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La crisis de la socialdemocracia: ¿qué crisis? por Ignacio Urquizu

Ignacio Urquizu, profesor de sociología en la Universidad Complutense y colaborador de eldiario.es, publica en la Editorial Catarata, el libro ‘La crisis de la socialdemocracia: ¿qué crisis?’. Esta es la introducción del libro.

Es difícil saber en qué momento se comenzó a hablar en los últimos años sobre la crisis de la socialdemocracia. Para algunos, el punto de partida es la publicación del libro de Tony Judt, Algo va mal, que recoge una conferencia pronunciada por el autor en 2009. Este ensayo ha tenido un gran impacto en el debate público actual. En cada una de sus páginas denuncia los modelos social, económico y político que nos han llevado a la situación que vivimos estos días. Al final del texto invita a las actuales generaciones a luchar por aquellos ideales que siempre habían iluminado a la socialdemocracia. Se trata, por lo tanto, de recuperar unos valores que la izquierda parece haber perdido.
Otros, en cambio, situarán el punto de partida de la supuesta crisis de la izquierda en las elecciones europeas de 2009. Los resultados electorales pusieron de manifiesto que la socialdemocracia tenía un problema. No solo el Partido Popular Europeo superó en 14 puntos porcentuales y 103 escaños al Partido Socialista Europeo, sino que además “de los nueve Gobiernos progresistas, ocho sufrieron una derrota en las urnas –88,9 por ciento–, mientras que entre los 18 conservadores solo cinco [fueron] superados por la oposición –27,7 por ciento– “(Urquizu, 2009: 55). Por lo tanto, la derrota electoral sufrida por la izquierda europea fue muy dura.
Sea cual sea el punto de partida de este debate, lo cierto es que en los últimos años la crisis de la socialdemocracia se ha convertido en un argumento muy repetido en numerosos foros. Pero si echamos la vista atrás, la verdad es que no es la primera vez que se habla de ella. De hecho, si hay una constante a lo largo de la historia de la izquierda, es su capacidad para hacerse autocríticas muy severas.
En 1875, en el Congreso de Gotha, la Asociación General de Trabajadores alemanes, dirigidos por Ferdinand Lassalle, se unió con los marxistas del Partido Obrero Socialdemócrata, creando el Partido Obrero Socialista de Alemania. Una vez que Karl Marx tuvo conocimiento de los principios ideológicos acordados, se dirigió de esta forma a sus compañeros: “tengo el deber de no reconocer, ni siquiera mediante el silencio diplomático, un programa que es, en mi convicción, absolutamente inadmisible y desmoralizador para el partido” (Marx y Engels, 2004: 21). Engels no tenía mejores palabras para sus compañeros.
En una carta dirigida a August Bebel decía: “habría que criticar casi cada palabra de este programa, redactado además sin jugo ni brío. Hasta tal punto que, caso de ser aprobado, Marx y yo jamás podríamos militar en el nuevo partido erigido sobre esta base y tendríamos que meditar seriamente qué actitud habríamos de adoptar frente a él, incluso públicamente [...] yo estoy convencido de que la unión hecha sobre esta base no durará ni un año” (Marx y Engles, 2004: 52-53). Si se revisa la correspondencia de Marx y Engels en aquellos años, se observa la dureza con la que se critican los programas ideológicos de la socialdemocracia alemana. Hay un argumento que se repite constantemente en sus textos: el principal partido de la clase obrera que hay en esos momentos en Europa ha abandonado la idea original del marxismo.
Años más tarde, en 1916, Rosa Luxemburgo escribe un ensayo que lleva por nombre La crisis de la socialdemocracia. ¿Qué origina esta crisis para la autora? El 4 de agosto de 1914 el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) aprueba los créditos especiales para la Primera Guerra Mundial. Para los defensores de los principios fundadores de la izquierda, esta decisión era una traición: se abandonaba el internacionalismo del movimiento obrero, dando prioridad a los intereses nacionales de la burguesía. Rosa Luxemburgo lo resumía así:
“Hasta en las cuestiones de la lucha contra el militarismo y la guerra siempre era decisiva la opinión de la socialdemocracia alemana. “Para nosotros, alemanes, esto es inaceptable”, esto bastaba, por lo general, para determinar la orientación de la Internacional [...] ¿Y qué presenciamos en Alemania cuando llegó la gran prueba histórica? La caída más profunda, del desmoronamiento más gigantesco. En ninguna parte la organización del proletariado se ha puesto tan completamente al servicio del imperialismo, en ninguna parte se soporta con menos oposición el estado de sitio, en ninguna parte está la prensa tan amordazada, la opinión pública tan sofocada y la lucha de clases, económica y política de la clase obrera, tan abandonada como en Alemania” (Rosa Luxemburgo, 2006: 10-11).
Pero no es necesario remontarse a tiempos tan lejanos para encontrar continuos debates sobre por qué la izquierda abandona sus principios fundacionales. En 1979, los laboristas británicos abandonaron el Gobierno tras el invierno del descontento. Las bases de apoyo de la izquierda británica cuestionaban duramente la política económica seguida por el ejecutivo laborista de James Callaghan, convocando numerosas huelgas. El resultado fue la victoria conservadora de Margaret Thatcher y 18 años de oposición. La izquierda británica recuperó el poder en 1997 de la mano de Tony Blair.
Por aquellas fechas, una suerte parecida corrió el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). La dimisión de Helmut Schmidt en 1982 fue recibida por parte de su partido con alivio. Las políticas de ajuste que tuvo que adoptar el producto del enorme aumento del déficit no fueron bien recibidas por una parte del SPD. De nuevo, el resultado final fue 16 años de oposición y la vuelta al Gobierno bajo el liderazgo de Gerhard Schröder.
En ambos casos, las travesías en el desierto se interpretaron como la oportunidad de recuperar las esencias del socialismo. Pero, paradójicamente, tanto laboristas británicos como socialdemócratas alemanes acabaron en brazos de dos proyectos políticos de escaso contenido ideológico: la Tercera Vía y el Nuevo Centro.
En definitiva, cuando uno echa la mirada atrás, observa en la historia de la izquierda un continuo debate sobre la recuperación de las esencias y la renovación de las ideas. Hay ocasiones en las que a esta discusión se le llama crisis, pero no deja de ser un debate ideológico. Es decir, si algo define a los principios programáticos de la socialdemocracia es su capacidad de adaptarse a las circunstancias. Para algunos, esta adaptación era una traición, para otros, una modernización. Pero, al margen de opiniones y valoraciones, nos podemos preguntar: ¿por qué la izquierda cambia? O ¿por qué hay diferencias entre los distintos partidos socialdemócratas? Quizá, si entendemos el cambio de las ideas, podamos huir de algunos conceptos como crisis o refundación.
El objetivo de este libro es analizar estas cuestiones. Para ello, se estudiará cómo la izquierda ha cambiado sus propuestas programáticas a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, prestando especial atención a los factores que explican estos cambios. Pero este texto se aleja completamente de dos enfoques muy frecuentes en la literatura: una visión normativa y la perspectiva histórica. En cambio, se abordará la principal cuestión del libro desde la teoría política positiva.
Los textos normativos hacen especial énfasis en cómo debería ser el mundo, estableciendo juicios de valor. Por su lado, las obras históricas abordan el relato de los acontecimientos, sin entrar a construir teorías que los expliquen. La teoría política positiva, en cambio, estudia un acontecimiento prestando especial atención a las decisiones de sus protagonistas dentro de un marco institucional (Alt y Shepsle, 1990). Por lo tanto, en las explicaciones que se elaboren en esta obra habrá dos partes fundamentes: los actores y las instituciones.
Esto no significa que los acontecimientos históricos no sean relevantes. De hecho, la presentación de datos que corroboren muchas de las ideas que aquí se desarrollarán, será fundamental. Pero es una visión distinta a muchos de los trabajos que podemos encontrar sobre socialdemocracia.
La estructura del libro es la siguiente. En el primer capítulo, analizaré la evolución ideológica de la izquierda en su conjunto, prestando atención a su moderación a lo largo de los años. Partiendo de los trabajos ya existentes, veremos dos cosas. Por un lado, hasta qué punto es cierto que la izquierda es más moderada que hace 60 años y, por otro, qué factores explican este viaje hacia el centro ideológico.
El capítulo siguiente se centrará en su dimensión más económica. Cómo ha cambiado el programa económico de la socialdemocracia y qué explica estos cambios serán algunas de las cuestiones que se analizarán. Y, finalmente, el capítulo tercero responderá a preguntas muy similares, pero en este caso relacionados con el Estado del bienestar.
En definitiva, se trata de abordar la evolución programática de la izquierda tanto desde una visión muy general como desde dos de sus cuestiones más relevantes: las propuestas económicas y su visión del bienestar. Seguramente, algún lector eche de menos otras materias relevantes de la socialdemocracia, como pueden ser sus propuestas sobre la democracia o sobre las relaciones internacionales. Puesto que uno de los objetivos prioritarios es poder realizar un análisis empírico de la evolución ideológica de la izquierda, los datos que aquí se van a utilizar, lamentablemente, no incluyen indicadores sobre estas cuestiones. Por ello, se queda para trabajos posteriores analizar este tipo de cuestiones.
Artículo publicado en eldiario.es el 13 de octubre. Ignacio Urquizu

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¿Qué es la Demografia?

Es el estudio interdisciplinario de las poblaciones humanas. La demografía trata de las características sociales de la población y de su desarrollo a través del tiempo. Los datos demográficos se refieren, entre otros, al análisis de la población por edades, situación familiar, grupos étnicos, actividades económicas y estado civil; las modificaciones de la población, nacimientos, matrimonios y fallecimientos; esperanza de vida, estadísticas sobre migraciones, sus efectos sociales y económicos; grado de delincuencia; niveles de educación y otras estadísticas económicas y sociales.

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La demografía se encarga de tres partes fundamentales:

1. La medición: Cuantificación de eventos poblacionales.
2. La explicación: Análisis de causas de los efectos.
3. Fenomenología: Explicación de las variables.

El Estudio del tamaño de la población:
Un ejemplo de una de las técnicas de medición demográfico es el análisis de la población, la ecuación fundamental de la población es:

Ecuación Fundamental de la Población que podemos escribir de diversas maneras: 

Población Final = Población Inicial + Nacimientos – Defunciones + Inmigración – Emigración

Población Final = Población Inicial + Crecimiento Natural ó Vegetativo + Migración Neta 

Crecimiento de la Población = Nacimientos – Defunciones + Migración Neta 

La ciencia de la demografía no se limita a la medición sino que incluye necesariamente la interpretación y análisis de los datos, las proyecciones y previsiones sobre la base de supuestos que incluyen variables no demográficas. Sin embargo la demografía estadística es el punto de partida del análisis de la población en el que se trata de medir con precisión las magnitudes demográficas. 

El concepto de fecundidad se refiere al número medio de hijos que tienen las mujeres. Para medirlo con precisión es necesario delimitar con precisión la variable que queremos medir ya que la cifra que la exprese será muy distinta según consideremos a todas las mujeres que viven en un momento determinado en un país, o sólo a las mujeres fértiles, eliminando las que mueren antes de alcanzar la edad fértil. Podremos estimar también tasas de fecundidad por edades o tasa de fecundidad de cohortes.

Las tasas de natalidad y mortalidad son el resultado de dividir el número de nacimientos o defunciones por la población total. Normalmente se expresan en tantos por mil y por año. La diferencia entre las tasas de natalidad y de mortalidad indica el crecimiento natural o vegetativo.

El crecimiento demográfico mide el aumento, en un período específico, del número de personas que viven en un país o una región. La tasa de crecimiento demográfico depende, además de la tasa de natalidad y de la tasa de mortalidad, de los movimientos migratorios. La tasa de natalidad depende a su vez de la tasa de fecundidad. La tasa de fecundidad está influida por muchos factores pero el principal es el nivel cultural de la sociedad y especialmente de las mujeres: a mayor cultura, menor número de hijos se tiene. La tasa de mortalidad depende del grado de desarrollo económico y sanitario. 

La longevidad es la duración de la vida de una persona. Se mide mediante el concepto de esperanza de vida. La esperanza de vida de un tipo de persona es la media de la duración de la vida de ese tipo de personas. Así, la esperanza de vida al nacer en España en 1900 es la media del número de años que vivieron los españoles nacidos ese año. También podemos calcular la esperanza de vida a los 75 años en 1963: cuánto tiempo sobrevivieron de media las personas que ese año tenían una edad de 75. 

Los índices demográficos se suelen referir a las cohortes, el conjunto de personas nacidas en un período determinado. Una forma muy habitual de representar gráficamente el tamaño de diferentes cohortes en un momento determinado es la pirámide de población. El análisis longitudinal de las cohortes y las comparaciones entre cohortes son también muy ilustrativas de la dinámica de población.

Enlaces usados:

- http://www.eumed.net ”Demografía”;

- Enciclopedia Microsoft® Encarta.

Visto en

¿Qué diría Keynes ante la crisis económica actual?

“Nos puedo ver como arañas de agua, agraciadamente ojeando, tan brillantes y razonables como el aire, la superficie de la corriente sin ningún contacto con los remolinos y las corrientes de la profundidad”. Así fue como John Maynard Keynes recordaba en 1938 a sus amigos y a sí mismo, que juntos habían presenciado los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial, en el Grupo de Bloomsbury.

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El influyente economista de Cambridge ha sido una de las figuras claves en los debates que se han generado después del golpe económico de 2007-2008. Keynes era un ingeniero social que planteó usar el poder del gobierno para sacar a la economía de la devastadora depresión de los años ’30.

Así es como los discípulos de Keynes lo ven ahora. El culto de la austeridad, advierten, olvidó el aporte más importante de Keynes: recortar el gasto del gobierno cuando el crédito es escaso solo hunde la economía en una recesión más profunda. Lo que se necesita ahora, creen, es lo que Keynes instó en los años ’30: los gobiernos deben estar dispuestos a pedir más dinero prestado, imprimir más billetes e invertir en obras públicas con el fin de reactivar el crecimiento.

Pero, ¿sería Keynes lo que hoy se describe como un keynesiano? ¿Creería esta sutil y sumamente escéptica mente que formuló esas políticas hace mucho tiempo, y que funcionaron en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, que aún podrían resolver nuestros problemas ahora?

Más allá de la economía

Lo primero que debe decirse sobre John Maynard Keynes es que era un hombre extraordinariamente inteligente.

John Maynard Keynes (1883-1946) se educó en Eton y Cambridge, donde estudió matemáticas. Íntimamente familiarizado con la historia del pensamiento económico y ampliamente leído en muchos campos, Keynes tuvo una profundidad de la cultura que muy pocos economistas podrían reclamar hoy. Su brillante inteligencia no se ejerció sólo en el ámbito de la teoría. Keynes fue un inversionista de notable éxito, que perdió mucho en la crisis de 1929, cambió sus métodos de inversión y de recuperar sus pérdidas y dejó una fortuna personal considerable.

Sin embargo, Keynes no nació con este conocimiento. Fue influenciado por el filósofo de Cambridge George Edward Moore, que pensaba que las únicas cosas que tenían valor en sí mismas eran el amor, la belleza y la búsqueda del conocimiento. Algunos de los más audaces discípulos de Moore -Keynes era uno de ellos- se aventuraron a sugerir que el placer debe ser perseguido, aunque Moore, que era algo así como un puritano, no compartía nada de esto. A pesar de estos desacuerdos, la de Moore fue una filosofía liberadora para Keynes y sus amigos.

El mercado sirve al ser humano, no al revés

Keynes consideraba su filosofía como completamente racional y científica. Se armó contra la idolatría del mercado, al que calificó como “el gusano que había estado royendo las entrañas de la civilización moderna… la sobrevaloración del criterio económico”.

Identificar los productos que se pueden agregar en un cálculo económico con el bienestar social era para Keynes -el joven y el anciano- un error fundamental. El mercado se hizo para servir a los seres humanos, y no los seres humanos para servir al mercado.

Fuente: globedia.com

¿Qué es un hombre?: intelectuales y psicoanalistas analizan la nueva virilidad

Intelectuales como Georges Vigarello, Jean-Jacques Courtine y Alain Corbin aseguran que la virilidad es un “atributo” en decadencia. La pregunta freudiana ¿qué quiere una mujer? parece haber cambiado por ¿qué es un hombre? Algunas reflexiones de psicoanalistas y del escritor francés Philippe Sollers al respecto.

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En 1998, el sociólogo Pierre Bourdieu escribió una frase lapidaria: “La virilidad, entendida como capacidad reproductiva, sexual y social pero también como aptitud para el combate y el ejercicio de la violencia es, ante todo, un peso”. Sin caer en una sociología “feminista” que elogia la empatía, la capacidad de emprendimiento y la autonomía económica y formación intelectual de las mujeres, es cierto que el peso específico de los hombres en la dirección de la cultura contemporánea ya no tambalea sino que cayó por su propio peso. Los efectos son múltiples (y siempre singulares) aunque ciertas correlaciones destacan –entre los antiguos amos– un aumento de las depresiones, poca resistencia para soportar la equivalencia o la prescindencia, así como el disparatado protagonismo que tienen en los episodios de violencia de género, cada vez más habituales, en los países industrializados y en los otros.

La psicoanalista (y codirectora de la revista Registros, cuyo último número está dedicado a los hombres), Gabriela Grinbaum, es clara: “Lo vemos, es fenoménico. Los hombres hoy corren a las mujeres del espejo para mirarse ellos. ¿Qué pasó? Cuando nos encontrábamos en el régimen del Nombre del Padre, cuando el Otro contaba con una consistencia tal que no requería de la multiplicidad de identificaciones para responder a la pregunta ¿qué es un hombre?, la cosa era más clara. Hoy los medios dictaminan líneas identificatorias. Estamos en la “hipermodernidad”, como dijo Jacques-Alain Miller tomando a (Gilles) Lipovetsky. La igualdad laboral, incluso el dominio de las mujeres en las empresas, en el mundo, las mujeres presidentas, todo eso modificó el lazo entre unos y otras. Hay algo amenazador para muchos hombres que se enfrentan con estas mujeres, “las nuevas patronas”, como las bautizó Ernesto Sinatra. Estas mujeres que intimidan a los hombres invitándolos a sus departamentos, a tener sexo… Es un rasgo de la época. En ese sentido, existe una cierta inversión: el hombre es tomado como objeto sexual. Y muchos no lo soportan”.

Carlos Gustavo Motta, psicoanalista y docente arriesga que “la época cambia. Sabemos que el significante Nombre del Padre se encuentra devaluado y eso, traducido a lo cotidiano, muestra la dificultad del hombre por insertarse en la dimensión simbólica. Hasta el superhéroe muestra sus estigmas cuando declara, como Linterna Verde, que es gay. Y en el film de Steve McQueen, ‘Shame’, el protagonista sólo confiesa sus debilidades y muestra su fuerza en la cama, hasta que se enamora y este afecto, cual kriptonita para Superman, lo vuelve impotente”.

También psicoanalista, Adriana Rubistein constata algunos “problemas” que obsesionan a los hombres contemporáneos: “Se podría hablar de una virilidad en el plano identificatorio, en donde cada época ofrece una combinación simbólico-imaginaria de los atributos masculinos. Pero no puede confundirse la virilidad sólo con eso y mucho menos confundir la virilidad con el machismo, que de hecho funciona como una impostura. Tener que demostrar que se es muy macho hace sospechar una fragilidad de la virilidad. La virilidad en un plano más real pone en juego el problema de cómo un hombre se las arregla con el otro sexo partiendo del hecho de que ‘no hay nada escrito sobre la relación sexual’, que hay un imposible, que es necesario inventar. La relación del hombre con el falo, con el objeto y con el Otro sexo permite entender las distintas soluciones que pueden encontrarse. Para acercarse a una mujer es necesario que el hombre apueste, juegue su castración, y esta época se caracteriza por un rechazo de la castración que afecta la posición viril (del hombre) y su relación con las mujeres. Pero es una época en que también hay una caída del Nombre del Padre, una pluralización y una pérdida de las referencias que hacían que la virilidad pudiera sostenerse. La virilidad, en esta perspectiva, está ligada al Nombre del Padre, y su crisis da lugar a una feminización. ¿Qué vemos? Que los hombres parecen haber perdido los sostenes imaginario-simbólicos que les aseguraban virilidad, que pierden la iniciativa frente al encuentro sexual y esperan que las mujeres lo hagan por ellos”.

Y Motta insiste: “Presenciamos el auge de lo que Lacan llamó ‘la ética del soltero’, de la que el propio Kant prescribió la exclusión de la mujer, estrategia de erradicación de lo femenino y acrecentamiento del concepto Uno (ese que atraviesa el Seminario ‘…o peor’): una mujer es Otra para un hombre. Un hombre, en su encuentro con una mujer, la pone a trabajar de lo Uno, sea por su propia soledad, ya que lo Uno no se anuda con nada de lo que parezca el Otro sexual”. El ejemplo ayuda: “Una nota en Clarín, del 24 de junio de 2012, responde en parte a este interrogante: la ola del autismo (y no de aquel que los laboratorios medicinales recomiendan medicalizar) se instala en  las llamadas Silent Sounds, fiestas silenciosas que son top en Nueva York y amenazan su aterrizaje por estas tierras ajenas a su folklore, a su música popular, a su tango. Fiestas donde cada uno tiene su auricular y baila con otro, quizás no sabiendo cuál es la armonía de su compañero. En el ambiente no se escucha música. Y por otro lado, aquello que era marginal y oprobioso ya no lo es. La homosexualidad se ha puesto a la par que la heterosexualidad: la bisexualidad se enuncia para aquellos que aún no han decidido mantener relaciones con su mismo sexo de manera franca. Las prácticas SM tienen sus boliches particulares, así como los swingers gozan de sus intercambios sin mencionar otras prácticas sexuales privadas o públicas compartidas, sectorizadas, aprobadas sólo por algunos en clubes de categoría, como muestra Kubrick enOjos bien cerrados, basada en la novela de Arthur Schnitzler”.

Rubistein da otro paso: “En esta época, efectivamente, todos parecen ‘más libres’, cada uno goza a su manera, pero es tiempo de grandes soledades. El goce auto-erótico, el paso de un partenaire a otro, supuestamente un triunfo de la libertad, es engañoso, deja expuestos a hombres y mujeres a un goce peligroso. El matrimonio, con todos sus embrollos, da un marco de estabilización y acotamiento del goce que cuando no funciona produce angustia, propia de este momento, igual que las soledades del Uno a las que estamos expuestos”.

¿El buey solo bien se lame? No está tan claro. En Shame, Brandon, el protagonista, un puritano que no puede evitar los imperativos que lo empujan por más sexo y nada de amor, es uno de los ejemplos actuales de la “ética del soltero” que Lacan supo definir cuando habló del escritor Henri de Montherlant en 1974.

Lo explica Grinbaum: “Lacan se refirió en Televisión a la ética del soltero para referirse al goce solitario, al goce idiota de la masturbación. Es cierto que hoy es más fácil satisfacer la pulsión sin tener que pasar por el partenaire sexual. Hay una oferta cibernética a ese nivel: la cosa marcha sin demasiado esfuerzo. Y es bien cierto que el hombre se las arregla solo mucho mejor que la mujer. Se las arregla con su órgano. En la actualidad vemos más hombres solos que conviven con un zapping de relaciones esporádicas pero también están aquellos que buscan el matrimonio. Es el hombre el que retrocede. Está turbado, se feminiza, empujado por las mujeres. Pero eso no responde a la pregunta por la virilidad. La virilidad, como dice Graciela Brodsky, no es la imaginaria de la barba o la campera de cuero. La verdadera virilidad implica creer que una mujer puede revelarle algo al hombre que le es absolutamente desconocido”.

Sobre la soledad, tiene sus dudas: “Yo no estoy segura que la diversificación de la oferta sexual acentúe la soledad. La soledad de la que en general hablan las mujeres, la sufren, se quejan, la sufren en relación al amor. Esto –creo– no sólo tiene que ver con su actual devaluación, aunque el amor contemporáneo consuena con la liquidez, como dice Zygmunt Bauman. Y cuando finalmente se asoma, la rapidez con la que se va está de la mano con la velocidad de la época”.

Rubistein es más clásica: “Lacan no habla del soltero como una categoría clínica, habla de una ética del soltero encarnada por Montherlant, uno de cuyos libros se titula, justamente,Los solteros, y es de 1934. Pero él se caracterizaba por su rechazo de lo femenino. Era homosexual y pedófilo. Su alegría era no haberse casado”.

Entonces, ¿cómo entender que Lacan hable de ética?

“Bueno, frente al exilio de los sexos, frente a la no inscripción de la relación sexual, cada uno encuentra o inventa algún modo de relación o no con el Otro. El soltero decide no casarse, es una ética. Pero más allá de su estado civil, la ética del soltero es el goce del idiota, el goce masturbatorio, el predominio de un goce auto-erótico. En el seminario 17 Lacan toma la frase de (Marcel) Duchamp, ‘el soltero se hace sólo el chocolate’. Hay un rechazo de lo Otro”.

Y ¿qué diferencia puede encontrarse entre el soltero de aquella época y el de ésta?

“Quizá no haya una respuesta única. Pero es posible que entones el Nombre del Padre marcara de manera más clara ciertos caminos. Ahora, con la caída del Nombre del Padre y el predominio del Uno, del Uno solo, se alienta el autoerotismo. Y muchos hombres disfrutan del goce fálico eludiendo la relación amorosa, que requiere un paso al cuerpo del Otro que el goce auto-erótico rechaza. Las adicciones están en la misma dirección: eludir el encuentro con el otro sexo. Pero el tema no es unívoco, las posiciones entre los sexos presentan singularidades. No conviene generalizar sino  localizar la singularidad, la modalidad de goce”.

“Es cierto”, dice Motta, “el psicoanálisis tiene una respuesta singular, y la época actual la escabulle por falta de tiempo, de dinero, excusas que como señala Freud son mojigaterías que implican alejarse del compromiso con la palabra y que pueden neutralizar la percepción de la manera que cada uno es afectado por la soledad. En el horizonte se encuentra el interrogante: algo que es un embrollo pero que encierra la angustia de no saber hacer”.

Debora Rabinovich, codirectora, con Grinbaum, de Registros, dice no saber si la virilidad, pero “sí que los hombres han entrado en una época en la que parecen tomados por los semblantes femeninos”; y también que “el matrimonio fundado en el amor es un derecho que la época ha otorgado, y esto se extiende a la diversificación de parejas posibles, tanto hetero como homosexuales”. Pero siempre hay un pero: “Ni esta posibilidad, ni las múltiples ofertas sexuales, pueden suplir el agujero que existe por estructura, aquello que Lacan nombró diciendo ‘no hay relación sexual’”.

Philippe Sollers es ese escritor que parece saberlo casi todo de las mujeres. Así se llama uno de sus libros, Mujeres. Y desde hace años sostiene que el mundo está en manos femeninas. “Yo escribo Les zóms… no quiere decir nada, porque hay de todos los tipos, en cada continente. Es una abstracción, no podemos hablar de los hombres en general. Hay que hablar de tal o cual hombre en particular. Y no es necesario abundar. Para ser preciso, el tema de la sexualidad masculina no anda bien. Esto es porque ha sido despojada de su función reproductora, al menos en los países occidentales desarrollados. Despojada por la técnica. En ese sentido, las mujeres fueron despojadas de otra forma, pero todavía conservan el privilegio del embarazo. Nos estamos acercando al útero artificial. Si se está en el mundo occidental, el privilegio de ser el agente de la reproducción ya no es el mismo. ¿Qué es un hombre? Es un portador de reserva espermática. Es una reserva de esperma”, dice sin dudar quien fuera íntimo amigo de Jaques Lacan y hoy lo es de su yerno, Miller.

Sólo eso, y con suerte. Lo que resta es un personaje un tanto patético, atado a sus componentes de tribu, identitarios, básicos, sin funciones económicas, políticas o sexuales clave (todo eso puede reemplazarse); con la excepción, quizá, de cierto dandismo un tanto anacrónico, como el héroe de los récords, la inteligencia anormal, cierto estilo de femineidad animal o el monje que de vuelta al tabernáculo prescinde de otra compañía que no sea la del tiempo, el espacio y los animales, tal cual sucede en el último Don DeLillo.

Fuente: revistaeni.clarin.com

rumbo buena

¿Qué es el suicidio? y ¿Por qué somos tan propensos a ello en los países “desarrollados”?

Mucha gente cree que es una simple llamada de atención, y desde luego no se dan cuenta lo afortunados que son cuando ese ser querido les informa con intentos de sus pensamientos; porque un 40% no avisa y de ese 40% muchas veces son personas sociales. Y cuando parecen que son llamadas de atención, nunca lo tomen como un juego, porque la linea que separa el intento de la muerte, es muy fina.

En España desde hace más de 10 años tenemos más muertes por suicidio que accidentes de coche, cada año más de 3.000 personas se suicidan en España, curiosamente el gobierno presta más atención a lo segundo y se gasta mucho más en prevenirlo. Y es que el silencio y la tendencia de las familias a ocultar los casos, ayudan a que no se hable de ello lo suficiente y apenas nadie le preste atención.

Pero… ¿Cual es su motivo?- “Cuando alguién tiene más miedo a la vida que a la muerte, el suicidio es su solución”

esto explica esta frase explica casi todos los tipos de suicidio; tanto los religiosos donde aparecen los suicidas-bomba; como los más comunes y que nos pueden llegar a avergonzar tanto cuando tenemos un caso cercano…
Un ejemplo muy común sucede cuando a alguien le importa mucho la opinión que tiene el resto sobre ellos; si tienen una mala opinión, les puede dar más miedo incluso que la propia muerte, es decir, ser rechazado socialmente, ya sea por familia o donde estudias/trabajas.

Desde luego está claro que si eres capaz de tener tanto miedo, es que le das demasiada importancia a ello… y los padres, la educación y televisión tienen bastante que ver en esto, porque son lo que obligan a los hijos de esa sociedad a sentirse mal si no cuadran con la sociedad misma; mismamente se registra una gran cantidad de suicidio cuando no cumplen el prototipo de vida que les muestran en el colegio, y sus padres en vez de comprenderles, les presionan más aun para que sigan ese camino puesto que no son capaces de ver otros validos para ellos; al final ese joven siente tanto miedo al ver que cada vez es empujado a algo que le produce tanta agonía porque no forma parte de él,  tanta indefensión y desesperanza, que su única salida al ver que no tiene apoyo de ninguna clase, es el suicidio.

Y este es sólo el caso de algunos tipos de suicidio en los jóvenes, pero, se puede apreciar esa presión en padres o madres de familia, gente con trabajos que no desean, inválidos que sienten que son una carga para el resto, personas que se quedan aisladas… Es un producto claro de la actual des-humanización que se esta llevando a cabo; en el que se carga sistemáticamente a todos aquellos que no son capaces de seguir su sistema; la gran mayoría de los suicidios son asesinatos del capitalismo-globalismo.

Fuente: mundodespierta.com

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