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Huelga de Sexo en Togo para protestar contra su presidente Gnassingbé

Organizaciones civiles de Togo llaman a emprender una huelga sexual con el fin de que los hombres del país se involucren más en la política y obliguen la salida del presidente Faure Gnassingbé, hijo del hombre que gobernó la nación africana por 38 años.

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Gnassingbé es presidente de Togo desde el 5 de mayo de 2005, puesto al que arribó con el apoyo del ejército luego de la muerte de su padre, Gnassingbé Eyadéma, quien ocupó el mismo cargo desde 1967. Luego de convocar a elecciones, Gnassingbé resultó triunfador en un proceso que muchos consideraron polémico y el que hubo incidentes violentos y algunas muertes. Más tarde, en 2010, otro proceso electoral le concedió la relección.

Ante esta situación, la coalición “Salvemos Togo”, integrada por nueve grupos de la sociedad civil y siete partidos y movimientos políticos de oposición, convocaron a acciones de resistencia para conseguir que Gnassingbé y el resto de sus familiares dejen el poder.

“El sexo podría ser un arma de batalla para alcanzar el cambio político”, declaró Isabelle Ameganvi, una de las líderes de la oposición. “Tenemos muchas maneras de obligar a los hombres a entender lo que las mujeres quieren en Togo”, agregó.

La huelga comenzó el sábado pasado, y tiene como objetivo recovar las reformas hechas recientemente a las leyes electores que, a decir de los opositores, facilitarán la victoria del partido de Gnassingbe en las elecciones parlamentarias que se realizarán en octubre próximo.

Asimismo, se espera que con esta abstinencia obligada los hombres se involucren mucho más en la vida política del país.

Esta singular forma de protesta ya aparece en el clásico griego “Lisístrata” escrito por Aristófanes hace más de 2.400 años. La ateniense Lisístrata, harta de la interminable guerra del Peloponeso, convence a las mujeres de Grecia de que no mantengan relaciones sexuales con los hombres hasta que se firme la paz. Atenienses y espartanos, desesperados por las privaciones impuestas, reúnen a sus delegados y encuentran rápidamente la manera de reconciliarse.

El éxito de estas acciones no es sólo asunto de obras de ficción. La huelga de sexo protagonizada por las mujeres de Liberia en 2003 fue clave para acabar con una guerra civil que dejó más de 50.000 muertos en el país africano. Bajo el lema “sin paz no hay sexo”, la activista Leymah Gbowee organizó el movimiento de mujeres que terminó supervisando las negociaciones de paz. Gbowee fue galardonada con el Nobel de la Paz en 2011 y Liberia se convirtió en el primer país africano que eligió a una mujer como presidenta del gobierno.

Campañas similares han tenido mucho éxito en ColombiaFilipinas o Kenia. En estos tiempos de Twitter, Facebook y Google, la imaginación y el ingenio son factores determinantes en la visibilidad pública de una protesta social.

No puedo terminar esta entrada sin incluir algunos pasajes de la comedia de Aristófanes. Unas buenas carcajadas para comenzar la semana:

LISÍSTRATA. Mujeres, si vamos a obligar a los hombres a hacer la paz, tenemos que abstenernos de la verga. 

CLEONICE. Yo no puedo hacerlo: que siga la guerra.

MÍRRINA. Ni yo tampoco, por Zeus: que siga la guerra.

LISÍSTRATA. Y, ¿tú eres la que dices eso, rodaballo? ¡Si hace un momento decías que te dejarías cortar por la mitad!

CLEONICE. Otra cosa, cualquier otra cosa que quieras. Incluso, si hace falta, estoy dispuesta a andar por fuego. Eso antes que la verga, que no hay nada comparable, Lisístrata, guapa.

LISÍSTRATA. Jodidísima ralea nuestra, toda entera. No sin razón las tragedias se hacen a costa nuestra, pues no somos nada más que follar y parir.

[…]

Nuestra heroína termina convenciendo a las mujeres y hace que presten este juramento:

LISÍSTRATA. Vosotras declararéis esto bajo juramento de acuerdo conmigo y lo mantendréis firmemente: «Ningún hombre, ni amante, ni marido»…

CLEONICE. «Ningún hombre, ni amante, ni marido»…

LISÍSTRATA…. «se acercará a mí descapullado». Dilo.

CLEONICE. … «se acercará a mí descapullado». ¡Ay, ay!, se me debilitan las rodillas, Lisístrata.

LISÍSTRATA. «En casa pasaré el tiempo sin mi toro»

CLEONICE. «En casa pasaré el tiempo sin mi toro»…

LISÍSTRATA…. «con mi vestido azafranado y muy bien arreglada»…

CLEONICE. … «con mi vestido azafranado y muy bien arreglada»…

LISÍSTRATA…. «para que mi marido se ponga al rojo vivo»…

CLEONICE. … «para que mi marido se ponga al rojo vivo»…

[…]

Cinesias, unos de los guerreros atenienses, nos confiesa el sufrimiento que padece:

CINESIAS. ¡Ay de mí, desdichado, qué convulsiones me dan, y qué rigidez!

[…]

Pero las mujeres mantienen su determinación:

EL CORIFEO. Cuenta que yo, de odiar a las mujeres, no voy a parar nunca.

LA CORIFEO. Bueno, cuando tú quieras. Pero lo que es ahora no voy a consentir que estés así, desnudo. Que mira que estás para caerse de risa.

[…]

Los embajadores de Atenas y Esparta se reúnen de urgencia y firman la paz. Prítanis canta aliviado:

Agreste cazadora, ven aquí, divinal doncella,
por nuestro acuerdo de paz,
para que nos mantengas unidos largo tiempo.
Que ahora y para siempre la amistad sea fecunda
gracias a nuestro pacto.

[…]

Han pasado 25 siglos desde que se escribió este texto.

Unión de dos notícias:

- Mujeres en togo llaman a huelga sexual para derrocar al presidente gnassingbe

Huelga de sexo

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Eric Schmidt predice una sociedad dividida en castas tecnológicas

El presidente ejecutivo de Google ha compartido en el Mobile World Congress su visión sobre el futuro. Según Eric Schmidt las sociedades se dividirán entre tres estratos, y lo harán en función del uso que hagan de la tecnología. Existirá una élite, “hiper-conectada” a la Red y asistida por robots, una clase media y una mayoría con acceso limitado a Internet.

Eric Schmidt ha hablado en el Mobile World Congress de cómo ve el futuro. El planteamiento del que ha sido CEO de Google durante 10 años, hasta abril de 2011, y ahora es su presidente ejecutivo entra en el ámbito social, mediatizado éste totalmente por la tecnología.

Schmidt cree que la sociedad del futuro en nuestro planeta se dividirá en tres estratos, según recoge SiliconFilter. La pertenencia a uno u otro estará definida por el uso que se hace de la tecnología y el acceso que se tiene a ella.

Tres estratos definidos por la tecnología

Unos pocos privilegiados serán los “hiper-conectados”, quienes dispondrán de acceso a redes de conexión de alta velocidad y una potencia de procesamiento ilimitada. Estos medios estarán presentes en la mayoría de las grandes ciudades. Las posibilidades de esta élite tecnológica sólo estarán limitadas por lo que la tecnología puede hacer.

Este grupo será asistido por robots, hasta el punto de poder estar en dos sitios al mismo tiempo, mediante hologramas en 3D, tal y como señalan desde VentureBeat. Los coches autopilotados, con los que Google ya está experimentando, reducirán los accidentes y la Red será como electricidad, estará en todas partes y los integrantes de este estrato estarán tan acostumbrados que ni siquiera notarán que está ahí.

Un segundo grupo utilizará tecnología más barata para su trabajo y vida cotidiana, pero seguirá disponiendo de herramientas efectivas. Constituirán la clase media del futuro, según Schmidt, y podrán utilizar los avances técnicos para cambiar el mundo. En este grupo se incluirían los desarrolladores, a quienes calificó de “ingenieros de la libertad humana”.

Después de resaltar que programar es “algo más que construir programas”, Schmidt también apuntó el papel de los consumidores en este grupo de clase media. Ellos apoyarán las creaciones de los primeros y defenderán los principios de la Red.

Por último el presidente ejecutivo de Google se fijó en el tercer grupo, el que estaría menos favorecido. Éste provendría de esos 5.000 millones de personas que en estos momentos no tienen acceso a Internet. Constituirán una “mayoría que aspira” a subir de escalón social. Dispondrán de un acceso limitado Internet, con proliferación de redes locales, la forma más barata de procurar una conexión.

¿Utopía o distopía?

El mensaje de Schmidt fue positivo. Una de las reflexiones que planteó el presidente ejecutivo de Google fue: “Pensad en lo fascinante que es la web hoy en día con sólo 2.000 millones de personas”. Si es así con 2.000 millones, sumando los 5.000 millones de habitantes del planeta restantes el espacio sería mucho más enriquecedor.

Sin embargo, la división que ha vaticinado recuerda al planteamiento de algunasnovelas distópicas o antiutópicas, en las que los avances del ser humano no son tales sino que contribuyen a magnificar las desigualdades existentes. No suele ser habitual que las predecciones que hace alguien que pertenece al mundo de la tecnología entren en tantos detalles de carácter social.

Estamos acostumbrados a escuchar alabanzas sobre los avances de las máquinas, las posibilidades de interconexión o la robótica. Ejemplo de ello son las predicciones del prestigioso doctor en física teórica de la Universidad de Nueva YorkMichiu Kaku, que se centra en tecnologías concretas, así como un vídeo que lanzó Microsoft recientemente, donde presentaba un escenario futurista e higiénico, mediatizado por la técnica.

Eric Schmidt ha entrado, en cambio, en el terreno de la composición social. Según el presidente ejecutivo de Google la tecnología está llamada a influir tanto en la construcción de la sociedad del futuro que su acceso determinará la posición de cada individuo. Esto tiene claras similitudes con un argumento propio del género de la distopía, que por lo general consiste en llevar al extremo uno de los rasgos de nuestra civilización, que es recibido por la población con los brazos abiertos.

Fuente: ticbeat.com

Islandia juzgará por fraude a la directiva de un banco rescatado en 2008

La cúpula directiva del banco islandés Kaupthing Bank, que tuvo que ser rescatado por el Gobierno en 2008 en medio del colapso del sistema financiero del país, incluyendo al presidente y al consejero delegado de la entidad, se sentarán en el banquillo de los acusados tras haber sido acusados formalmente de fraude y manipulación por la Fiscalía Especial de Islandia, en el marco de sus investigaciones sobre el colapso de la banca islandesa en 2008.

Así, Hreidar Mar Sigurdsson, antiguo consejero delegado del banco, y Sigurdur Einarsson, que desempeñaba el cargo de presidente, habrían recibido sendas notificaciones por parte de la Fiscalía para que comparezcan ante el tribunal el próximo mes de marzo, aunque el juicio, en el caso de que, como se prevé, se declaren no culpables, no empezará en varios meses.

Los dos banqueros ya habían sido detenidos anteriormente, puesto que Sigurdsson fue arrestado en 2010 acusado de falsificar documentos y manipular acciones, mientras Einarsson lo fue durante un breve periodo de tiempo en 2011 en el transcurso de varias redadas desarrolladas en oficinas de la entidad en Londres y Reikiavik.

Aparte de los dos máximos representantes de la entidad, también han recibido citaciones otros altos ejecutivos e inversores, como Magnus Gudmundsson, expresidente de Kaupthing Luxembourg, y Ólafur Ólafsson, el segundo mayor accionista de la entidad.

Kaupthing Bank fue una de las tras entidades islandesas que tuvo que ser intervenida por el Gobierno de Islandia en octubre de 2008, como consecuencia de la crisis de la burbuja de crédito y el desplome de la corona.

Fuente: librered

Entrevista con Michael Burawoy, presidente de la Asociación Sociológica Internacional

MICHAEL BURAWOY
LUGAR DE NACIMIENTO: Manchester / EDAD: 64 años / FORMACIÓN: Doctor en Sociología por la Universidad de Chicago / OCUPACIÓN: Presidente de la Asociación Sociológica Internacional / AFICIONES: El fútbol. Fan incondicional del Manchester United / SUEÑO: Una comunidad influyente de sociólogos de todo el mundo

«Ni EEUU puede regular el mercado, sólo una crisis medioambiental nos hará reaccionar»

Michael Burawoy es marxista y no se fía de los mercados ni de los economistas. Este bri­tánico, amable y de risa fácil y contagiosa, es­tudió matemáticas, antropología y sociología en Europa, África y EEUU, y hoy, además de enseñar en la Universidad de Berkeley, bas­tión histórico de la izquierda, preside la Aso­ciación Sociológica Internacional. Está moles­to porque cree que los sociólogos tienen mu­cho que aportar pero ni hablan ni se les pregunta. Afirma que la sociedad está siendo destruida ante nuestros ojos por un capitalis­mo que, con cada crisis, y cuando parece que por fin va a caer, se regenera y renace más fuerte que nunca. Y ante ello sólo ve una sali­da: una alianza global de sus enemigos para ponerle correas.

Pregunta.- Crisis, paro, indignados, Occupy Wall Street, Primavera Árabe… no es mal mo­mento para ser sociólogo.

Respuesta.- El mundo va mal. Sigue abru­mado por la ola de mercantüización que em­pezó en los años 70, la que está asociada a Thatchery Reagan. Muchos pensábamos que habría una revolución. En 2008, cuando esta­lló la crisis, esperábamos algún tipo de movi­miento que contuviera el capitalismo financie­ro, estábamos seguros de que llegaría. Pero no ocurrió, y el sistema es más fuerte todavía. Estamos ante la mercantüización de todo. No hay nada que quede fuera del proceso.

P- ¿Por eso hay protestas e indignación?

R.- Lo interesante de las protestas es que no tienen que ver con la explotación de los trabajadores, sino con la exclusión. Hoy en día, hasta la explotación es un privilegio. Mu­cha gente trata de conseguir un trabajo, un sueldo seguro, pero cada vez es más difícil. Por eso hay indignados en España, disturbios en Inglaterra o Primavera Árabe en Oriente Próximo. Son jóvenes excluidos del trabajo o, hablando de forma más general, de sus me­dios de subsistencia. En Europa protestan por la falta de trabajo, en la India hay luchas por la tierra, por la propiedad o el agua. Y lo mis­mo sucede en América Latina.

P- Si la situación es tan dramática, ¿no son respuestas muy débiles?

R.- Hablamos mucho de globalización, pe­ro en cada país las respuestas han sido espe­cíficas, nacionales. Los indignados españoles son muy diferentes a los que protestaron en el Reino Unido. Los indignados reflejan una ex­traordinaria emancipación política, una ma­durez de democracia participativa. En Ingla­terra, los disturbios fueron el resultado de 30 o 40 años de destrucción de la sociedad civil. Hay pocas alternativas, pocas asociaciones. Fue un evento espontáneo, muy diferente a lo ocurrido en España.

P- ¿Culpa del Estado o de un mal Estado?

R.-Lo que hacen los mercados, como decía Margaret Thatcher, es insistir es que no exis­te eso que llamamos sociedad, algo de lo que los sociólogos todavía nos reímos. La tesis es que sólo hay individuos, átomos, mercados. En los 80 se acabó con los movimientos sindi­cales, algo que ha sido devastador. Y ahora el Gobierno conservador británico quiere re­construirlo. Lo llaman Gran Sociedad, inten­tando crear una sociedad civil que tome par­te de las responsabilidades del Estado.

P- Edificada de arriba a abajo.

R.- Exacto, por lo que tiene muy poca ener­gía propia. La historia de España o de Améri­ca Latina, con luchas contra el fascismo y el autoritarismo, es diferente. En EEUU la iz­quierda pensó que sería capaz de contener a la banca, que habría esa revolución contra el sector financiero y de alguna manera se pro­fundizaría en el Estado del Bienestar. Todo el mundo comparaba a Obama con Roosevelt. Pero no pasó y no tengo nada claro que vaya a pasar. El capitalismo financiero es extrema­damente fuerte y opera, a diferencia de los años 30, de forma global. Los estados, hoy en día, no pueden hacer frente a esta situación.

P.- ¿Cree que es un juego de suma cero?

R.- Parece claro que está siendo así ¿no? El capitalismo industrial, el del mundo keynesiano de los 50 y 60, no era de suma cero porque el capital hizo concesiones. Pero hoy, las con­cesiones logradas entonces se han revertido, y son los trabajadores los que se las hacen al capital para mantener sus puestos. Hay una coordinación perversa entre el capital finan­ciero y las clases dominantes.

P- ¿Quién marca la agenda?

R.- La sociedad civil está siendo amenaza­da por los mercados, por los estados y por la colaboración entre ambos para destruir la so­ciedad civil de muchas maneras. A los soció­logos les falta experiencia a la hora de traba­jar e influir en la esfera pública, pero los eco­nomistas, en cambio, saben hacerlo muy bien. Desde la Segunda Guerra Mundial, pero so­bre todo desde los años 70, se han convertido en la profesión dominante.

P- ¿Por qué no hay una voz clara enfrente?

R.- El marco teórico de los economistas, el neoclásico, es monolítico, y para oponerte a él y ser escuchado necesitas tener un Nobel, como Stiglitz o Krugman. Los sociólogos tienen un marco más plural y más formas de pensar en el mundo. Por eso no se ponen, no nos po­nemos, de acuerdo. Los sociólogos tenemos un marco teórico que nos permite entender con precisión la destrucción de la vida de mucha gente y cómo la humanidad responde a los impulsos destructivos actuales.

P- ¿A qué nivel?

R.-Ante el auge del mercado, en 1930 hu­bo diferentes respuestas, representadas por el New Deal en EEUU, la democracia social, el fascismo y el estalinismo. La colectivización y la planificación fueron una respuesta a la emergencia de los mercados en la URSS en los años 20. El Estado siempre ha peleado pa­ra regular al mercado. En el siglo XIX las lu­chas fueron más locales, con sindicatos y mo­vimientos sociales. Hoy el movimiento no puede ser local, no puede ser nacional, sino que tiene que ser global. Tenemos que cons­truir una sociedad civil global que haga fren­te al funcionamiento de los mercados, y es realmente difícil. Los movimientos que hay están fragmentados. En mi opinión los soció­logos no deberíamos estar sólo estudiando lo que pasa, sino construyendo una comunidad global que conecte lo que está pasando.

P- Tradicionalmente ese ha sido el rol de la izquierda, al menos de la internacionalista

R.- La izquierda ha desaparecido de la po­lítica y de la sociedad tras 40 años de mercantilización. Yo soy marxista y el marxismo ha fracasado también. Mucha gente pensó que el fin de la URSS era el fin del marxismo, pero en realidad fue su liberación. Cuando florece el capitalismo, el marxismo debería florecer también. Frantz Fanón, teórico de la revolu­ción en el Tercer Mundo, habló, en el contex­to del colonialismo, de la clase trabajadora y de la revolución de los desposeídos. Sus ideas se pueden aplicar al poscolonialismo de for­ma mucho más extensa. Tenemos que pensar hoy en la división entre los explotados y los excluidos.

P- ¿El marxismo es de verdad una respues­ta? ¿No está obsoleto su marco?

R.- Tiene que volver a ser restaurado aca­démicamente, y lo será. Mientras haya capi­talismo habrá marxismo. ¿De qué tipo? Antes he hablado de Fanón. Podría haberlo hecho de un geógrafo británico llamado David Harvey, que habla de la desposesión y el capitalis­mo financiero. Hace falta un marxismo que reconozca el movimiento y el poder del capi­talismo de las últimas décadas. Y que entien­da lo que pasa en China. Sin un marco teóri­co no creo que sea posible unir todas las pro­testas que están surgiendo. Necesitamos la teoría para actuar en la práctica. Creo que por eso es importante el papel de la universidad. Tenemos que cambiar la forma de pensar.

P- ¿Es optimista?

R.- Cuando Obama fue elegido, pensamos: ahora sí, es el momento de la reacción. Yo di charlas aquel noviembre diciendo que no te­nía alternativa, que tendría que regular. Pero claro que las tema. En realidad, el Gobierno de EEUU no tiene la capacidad para regular el capitalismo financiero. Visto lo visto, al final habrá que esperar a una crisis medioambien­tal para ver una verdadera reacción. Es triste tener que esperar a que lleguen las crisis me­dioambientales, pero es el capitalismo que te­nemos. La gente no se da cuenta de la codicia y el poder destructivo del capitalismo en sus vidas.

P- ¿Destructivo? ¿No recuerda los efectos sobre el medioambiente de la URSS?

R.- Sí, totalmente cierto. Pero aun así, tene­mos que encontrar una alternativa a lo que te­nemos hoy. Hay que llevar más allá la imagi­nación para buscar soluciones y alternativas de futuro, alternativas para el capitalismo. La URSS fue una, lo que prueba que hay alterna­tivas al fin de la Historia. Tampoco imaginaba nadie que fuera a llegar la Primavera Árabe, pero llegó. Nuestra responsabilidad, la mía co­mo sociólogo, es pensar en esas alternativas. Partiendo de la base de que el capitalismo es malo para todo el mundo.

P.- ¿No hay nada bueno en los mercados? 

R.- Queremos mercados, pero hay que re­gularlos. Y pensar en el futuro, no en el pasa­do, abandonar la retórica del pasado, el discurso del fin del capitalismo y su colapso. Los marxistas solían pensar, citando a Lenin, en el imperialismo como la fase superior del capi­talismo. Pero eso ha resultado ser una estupi­dez. El imperialismo fue un vehículo a través del cual se creó una nueva forma de capitalis­mo, increíblemente dinámico. Que por un la­do innovaba y por otro destruía. Por eso hay que pensar en microinstituciones y las alter­nativas que abren. Formas democráticas de participar en la regulación de nuestras vidas. Algo que desafíe el rol dominante de los mer­cados. Cosas como Wikipedia, un gran ejemplo de autoorganización. Tenemos que buscar alternativas en todo el mundo. Y pronto, porque la sociedad se está destruyendo.

P- Los números dicen que, con capitalismo, hay menos pobres en lugares como China.

R.- El mundo no está mal. Está peor. Está entrando en una crisis más profunda que nunca antes. El capitalismo desregulado no ayuda a reducir el número de pobres, sino que genera desposesión y explotación. Y la desposesión intensifica la explotación. Si comparamos Rusia y China vemos las dife­rencias. Rusia dijo: todo lo del pasado es ma­lo, olvidémoslo. Destruye el pasado, que ven­gan los mercados, y el resultado ha sido la de­vastación de la sociedad y una increíble polarización entre ricos y pobres, además de decadencia económica. En China ha ocurrido todo lo contrario, porque entendieron que ha­cen falta instituciones que regulen los merca­dos. China incubó los mercados dentro del marco regulatorio del Estado, un modelo mu­cho más exitoso.

P- ¿En serio China es un modelo?

R.- Los economistas dicen que con la ex­pansión del capitalismo a todo el mundo le irá mejor. Pero no hay ningún indicador que diga que eso siga siendo así. Lo era en el periodo keynesiano, pero desde los 70 más gente se ha visto empujada a la pobreza, la explotación y la desposesión. Hay excepciones, claro, siem­pre las hay. En China, con el capitalismo de Estado, la gran duda es si será capaz de con­tener el poder de los mercados. Hasta ahora lo ha hecho de forma muy inteligente. Hacien­do concesiones y siendo muy flexible. Sabe lo­calizar los puntos de tensión, los desafíos que surgirán.

P-Y un poderoso ejército listo para actuar si las concesiones no bastan…

R.- Cuanto más estudio lo que ocurre en China, más me impresiona su flexibilidad y cómo concede cierta autonomía a las provin­cias. Es probablemente mejor vivir en China que vivir en Egipto o en Túnez antes de las protestas. Desde el punto de vista de la socie­dad civil no encuentro particularmente intere­sante EEUU, no es el sitio. China sí.
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