyo único principio es el beneficio a toda costa (a costa de las personas o del medioambiente)? ¿Tiene futuro un sistema cuyo destino está en pocas manos? ¿Tiene sentido un sistema que atenta contra el más elemental sentido común, contra la lógica más básica? ¿Tiene futuro el sinsentido? ¿Tiene futuro un sistema a todas luces irracional? ¿Es serio empeñarse en defender ciegamente un sistema que cada vez muestra más síntomas de su inviabilidad? ¿Es serio cerrarse a otras ideas que lo replanteen? ¿Es serio el dogmatismo (de cualquier signo)? A la vista de todo lo anterior, ¿no podemos concluir, como decía Bertolt Brecht, que el capitalismo, que tanto demoniza la palabra radical para blindarse ideológicamente, es él mismo radical? ¿No atenta radicalmente contra la inteligencia y la ética? ¿No atenta radicalmente contra la humanidad? 
En el capitalismo, el dinero pasa de ser un medio a ser un fin en sí mismo. El capital se transforma en la principal mercancía. La especulación se convierte en el motor de la economía. La economía se vuelve artificial. El sector financiero predomina. Los bancos son los verdaderos dueños de la economía. La financiarización de la economía es inevitable. Las burbujas especulativas son la norma. La cultura del pelotazo sustituye a la cultura del esfuerzo. El robo adopta formas cada vez más sofisticadas y sutiles, cada vez más difíciles de detectar. La ingeniería financiera se convierte en la “carrera” de moda. 
Tras periodos de grandes beneficios surgen repentinamente e “inexplicablemente” las bancarrotas. Los casos de corrupción se disparan. Las crisis cíclicas son parte del sistema. Son cada vez más intensas y frecuentes. El sistema necesita regenerarse con frecuencia. El capital, tras cada crisis, se fortalece y las personas normales se debilitan. Lo único que parece amenazar al sistema es la cada vez mayor resistencia de ciertos colectivos de personas. Las intensas contradicciones del sistema económico provocan intensas contradicciones sociales. La resistencia anticapitalista aumenta al mismo tiempo que la opresión capitalista. El sistema procura evitar crear grandes masas de personas desesperadas que pudieran rebelarse contra el mismo. El sistema procura autolimitarse para sobrevivir. Pero el monstruo es cada vez más difícil de controlarse a sí mismo. La amenaza de la hecatombe es cada vez mayor. El castillo de naipes puede desmoronarse por cualquier lado. El sistema es cada vez menos seguro, menos estable. El motor del capitalismo es el insaciable afán de lucro. Es la necesidad de aumentar a toda costa el beneficio, a costa de las personas o del medio ambiente. El capitalista está preso de su avaricia, de su inconformismo respecto al dinero. Cuanto más tiene, más quiere. Cuanto más gana, más quiere ganar. Cualquier persona que se convierta en capitalista se arriesga a caer en esa dinámica imparable. El capitalismo, si no se le restringe, no tiene límites. Sólo se autorestringe para vitar que sus excesos le pongan en peligro (y a veces, ni siquiera, basta considerar el ejemplo de la reciente crisis). Es una droga que está llevando al abismo a la humanidad. 
Para el capitalismo, como su propio nombre indica, lo único importante es el capital, ya ni siquiera la calidad de los productos o de los servicios, ni por supuesto las necesidades reales de los consumidores. Las necesidades de los consumidores se crean incluso artificialmente porque la economía no está al servicio del consumidor. Es el consumidor el que está al servicio de la economía. El trabajo está también al servicio del capital. El trabajo es el medio de reproducir capital en vez de ser el medio por el que las personas se ganan la vida. Las personas, los trabajadores, son sólo recursos, están al servicio del capital. En el capitalismo TODO está al servicio del capital. Incluso la salud de las personas. La industria farmacéutica juega con la salud de las personas con tal de obtener más beneficios. No se producen medicinas para curar viejas enfermedades que afectan a países del Tercer Mundo porque no son rentables. Se empastilla masivamente a la población sin importar las consecuencias. Las personas mayores se hacen dependientes de cada vez más medicamentos. Se disparan los casos de muertes provocadas por los efectos secundarios de algunos medicamentos que no son suficientemente probados porque los organismos que los deben controlar no son independientes. Incluso se crean enfermedades nuevas, se inventan enfermedades. Se exageran reacciones naturales que antes nadie consideraba como enfermedad. Por ejemplo, la lógica tristeza de la vuelta al trabajo cuando se acaban las vacaciones ahora es el síndrome post-vacacional. Según indica Teresa Forcades i Vila en su libro Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas, supuestos organismos independientes (en realidad pagados por empresas farmacéuticas) estipulan que cierto porcentaje de la población está enferma cuando realmente no lo está. ¿Quién no ha tenido la sensación de que el médico al que acude le receta algo innecesario o incluso contraproducente? ¿Quién no ha vivido la escena de un médico que rápidamente se pone a recetar sin ni siquiera esperar a que el supuesto enfermo le explique lo que le pasa? ¿Quién no ha sufrido alguna vez los efectos secundarios de algún medicamento, efectos casi peores que la dolencia combatida? ¿No es famoso el refrán que dice que muchas veces es peor el remedio que la enfermedad? ¿No se ha tachado muchas veces a los médicos como “matasanos”? Incluso, ya se está hablando del abuso de los medicamentos, de la ineficacia de ciertas vacunas, de la resistencia de ciertas bacterias a las medicinas. Ésta es una característica típica del capitalismo, inventar necesidades que aumenten artificialmente el consumo. 
En el capitalismo, todo está (cada vez más) en venta. La salud es una mercancía. La cultura se mercantiliza. Los derechos de autor sustituyen al libre intercambio de ideas (afortunadamente Internet contrarresta esta tendencia). La felicidad se compra en los centros comerciales (las “mecas” de la nueva sociedad de consumo). La dignidad se convierte en un bien escaso. La guerra es el negocio más lucrativo. Las muertes de personas son efectos colaterales. Al negocio de destruir le sucede el negocio de la reconstrucción. El plan Marshall es el paradigma del crecimiento capitalista. La desesperación de seres humanos, una oportunidad de negocio. 
No es de extrañar que los bancos, la industria militar y la industria farmacéutica sean los motores de la economía capitalista. El capital, la muerte y las personas son las principales mercancías. En la dinámica capitalista, siempre se requiere aumentar los márgenes, ya sea aumentando las ventas o los precios, ya sea disminuyendo los costes, ya sea ncluso las dos cosas a la vez. La competencia manda. O te adaptas continuamente o no sobrevives. No ha lugar para humanismos. El capitalista que no es agresivo y que no sigue a rajatabla la ineludible lógica del capitalismo, ucumbe tardo o pronto. El capitalista más agresivo es el que sobrevive. El pez grande y más agresivo se come al chico. Por el principio del darwinismo social, las peores tendencias del ser humano se van imponiendo sobre las mejores. El capitalismo amplifica y realimenta las peores características del ser humano. Se nutre del egoísmo, de la ambición desmedida, de la avaricia. 
La solidaridad no es rentable. La competencia sustituye a la colaboración. Sacrosanta palabra la competencia. En nombre de ella todo lo demás es irrelevante. El triunfo es idolatrado. Lo que importa es ganar, no participar. En la sociedad de la imagen, ésta lo es todo. En la sociedad de la publicidad, lo importante es saber venderse. La persona se vuelve un comercial. El ciudadano un actor continuo. La sociedad un gran escenario teatral. La belleza física se convierte en una obsesión. El culto al cuerpo en religión. La posesión de mercancías en el paradigma de la felicidad. Lo importante es aparentar. La superficialidad se impone. La felicidad se vende ante los demás. Infelicidad interior disfrazada de satisfacción cara al exterior. El fracaso está mal visto. La soledad se abre paso. Curiosa sociedad ésta, por un lado masificada, por otro lado aislada. Sociedad superpoblada de solitarios. La malicia y la picaresca, imprescindibles en el currículum de todo triunfador que se precie. El sistema depredador vuelve al individuo depredador. La imaginación para inventar nuevas formas de depredación no tiene límites. Se acosa al trabajador para que se dé de baja o se vaya de la empresa, se le provoca para que cometa un error que justifique un despido disciplinario que salga gratis, se le aísla de sus compañeros, se le tortura obligándole a pasar la jornada laboral completa sin hacer nada. La psicología, la nueva área de investigación en el departamento de “Recursos humanos”. Se acosa al inquilino que resiste y no quiere vender. La voracidad de las grandes constructoras es insaciable. El mobbing, la nueva moda. El stress, en consecuencia, la nueva plaga. La empresa, el epicentro de la guerra social. La rumorología, la permanente incertidumbre, la amenaza sutil y latente, el miedo administrado en pequeñas dosis diarias, las nuevas armas de destrucción mental masiva. La desmotivación, a la orden del día. No hay futuro laboral, algo que todo trabajador va asumiendo a medida que adquiere experiencia, no hay futuro ecológico, algo de lo que la naturaleza nos pasa factura de forma cada vez más intensa y frecuente. El capitalismo quema todos los recursos. Su filosofía es usar y tirar. El proclamado reciclaje ecológico, pura demagogia. Sin duda, el capitalismo empeora al conjunto de la humanidad. No es de extrañar que, con el tiempo, las injusticias y las desigualdades aumenten. No es de extrañar que las adolescentes se vuelvan anoréxicas. No es de extrañar que la fama enloquezca a los que tienen la dudosa fortuna de caer presa de sus garras. No es de extrañar que se disparen los suicidios de los que no soportan el fracaso. No es de extrañar que la agresividad contenida se desboque en violencia doméstica o infantil. No es de extrañar que se disparen los casos de niños que, imitando lo que ven alrededor, “incomprensiblemente”, jueguen a la caza mayor humana. No es de extrañar que en sociedades especialmente agresivas, donde el capitalismo es especialmente duro, se disparen los casos de enloquecidos que la toman a tiros contra todo ser viviente que se cruce por su camino. No es de extrañar que el stress afecte a niños de cada vez menor edad. Los padres no sólo se obsesionan con su triunfo sino que también con el de sus hijos. Niños que cada vez son menos niños. Niños envejecidos casi desde que nacen. Niños que crecen prematuramente. A los niños del Tercer Mundo se les roba la infancia porque tienen que trabajar en edad de jugar, y a los niños del llamado Primer Mundo se les hace mayores porque se les hace jugar a ser mayores, se les prepara desde temprano a ser consumidores, a cumplir su papel en la sociedad. Cachorros del sistema que, en el peor de los casos, usan la esvástica nazi como símbolo de su equivocada rebeldía. Rebeldía de la juventud redirigida contra los enemigos del sistema, en defensa del sistema. Rebeldía domesticada y reconducida hacia ellos mismos. Juventud domesticada que sólo aspira al botellón. Juventud más conservadora que sus padres. Las calles se convierten en el hogar de ex-ejecutivos agresivos. En el capitalismo, de la noche a la mañana, uno puede pasar de ser un “triunfador” a ser un vagabundo. Si uno tiene hipotecada su casa y repentinamente se queda sin empleo, es muy probable, si no dispone de cierta cobertura familiar (ésta se ha convertido casi en el único “seguro” contra los peligros del sistema), acabar durmiendo en la calle. 
Cada vez más difícil no sucumbir ante la presión constante que ejerce el sistema. No sólo el capitalista sucumbe a la endiablada lógica del capitalismo, también el consumidor. Todas las personas están sometidas a su lógica, quieran o no. El capitalismo fomenta el consumismo infinito, la insatisfacción permanente. Cuando ya tienes un coche, quieres otro mejor o más grande, otro para tu mujer, otro para tus hijos. Ya ni siquiera esperas a que tu coche envejezca para cambiarlo. Simplemente te “cansas” de él. Si ya tienes una casa decente y pagada, aspiras a una más grande, con lo cual te vuelves a endeudar. Si ya has acabado de amueblar tu casa, te da por redecorarla. Antes de sacar partido a tu nueva cámara digital, antes de saberla usar, te encaprichas con otra nueva que acaba de salir porque tiene unas prestaciones que realmente no necesitas ni vas a emplear y que a veces ni siquiera comprendes realmente. Poco a poco, vas coleccionando un montón de cacharros que no te da ni tiempo de utilizar, hasta que te hartas y para hacer sitio te desprendes de ellos, eso sí procurando reciclar. No llegas a final de es, pero a la mínima de cambio, te desprendes de objetos seminuevos que no sabes muy bien porqué compraste en su día. El ahorro se convierte en una ilusión. Te endeudas cada vez más, y en consecuencia, te sometes cada vez más en el trabajo, justo lo que quiere el sistema. Eres lo que consumes. Cuanto más tienes, más vales. Cuanto más tienes, más quieres. Si no consumes, no te sientes realizado. Si no consumes no estás bien visto por los demás. Si no estás a la última, a la moda, eres ridiculizado por los zombis que te rodean. Para integrarte socialmente, sucumbes ante la sociedad de consumo. 
Para poder comprar más y más, te vendes más y más……La sociedad capitalista es la sociedad de la alienación del individuo. La proclamada libertad individual es en realidad la coerción individual. El individuo, normalmente, no es explícitamente reprimido porque lo es implícitamente. No es necesario reprimirlo desde el exterior porque él mismo se auto-reprime, en la mayor parte de los casos. El capitalismo representa el más sutil e inteligente totalitarismo inventado hasta la fecha. Es cada vez más difícil no sucumbir ante semejante dictadura social porque ello requiere mucha rebeldía y ésta intenta ser anulada por el sistema. No hay nada peor visto por la mayoría de tus conciudadanos que ser un rebelde radical, un “antisistema”, un inadaptado. Se requiere un alto grado de independencia y de rebeldía para pasar del qué dirán, para romper la dinámica de la anulación del individuo. Así pues, cada vez es más habitual ver desamparados en la calle. “Locos” que hablan consigo mismo, desesperados que se desahogan con los viandantes que se encuentran con ellos, por lo menos hasta que ya no les queda energía ni para eso, ni siquiera para pedir limosna. O te adaptas al sistema o éste te echa sin contemplaciones. La libertad se convierte cada vez más en una utopía inalcanzable. Para poder sobrevivir, aunque lo aborrezcas, tienes que prostituirte un mínimo, procurando que el sistema no te cambie demasiado. Te arriesgas a volverte loco porque tienes que estar en permanente lucha entre una parte de ti que sabe que cuanto más cedes, más deberás ceder aún, más dejas de ser tú mismo, y otra parte de ti que te dice que cómo no cedas, acabas en la calle. El corazón está en permanente lucha con la cabeza. Incluso parte de tu cerebro está en conflicto con la otra parte.
En fin, un sistema loco que vuelve loco al individuo y al conjunto de la sociedad. ¿Quién puede extrañarse de que la ansiedad, la depresión, las enfermedades mentales, la violencia, la delincuencia, se conviertan en el pan nuestro de cada día? ¿Quién puede extrañarse de que una parte desesperada y desesperanzada de la juventud aproveche las celebraciones deportivas (por otro lado, desproporcionadas, la sociedad está ansiosa de celebraciones, de evadirse de la cruda realidad) para destrozar el mobiliario urbano? ¿Quién puede extrañarse de que mucha gente recurra a las pastillas, al alcohol, a las drogas para llevar el día a día? En Un mundo feliz de Aldous Huxley, la población toma masivamente la droga proporcionada por las autoridades llamada soma, para combatir la melancolía, la tristeza, la monotonía de una existencia alienada, para crear una falsa sensación de felicidad. ¿No estamos, paso a paso, tendiendo hacia un mundo feliz? ¿El soma de nuestros días no es el fútbol? ¿Realmente estamos sólo en crisis económica? ¿No podemos afirmar que el capitalismo es en sí mismo una crisis de la humanidad? ¿No podemos decir que la crisis es también moral, social, humana? ¿El capitalismo no condena a la humanidad a estar en permanente crisis?

La Sociología es comprensiva

La sociología comprensiva se basa en el explicado anteriormente, ya que combina el hecho de que es una ciencia empírica y subjetiva, pero a la vez se puede explicar relacionando los patrones del comportamiento humano y de la persona frente a la sociedad. Aunque la sociología comprensiva tiene sus principios en la naturaleza psíquica y racional del humano, no tiene relación directa con la ciencia de la psicología. No quiere decir que no la tenga en cuenta, simplemente que su estudio se centra en el actuar humano y en las consecuencias, no tanto en la reflexión y el funcionamiento del pensamiento.

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Webber dice que mediante la actuación de un individuo toda la estructura social que lo rodea se ve afectada. Existe la individualidad, pero como todos los estudios sociológicos, se basa en la subjetividad. Todo acto humano tiene un fin, aunque el individuo que la ejecuta no sea completamente consciente de ello, ya sea por rutina o porque simplemente no tiene registro y razón de su forma de pensar y actuar, y no relaciona eso con la sociedad en la que vive. Igualmente, las personas externas que influyen en el haber del actor social principal, tienen una finalidad diferente que podría ser el fin último del acto social, como la influencia que tienen los padres sobre los hijos. En el momento en que el individuo se hace consciente de su actuar y las reacciones que provoca este, pasa a ser parte móvil de la sociedad y adquiere un poder especial sobre el entorno que le rodea, ya que es muy diferente cuando se tiene pleno conocimiento de lo que se hace a cuando realmente se cumple la finalidad pero sin conciencia alguna, aunque este tiene validez ante la sociología.

La sociología comprensiva en relación con la ciencia jurídica sitúa a ésta como algo “objetivo”, igualmente basado en consensos empíricos de la sociedad. Es decir, el derecho manifiesta las normas que la sociedad debe seguir para formar parte de un sistema y, idealmente, mantener la armonía y cooperación buscando fines de interés común, pero estas reglas se basan en el patrón que mencionaba el principio. Un patrón que sigue el individuo por el simple hecho de encontrarse en el entorno en el que vive. Las personas que participan del sistema jurídico evalúan la situación y conflictos sociales propensos a suceder, toda la ley se basa en supuestos empíricos. Cada ley es creada para regular el comportamiento social, individual y en masas, para seguir los fines ideales en conjunto, es claro que este es el ideal de lo que debe ser, ya que la realidad es muy diferente.

La teoría también habla de un actuar de la comunidad, no refiriéndose a acciones en conjunto, sino a acciones que se realizan por muchos individuos pero sin la conciencia plena del fin ni la conciencia de pertenencia a el grupo social. Son acciones o hechos sociales que ya tenemos instaurados en la actuación de nuestra vida diaria, simplemente por rutina y porque así crecemos.

Es algo no extraño en nuestro entorno, muy común y, que llega a un fin para la sociedad sin que ésta misma lo busque. Hay otra manera de actuar en conjunto: la actuación social. Esta manera de actuar del individuo se refiere a cuando no se actúa sólo por instinto o por costumbre, sino que en este aspecto ciertamente hay una conciencia en buscar un fin por sí mismo y para la sociedad a la que pertenece . Actuar en consenso es una tercera forma de presentar los hechos sociales ocasionados por un individuo. Es parecido a actuar en comunidad, pero está consciente del fin para acepta y adopta la conducta. Esto no quiere decir ser solidario con los individuos de la sociedad, sino que es por convencimiento particular sin tener en cuenta lo que pueda suceder alrededor y las consecuencias que este acto pueda causar por alguien ajeno a la persona.

Al momento de organizar y clasificar una sociedad existen las instituciones y los grupos. Ambos están conformados por individuos que buscan fines en común y adquieren conciencia de su actuar y sus consecuencias. La diferencia es que un grupo es meramente social y, aunque hay normas que lo rigen, no se encuentra reconocido bajo los altos mandos de derecho y no hay leyes ni rangos que describan con exactitud cómo se conforma y cómo se debe regir. Una institución es un grupo legalizado que el derecho reconoce, y que tiene parámetros casi exactos donde se puede describir perfectamente como está conformado y cómo actúa para conseguir el fin para el que fue hecha. Igualmente, la finalidad está legalizado y registrado, también como una forma de control para no desviar su propósito y cumplir la finalidad para el que fue creado. Un grupo sería actuar en consenso, mientras una institución actúa en sociedad. 

Fuente: es.paperblog.com

Sistema electoral español: de votos a escaños por Sandra Robles

En los últimos meses se ha hablado mucho del sistema electoral español y de cuáles son los componentes que más influyen en la desproporcionalidad del mismo. Especial atención se ha prestado a la fórmula mediante la que se hace el reparto de escaños propiamente dicho; el método de d’Hondt. Sin intención de ser un análisis ni una explicación exhaustiva, realizaré una breve descripción del sistema electoral español.

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Para comenzar es importante saber qué es un sistema electoral, bien, explicado sencillamente podemos decir que es el procedimiento por el que los votos que los ciudadanos depositan en las urnas se transforman en escaños que, los partidos políticos votados por esos ciudadanos, ocuparán en la cámara u órgano a elegir.

Para Northen, autor que diferencia entre definición en sentido estricto del sistema electoral y definición en sentido amplio, ésta sería una definición en sentido estricto, ya que se limita únicamente al proceso que comienza una vez depositados los votos en las urnas y finaliza una vez se han repartido los escaños. Por otro lado, la definición en sentido amplio, es la que abarca todo el proceso que va desde que se convoca la elección hasta que se reparten los escaños.

Aquí nos vamos a quedar con la definición en sentido estricto, por lo que se van a señalar cinco componentes del sistema electoral:

1. El distrito o circunscripción electoral
2. La barrera electoral
3. La fórmula electoral
4. El tamaño de la asamblea
5. La estructura del voto

Estos cinco componentes van a influirse unos a otros por lo que, el cambio en uno de ellos, afectará a todo el sistema electoral. Entre ellos, los componentes que más impacto tienen son la magnitud del distrito, la barrera y la fórmula.

¿Qué ocurre desde que una persona introduce su voto en la urna hasta que quedan repartidos los escaños?

Primero centrémonos un poco en el voto, en la estructura del voto que depende de si en el momento de la elección, en el momento de votar, se nos permite elegir personas dentro de los partidos para que éstas ocupen escaños o no, de si podemos elegir el orden o, por el contrario, si debemos limitarnos a votar a una lista, dada previamente, “tal y como está”. En el caso de las elecciones para el Congreso español las listas son cerradas y bloqueadas, es decir, se vota a una lista de candidatos/as sin poder alterar el orden en el que aparecen ni elegir entre ellos/as.

Para convertir esos votos en escaños, en primer lugar, hay que tener en cuenta que no todas las candidaturas que hayan recibido votos entran en la repartición de los escaños. En este punto es necesario hablar de la barrera o umbral electoral; el umbral a partir del cual los partidos o candidaturas ya no pueden participar en este reparto. Explicándolo de otra manera, es el mínimo de votos que han de lograrse para participar en la distribución de escaños. En el caso español es necesario obtener un 3% de los votos válidos en la circunscripción. Tal y como podemos comprobar en el artículo163.1 a) de la Ley Electoral: “No se tienen en cuenta aquellas candidaturas que no hubieran obtenido, al menos, el 3 por 100 de los votos válidos emitidos en la circunscripción“. Recordemos que los votos válidos son el total de los votos depositados menos los votos que han sido considerados nulos (también se incluyen los votos en blanco en los válidos). Esta sería la barrera legal.

Por ejemplo, tomemos de las últimas elecciones generales el caso de Madrid:

El total de votos válidos fue de 3.373.805 votos, tomando esta cifra calculamos el 3%, lo que nos da 101.214 votos, es decir, un partido político o candidatura tuvo que obtener más de 101.214 votos en  Madrid para poder participar en el reparto de los escaños.

Cuando se habla de barrera efectiva se está haciendo referencia al porcentaje de votos mínimo que se necesita para lograr el primer escaño.

El hecho de que el ámbito de aplicación del umbral sea la circunscripción perjudica a los partidos menores y que tienen el apoyo electoral disperso. 

Una vez que tenemos los partidos que han superado esa barrera legal, hay que repartir los escaños pero, para eso, en necesario saber cuántos escaños se repartirán en cada una de las circunscripciones.

El tamaño de la asamblea nos ayudará, en el caso español, con esta tarea. Se trata del segundo elemento más importante del sistema electoral y hace referencia al número de escaños o cargos que componen la cámara. En el caso del Congreso de los Diputados, por ejemplo, estaríamos hablando de los 350 Diputados que lo componen.

Del tamaño de la asamblea podemos decir que cuanto mayor es el número de escaños más proporcional es el sistema electoral. Como ya se ha señalado, en el caso del Congreso español nos encontramos que está compuesto por 350 Diputados; artículo 162.1: “El Congreso está formado por trescientos cincuenta Diputados“. Para lograr una mayor proporcionalidad podría aumentarse esa cifra hasta el máximo permitido por la Constitución, que son 400 diputados, tal y como se señala en el artículo 68.1: “El Congreso se compone de un mínimo de trescientos y un máximo de cuatrocientos Diputados (…)”.

Sabiendo el total de escaños que hay que repartirse, 350, veamos cómo se decide cuántos en cada circunscripción. He mencionado este concepto anteriormente, pero no lo he definido, vamos a ello; el distrito o circunscripción electoral es el conjunto de electores o base territorial a partir de la cual se realiza la asignación y distribución de los escaños. Esta delimitación se puede hacer o bien tomando una demarcación que ya existe, como por ejemplo las provincias, o bien creando demarcaciones electorales específicas. En el caso español, la circunscripción viene determinada en la Constitución, artículo 68.2: “La circunscripción electoral es la provincia”.

En cuanto a la Ley Electoral, es en el Capítulo III referente al sistema electoral donde encontramos los detalles. En el artículo 161.1: “Para la elección de Diputados y Senadores, cada provincia constituirá una circunscripción electoral. Asimismo, las ciudades de Ceuta y Melilla serán consideradas, cada una de ellas, como circunscripciones electorales“.

Por lo tanto, ya tenemos la circunscripción, en el caso español se toma como límites demarcaciones ya existentes; las provincias, mientras que en el caso de Ceuta y Melilla son consideradas un distrito electoral en sí mismas.

Ahora, teniendo en cuenta que en el caso español se toma como circunscripciones demarcaciones ya existentes, la cuestión a analizar es cuántos diputados se seleccionan en cada circunscripción y cómo se toma esa decisión. Introducimos antes la explicación de un nuevo concepto, la de prorrateo electoral.

El prorrateo electoral hace referencia al modo en que se asigna que número de escaños van a repartirse en cada distrito. Para tomar esta decisión se tiene en cuenta la población ya que se establece una relación entre el número de habitantes o electores de un distrito y el número de escaños que se van a elegir en el mismo. El modo de hacerlo viene señalado en el artículo 162 de la Ley Electoral:

“2. A cada provincia le corresponde un mínimo inicial de dos Diputados. Las poblaciones de Ceuta y Melilla están representadas cada una de ellas por un Diputado.

3. Los doscientos cuarenta y ocho Diputados restantes se distribuyen entre las provincias en proporción a su población, conforme al siguiente procedimiento:

a) Se obtiene una cuota de reparto resultante de dividir por doscientos cuarenta y ocho la cifra total de la población de derecho de las provincias peninsulares e insulares.

b) Se adjudican a cada provincia tantos Diputados como resulten, en números enteros, de dividir la población de derecho provincial por la cuota de reparto.

c) Los Diputados restantes se distribuyen asignando uno a cada una de las provincias cuyo cociente, obtenido conforme al apartado anterior, tenga una fracción decimal mayor”.

A través de este procedimiento obtenemos la magnitud del distrito; el número de escaños que se van a repartir en cada circunscripción electoral. La magnitud es uno de los elementos claves del sistema, cuanto más grande es esta magnitud, más proporcional es. Estamos ante el componente más potente del sistema electoral.

Finalmente, una vez que sabemos cuantos escaños han de repartirse en cada una de las circunscripciones, tenemos los resultados electorales y los partidos que han superado la barrera legal, se lleva a cabo la asignación de los escaños. Esto se lleva a cabo a través de la fórmula electoral. En el caso de España se utiliza el método d’Hondt. Esta fórmula la podemos clasificar dentro de la familia de las fórmulas proporcionales, y dentro de ésta, en las llamadas “de medias más altas”, siendo la más desproporcional de todas las proporcionales.

Recordemos que se reparten a través de la fórmula d’Hondt 248 escaños (ver artículo 162.2). El procedimiento viene señalado en la Ley Electoral en el artículo 163, aunque en él no se mencione que se hace a través de esta fórmula, sí que describe el procedimiento:

“b) Se ordenan de mayor a menor, en una columna, las cifras de votos obtenidos por las restantes candidaturas.

c) Se divide el número de votos obtenidos por cada candidatura por 1, 2, 3, etcétera, hasta un número igual al de escaños correspondientes a la circunscripción, formándose un cuadro similar al que aparece en el ejemplo practico. Los escaños se atribuyen a las candidaturas que obtengan los cocientes mayores en el cuadro, atendiendo a un orden decreciente.

Ejemplo práctico: 480.000 votos válidos emitidos en una circunscripción que elija ocho Diputados. Votación repartida entre seis candidaturas:

A(168.000 votos) B(104.000) C(72.000) D(64.000) E(40.000) F(32.000)

Por consiguiente: la candidatura A obtiene cuatro escaños. La candidatura B dos escaños y las candidaturas C y D un escaño cada una.

d) Cuando en la relación de cocientes coincidan dos correspondientes a distintas candidaturas, el escaño se atribuirá a la que mayor número total de votos hubiese obtenido. Si hubiera dos candidaturas con igual número total de votos, el primer empate se resolverá por sorteo y los sucesivos de forma alternativa.

e) Los escaños correspondientes a cada candidatura se adjudican a los candidatos incluidos en ella, por el orden de colocación en que aparezcan.

2. En las circunscripciones de Ceuta y Melilla será proclamado electo el candidato que mayor número de votos hubiese obtenido”.

A grandes rasgos, así es nuestro sistema electoral. No se trata de una explicación profunda pero espero que al menos haya servido para aclarar algo cómo se transforman los votos en escaños en España.

Artículo de Sandra Robles, visto y recopilado de su blog: sociedadsiglo21.wordpress.com

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REFERENCIAS

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