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Foucault sobre la Revolución y los Intelectuales por Ariel Mayo

Michel Foucault (1926-1984) fue testigo del proceso que llevó al triunfo a la Revolución Iraní en enero de 1979. En el otoño boreal de 1978 recorrió ese país como periodista, enviado por el Corrière della Sera. Allí fue testigo del comienzo del levantamiento que marcó el final del régimen del sah. En un primer momento, Foucault saludó con entusiasmo la rebelión popular contra el régimen dictatorial del sah; posteriormente, y ante el cariz integrista tomado por la Revolución, se mostró muy crítico frente al nuevo régimen. Fruto de esta experiencia es el texto en cuestión, un artículo periodístico en el que Foucault reflexiona sobre la Revolución triunfante en Irán en enero de 1979. (1)
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Para los fines del análisis el artículo puede dividirse en tres áreas temáticas: a) la cuestión del carácter y los resultados de la Revolución Iraní; b) la distinción entre sublevación y revolución; c) la concepción que hace de la sublevación el límite último de toda forma de poder. (2). Cabe aclarar que el ordenamiento de estas áreas no se corresponde con la manera en que las mismas se presentan en el artículo; hemos procedido así para facilitar la exposición.
 
A) El carácter de la Revolución Iraní.
 
Ante todo, hay que decir que Foucault escribe luego de la victoria de la Revolución, cuando el ayatolá Ruhollah Jomeini (1902-1989) ya había alcanzado el control del nuevo gobierno. Esto es importante, porque ya estaba claro cuál iba a ser la orientación del nuevo régimen, en el que la línea teocrática había logrado la primacía sobre las demás (suele perderse de vista la existencia de corrientes laicas – democráticas, nacionalistas, comunistas, etc.- en el proceso revolucionario iraní que culminó en el derrocamiento del Sah). Es por ello que Foucault modifica su posición inicial de apoyo a la Revolución: “Ciertamente no da ninguna vergüenza cambiar de opinión, pero no hay ninguna razón para decir que se cambia de opinión cuando se está hoy contra la amputación de manos, tras haber estado ayer contra las torturas de la Savak.” (p. 87) (3). Y en otros pasajes del texto hace referencia a “formas de xenofobia virulenta” (p. 86), a la “sujeción de las mujeres” (p. 86), al “gobierno sangriento de un elegido integrista” (p. 87). Todo esto es significativo para deshacer la leyenda que hace de Foucault una especie de pervertido que, en su inmensa perversidad, apoyó la consolidación de una teocracia en el Irán posrevolucionario.
 
Sin embargo, la percepción del rumbo adoptado por la Revolución no impidió a Foucault tomar nota de la grandeza del acontecimiento revolucionario. Así, remarca que la actitud dual de los nuevos gobernantes iraníes, apoyándose en la “sublevación” para justificar su régimen y, a la vez, descualificando el hecho mismo de la “sublevación” porque esta dio origen a un gobierno de mulás (4), refleja el miedo [ante] lo que el mundo desde hace tiempo no había dado ejemplo” (p. 87). En otras palabras, Foucault valora el hecho mismo de la “sublevación”, independientemente de sus resultados. En la sección siguiente discutiremos esta cuestión, que refleja los límites de la teoría foucaultiana del poder.
 
Antes de terminar con esta sección, corresponde hacer una observación en tanto lectores latinoamericanos de este artículo. Cuando Foucault escribe que la Revolución Iraní hizo algo que el mundo “hace tiempo no había dado ejemplo” deja de lado un proceso que se estaba desenvolviendo en el momento mismo en que Foucault redactaba su artículo, esto es, el ascenso de la Revolución Sandinista (que resultó triunfante el 19 de julio de 1979). Claro está que la Revolución Sandinista pertenece a un modelo un tanto diferente al de la “sublevación” esbozado por Foucault en el artículo que estamos analizando.
 
B) La distinción entre “Sublevación” y Revolución.
 
La “Sublevación” constituye, según Foucault, el límite último, la frontera que el poder no puede franquear. Es por ello que Foucault se ve obligado en este artículo a desarrollar la manera en que concibe las posibles formas de desafiar exitosamente al poder en nuestra sociedad. De ahí la importancia del texto en cuestión.
 
¿Qué entiende Foucault por “Sublevación”?
 
“El movimiento mediante el cual un solo hombre, un grupo, una minoría o un pueblo entero dice: «No obedezco más», y arroja a la cara de un poder que estima injusto el riesgo de su vida.” (p. 83). Es oportuno hacer dos comentarios a esta afirmación:
 
a) la “sublevación” así definida es más un movimiento ético, una reacción pasional y visceral contra la opresión, que un movimiento político. La política (cualquier política, ya sea la de los opresores o la de los oprimidos) se caracteriza fundamentalmente por contruir organización para llevar adelante determinados objetivos (ya sea la construcción de un partido de revolucionarios profesionales para tomar el Palacio de Invierno en la Rusia de 1917; o la conformación de una hegemonía en torno a la Mesa de Enlace para voltear las retenciones en la Argentina de 2010). En el caso de la “sublevación”, se trata de una reacción desesperada de quien no quiere someterse más; es, en el sentido fuerte de la expresión, algo que está «fuera de la historia» (p. 84), es un “desgarramiento que [interrumpe] el hilo de la historia” (p. 84).
 
Ahora bien, en la citada formulación del concepto foucaultiano de “sublevación” residen tanto la fortaleza ética como la debilidad política del uso del citado concepto. Esto es así pues la “sublevación, por su carácter esencialmente ahistórico (está dirigida contra la “opresión en general”, no contra una opresión determinada), adopta la forma de explosión repentina que se consume en su mismo, dejando el poder y el control de la situación en manos de quienes son capaces de organizarse concientemente. La “sublevación” puede destruir un régimen opresivo (es por eso que Foucault dice que la “sublevación” también está en la historia – p. 84 -), pero es incapaz de organizar una fuerza capaz de construir un orden, una forma de vida diferente (por eso la “sublevación” está “fuera de la historia” – p. 84 -.).
 
b) La rebelión (aquello que Foucault designa como “sublevación” en este artículo) tiene sentido histórico en la medida en que es colectiva. Hablar, como lo hace Foucault, de la “sublevación” de “un solo hombre” es abandonar la política y deslizarnos hacia el terreno de la ético. En otras palabras, es referirnos a cosas diferentes. Por supuesto, afirmar esto no implica desconocer el inmenso valor que tiene el individuo que se planta en solitario y dice “¡No!”, contra toda esperanza y sin esperar nada a cambio, salvo la salvaguarda de su propia dignidad. Tiene que estar claro que toda política revolucionaria tiene que comenzar, necesariamente, por el respeto a la dignidad de los seres humanos, que son el sujeto y no el objeto de una política dirigida a transformar radicalmente la sociedad. Pero el gesto individual no trasciende el momento de dar testimonio, mientras que la política es, sobre todas las cosas, una práctica esencialmente colectiva, en la que los gestos, las palabras y las acciones tienen como destinatario al/los otro/s.
 
Foucault señala que el doble carácter de la “sublevación” (esto es, el estar simultáneamente afuera y adentro de la historia) es el que permite comprender “por qué las sublevaciones han podido encontrar tan fácilmente su expresión y su dramatización en las formas religiosas” (p. 84). Esta afirmación plantea de manera particular una cuestión más general, que excede largamente el terreno de lo religioso, y que es la problemática de la conciencia política de los sectores populares. En el caso de éstos últimos, se vuelve perentoria la necesidad de encontrar un anclaje, una referencia, en lo que es terreno conocido. En este sentido, Rodolfo Walsh dijo alguna vez que las masas se replegaban siempre sobre aquello que les era más familiar. Esta afirmación, que Walsh (1927-1977) realizó en un contexto de profunda derrota, es todavía más válida para el caso de los avances de los sectores populares. La religión constituyó durante la inmensa mayoría de la historia humana ese horizonte conocido, y sólo el desarrollo del capitalismo empezó a horadar esas certezas, generando por primera vez la posibilidad del desarrollo de formas de conciencia laica, que no precisaban de referencias religiosas para expresar sus planteos políticos.
 
Ahora bien, y más allá de lo expresado en el párrafo anterior, la puntualización que hace Foucault tiene el defecto de fortalecer de manera indirecta a la religión, pues al convertirla en el ropaje privilegiado que viste la “sublevación” (el movimiento “fuera de la historia” por antonomasia), tiende a reforzar el supuesto carácter ahistórico de la religión. Así, ésta opera como “la manera misma de vivir las sublevaciones” (p. 84), dado que ella misma remite a un “mundo” trascendente que se encuentra fuera de la historia. Como quiera que sea, para comprender el papel de las religiones, sus símbolos y su vocabulario, en las “sublevaciones”, es necesario seguir otro camino, que pasa por estudiar el rol que juega la religión en la vida cotidiana de los sectores populares en una época y lugar determinados. Sólo así la religión puede ser redimida de toda la fantasmagoría de la trascendencia.
 
En el texto, Foucault opone la “sublevación” a la revolución. ¿Qué entiende por esta última? Ante todo, la concibe como “un gigantesco esfuerzo por aclimatar la sublevación en el interior de una historia racional y dominable” (p. 84), y este esfuerzo se viene realizando “desde hace dos siglos” (p. 84). La revolución es, en el sentido foucaultiano, la Anti-Sublevación. Es por ello que la revolución procura encauzar la “sublevación” dentro de “condiciones previas, objetivos y maneras de cumplirse” (p. 84). Significa el esfuerzo por introducir a la fuerza a la “sublevación” en la historia, para de ese modo domesticarla y ponerla al servicio del poder. Hay que tener en cuenta que, según Foucault, toda forma de saber es una forma de poder; de ello se deriva que la constitución de un saber de la “sublevación” implica forzosamente el sometimiento de la sublevación al poder.
 
En este punto hay que detenerse y hacer una observación sobre el lenguaje empleado por Foucault en el artículo, pues el carácter abstracto (es decir, ahistórico) de la oposición “sublevación” versus “revolución” dice mucho acerca de su manera de concebir el poder. Cuando Foucault escribe que “la era de la revolución” comenzó hace dos siglos, no está aludiendo a la Revolución en tanto entidad metafísica enfrentada a otra entidad no menos abstracta denominada “sublevación”, sino que se está refiriendo al ciclo de las Revoluciones Burguesas (entre las que se encuentra la Revolución Francesa de 1789-1794). Que Foucault prefiera la oposición metafísica “sublevación” versus “revolución” indica que, en último término, coloca el problema del poder en un nivel que está más allá de lo histórico. En nuestra opinión, esta es la falencia más fuerte de la teoría foucaultiana de la política y el poder.
 
Pero, al concebir la oposición entre “sublevación” y “revolución”, no alude solamente a las Revoluciones Burguesas. Al afirmar en el texto que “se ha definido, incluso, la profesión de revolucionario”, está haciendo referencia, de manera velada, a los partidos de izquierda que siguieron el modelo bolchevique de organización política. Este no es el lugar para hacer la crítica de la práctica leninista, pero si corresponde señalar que la misma representa, independientemente de las valoraciones que se hagan sobre los resultados obtenidos por ella, una forma de política obrera que se enfrentó a la práctica política de la burguesía (la clase que llegó al poder justamente por medio de las Revoluciones Burguesas). Al ubicar implícitamente en el mismo espacio a los revolucionarios profesionales de tipo leninista y a los jacobinos de la Revolución Francesa, Foucault pasa pone al poder fuera de la historia, pues diluye las enormes diferencia entre el contenido de clase de una y otra forma de política.
 
Buenos Aires, 6 de agosto de 2010
 
NOTAS:
(1) El título original es “Inutile de se soulever?” y se publicó en LE MONDE, nº 10661, 11-12 de mayo de 1979, p. 1-2. En todos los casos utilicé la traducción española de Ángel Gabilondo, “¿Es inútil sublevarse?”, incluida en Foucault, Michel. (2002). Dichos y escritos. Madrid: Editora Nacional (vol. 2, pp. 83-89). Corresponde decir que la edición española que citamos es un tanto desmañada, ya que contiene varios errores tipográficos.
(2) Puesto que Foucault utiliza el término “Sublevación” en un sentido específico (que aclaramos luego en el texto), hemos optado por escribirlo entre comillas, para poderlo distinguir así del uso habitual del mismo.
(3) La Savak era la abreviatura de la Organización de Seguridad e Inteligencia Nacional, denominación que recibió el organismo encargado de detener, torturar y asesinar opositores en el Irán del sah. Funcionó desde 1957 hasta 1979. La amputación de una mano es el castigo que reciben los ladrones reincidentes de robo según la sharía o ley islámica, adoptada por el gobierno revolucionaria iraní.
(4) El término mulá designa en las comunidades musulmanas chiitas a las personas versadas en el Corán y en la jurisprudencia islámica.
Ariel Mayo, administador del Blog: miseriadelasociologia.blogspot.com.ar
Licenciado en Sociología en UBA. Es profesor en la Universidad Nacional de San Martín y en el Instituto Superior del Profesorado Dr. J. V. González.
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Soluciones del Test de Sociología 1

Esta publicación exponen las 30 respuestas a las preguntas  del cuestionario de sociología sobre autores, pensamientos, teorías y demás material de estudio en la carrera de Sociología. Si desea realizar el test o mejorar su resultado pulse aquí

1 – La presión grupal se describe como el factor predisponente fundamental en las drogodependencias, lo cual se relaciona con: 1. La teoría de Asch

2 – Son factores explicativos de altruismo: 1. Reconocer que hay una emergencia

3 – En el sociograma, es “Sublider”: 2. Sujeto seleccionado por el líder aunque nadie más lo haya elegido

4 – Partir de un presupuesto Hedonista es característico del: 3. Hombre racional-económico

5 – Es propio del hombre complejo: 1.Valorar las diferencias individuales y no tener una dirección correcta para todos

6 – ¿Cuál es el modelo que plantea la función del directivo como la de un catalizador o facilitador?: 2. Hombre que se autorrealiza

7 – Cuando en la cultura de empresa se consigue predecir lo que los individuos de un grupo van a “decir” aunque puede que no tenga nada que ver con lo que van a hacer se denomina: 3. Valores añadidos

8 – Respecto a la cultura de empresa es cierto: 1. Proporciona estabilidad al grupo frente a los cambios internos y externos

9 – En relación con la identificación de la cultura de empresa: 4. Ninguna es cierta

10 – Según la tipología Handy, la cultura Zeus es: 3. Una organización autoritaria

11 – La predicción de estructuras sociales ideales para un grupo determinado es objeto de: 3. Ninguna es correcta

12 – Los indicadores tienen relación con: 3. Las definiciones operacionales

13 – La prueba de la hipótesis es propia de: 3. Los métodos explicativos

14 – Demostrar la evidencia de que la mujer es por naturaleza más cotilla que el hombre en las relaciones sociales, confirmaría: 4. Ninguna es cierta

15 – ¿Qué modelo plantea una estrategia directa unidireccional?: 1. Hombre racional-económico

16 – Del positivismo no es CORRECTO decir: 2. Mayo fué su precursor

17 – Del sansimonismo es INCORRECTO decir que: 3. Su máximo apogeo fué entre los años 1750 y 1790

18 – La principal función de la familia desde un punto de vista sociológico es: 1. Sociabilizar al niño

19 – No es una característica de la institución familiar según Goode: 2. Es un fenómeno particularizador ya que sus funciones aparecen siempre desintegradas

20 – No es una rama de la sociología de la cultura: 1. Sociología de la educación

21 – La sociología ocupacional estaría dentro de: 1. Sociología económica

22 – La rama de la sociología que trata de los roles ocupacionales en el seno de los sistemas societales y grupales se denomina: 1. Sociología ocupacional

23 – El nivel de empleo que representa socialmente que se eliminan posibilidades de trabajo a otras perosnas se denomina: 2. Superempleo y pluriempleo

24 – Las “denominaciones” Como grupo religioso no se caracteriza por: 1. Grupos muy inestables

25 – Los “cultos” como grupo religioso no se caracteriza por: 3. Grupos cerrados

26 – No será un tipo de grupo religioso según según la estructura de su organización: 2. Secta

27 – Dentro de la sociología de la cultura, podemos afirmar que la cultura no se caracteriza por: 2. No simbólica

28 – De la opinión pública es INCORRECTO decir: 4. Es un fenómeno de actitud y no de opinión

29 – Según la forma en queda el fenómeno de masas, las violentas serán: 3. Congregadas, interesadas,informales y activas

30 – Según la forma en queda el fenómeno de masas, las formales serán: 1. Congregadas e interesadas

Test de Sociología 1

Tiene a su disposición 30 preguntas sobre autores, pensamientos, teorías, en resumen, test general sociológico. Coja una hoja y apunte el número de pregunta y respuesta, al terminar este cuestionario mire las respuestas aquí

1 – La presión grupal se describe como el factor predisponente fundamental en las drogodependencias, lo cual se relaciona con:

  1. La teoría de Asch
  2. La teoria de Milgram
  3. La teoria de Fostinger
  4. La teoria de Bem

2 – Son factores explicativos de altruismo

  1. Reconocer que hay una emergencia
  2. Que la persona nos cause miedo a respeto
  3. Que haya muchas personas
  4. Ninguna de las respuesas es correcta

3 – En el sociograma, es “Sublider”:

  1. El lider de un subgrupo
  2. Sujeto seleccionado por el lider aunque nadie más lo haya elegido
  3. Sujeto que recibe mayor número de rechazos positivos
  4. Sujeto que recibe el mayor número de elecciones positivas después del líder

4 – Partir de un presupuesto Hedonista es característico del:

  1. Hombre complejo
  2. Hombre social
  3. Hombre racional-económico
  4. Hombre que se autorrealiza

5 – Es propio del hombre complejo

  1. Valorar las diferencias individuales y no tener una dirección correcta para todos
  2. El hombre sólo esta motivado por el dinero
  3. El propio hombre sólo está motivado por necesidades sociales
  4. Ninguna de las respuestas es correcta

6 – ¿Cuál es el modelo que plantea la función del directivo como la de un catalizador o facilitador?

  1. Hombre racional-económico
  2. Hombre que se autorrealiza
  3. Hombre social
  4. Ninguna de las respuestas es verdadera

7 – Cuando en la cultura de empresa se consigue predecir lo que los individuos de un grupo van a “decir” aunque puede que no tenga nada que ver con lo que van a hacer se denomina:

  1. Creaciones
  2. Artefactos
  3. Valores añadidos
  4. Presunción básica

8 – Respecto a la cultura de empresa es cierto:

  1. Proporciona estabilidad al grupo frente a los cambios internos y externos
  2. En la mayoría de los casos nunca se consigue
  3. Todas las anteriores son ciertas
  4. Surge poco a poco de la base, sin programación de ninguna persona

9 – En relación con la identificación de la cultura de empresa:

  1. Nunca se ha de emplear las reuniones de grupo
  2. Únicamente se utilizan observadores externos para que no sean contaminados con el ambiennte interno
  3. Es fundamental realizar entrevistas personales con el requisito de que han de elegirse a través de una muestra aleatoria
  4. Ningua es cierta

10 – Según la tipología Handy, la cultura Zeus es:

  1. Una organización burocrática
  2. Una organización democrática
  3. Una organización autoritaria
  4. Una organización Laissez-faire

11 – La predicción de estructuras sociales ideales para un grupo determinado es objeto de:

  1. Sociología normativa
  2. Sociología política
  3. Ninguna es correcta
  4. Sociología general

12 – Los indicadores tienen relación con:

  1. Ninguna de las respuestas es correcta
  2. Las definiciones ilógicas
  3. Las definiciones operacionales
  4. Las definiciones contractuales

13 – La prueba de la hipótesis es propia de:

  1. Los métodos explorativos
  2. Los métodos descriptivos
  3. Los métodos explicativos
  4. Todas son ciertas

14 – Demostrar la evidencia de que la mujer es por naturaleza más cotilla que el hombre en las relaciones sociales, confirmaría:

  1. La sociología como forma refinada de sentido común
  2. La sociología como ciencia normativa
  3. El carácter no científico de la sociología
  4. Ninguna es cierta

15 – ¿Qué modelo plantea una estrategia directa unidireccional?

  1. Hombre racional-económico
  2. Hombre complejo
  3. Hombre autorrealizado
  4. Hombre social
16 – Del positivismo no es CORRECTO decir
  1. El positivismo sociológico postula que el tratamiento matemático y empírico de los hechos y las pruebas empíricas son son las fuentes exclusivas de una sociología científica
  2. Mayo fué su precursor
  3. El pensamiento sólo puede levar a relaciones y leyes
  4. El principio del conocimiento consiste en partir de la observación y atenerse a ella

17 – Del sansimonismo es INCORRECTO decir que:

  1. Considera inevitable la regresión del sistema feudal y militar y el advenimiento de un sistema industrial organizado
  2. Fué una doctrina del conde de Saint-Simón
  3. Su máximo apogeo fué entre los años 1750 y 1790
  4. Todas son correctas

18 – La principal función de la familia desde un punto de vista sociológico es:

  1. Socializar al niño
  2. Función reproductiva
  3. Funciónsexual
  4. Función religiosa

19 – No es una característica de la institución familiar según Goode

  1. Es un hecho universal, existe en todas las sociedades conocidas
  2. Es un fenómeno particularizador ya que sus funciones aparecen siempre desintegradas
  3. Es un fenómeno clasificatorio, en el sentido de que el estautus y el estrato de las personas viene dados por la familia
  4. La familia es un hecho general, puesto que todos los individuos de una sociedad forman parte de un grupo familiar

20 – No es una rama de la sociología de la cultura

  1. Sociología de la educación
  2. Sociología del arte
  3. Sociología del conocimiento
  4. Sociología de la ciencia

21 – La sociología ocupacional estaría dentro de:

  1. Sociología económica
  2. Sociología de la educación
  3. Sociología del conocimiento
  4. Sociología política

22 – La rama de la sociología que trata de los roles ocupacionales en el seno de los sistemas societales y grupales se denomina

  1. Sociología ocupacional
  2. Sociología del consumo
  3. Sociología del intercambio económico
  4. Sociología del desarrollo

23 – El nivel de empleo que representa socialmente que se eliminan posibilidades de trabajo a otras perosnas se denomina:

  1. Superempleo
  2. Superempleo y pluriempleo
  3. Subempleo
  4. Pluriempleo

24 – Las “denominaciones” Como grupo religioso no se caracteriza por:

  1. Grupos muy inestables
  2. Son tolerantes con los exogrupos
  3. Carácter muy democrático
  4. La religión es sólo uno de sus objetivos

25 – Los “cultos” como grupo religioso no se caracteriza por:

  1. Poco organizados y muy inestables
  2. Son tolerantes con los exogrupos
  3. Grupos cerrados
  4. Suelen tenre un líder carismático

26 – No será un tipo de grupo religioso según según la estructura de su organización

  1. Presbiteriano
  2. Secta
  3. Episcopal
  4. Congregacional

27 – Dentro de la sociología de la cultura, podemos afirmar que la cultura no se caracteriza por:

  1. Es aprendida
  2. No simbólica
  3. Es acumulativa
  4. Es social

28 – De la opinión pública es INCORRECTO decir:

  1. Es un fenómeno complejo:emotivo y racional
  2. Es un fenómeno estructuralmente múltiple pero unitario en conjunto
  3. Es un fenómeno muy activo y participativo
  4. Es un fenómeno de actitud y no de opinión

29 – Según la forma en queda el fenómeno de masas, las violentas serán

  1. Difusas y activas
  2. Disgregadas
  3. Congregadas, interesadas,informales y activas
  4. Congregadas,interesadas,formales y activas

30 – Según la forma en queda el fenómeno de masas, las formales serán:

  1. Congregadas e interesadas
  2. Disgregadas
  3. Congregadas y estimuladas
  4. Difusas y activas

¿Impuestos directos o indirectos? Un dilema económico de clase por Alberto Garzón Espinosa

El gobierno ha subido recientemente el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) a instancias de la troika y siguiendo las directrices clásicas de subir la tributación indirecta. Esta práctica, muy alabada por los liberales, tiene enormes consecuencias negativas sobre la capacidad adquisitiva de la población y sobre la redistribución de la renta. Voy a intentar exponerlo de forma sencilla en este post.

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La dinámica capitalista es, por definición, generadora de desigualdad. Desde el punto de vista marxista esto es debido a la pauta de explotación en la distribución de la renta y desde el punto de vista más convencional porque la desigualdad es necesaria para avanzar económicamente. La tesis neoclásica –teoría económica que justifica las políticas neoliberales- entiende que esa desigualdad es necesaria y que la economía generará un “trickle down” o efecto goteo que hará que todos los ciudadanos se beneficien del proceso de crecimiento aunque exista desigualdad. No obstante, el Estado dispone de mecanismos para corregir la desigualdad creciente.

El principal mecanismo de este tipo es el sistema fiscal, que si está bien diseñado permite que se realice una redistribución de la renta desde las unidades económicas más ricas hacia las unidades económicas más pobres, a través de canales como los servicios públicos o las transferencias monetarias.

A partir del diseño del sistema fiscal el Estado obtiene ingresos con los que financiar sus políticas de redistribución de la renta, y de todos ellos los más importantes son los impuestos y las cotizaciones sociales. En 2011 ambos conceptos sumaron el 88’3% de los ingresos totales del Estado, pero en 2012 y como consecuencia de la caída en los impuestos el total sumado es de 77’8%. La caída en los impuestos prevista en los Presupuestos Generales de 2012 es del 17%, aunque seguramente sea mucho mayor, lo cual es debido a la crisis económica y el efecto que genera en los distintos impuestos.

Los impuestos también pueden diseñarse de diferentes formas, con efectos fiscales y redistributivos muy distintos en función de dicho diseño. Los impuestos pueden clasificarse en dos tipos, directos e indirectos, y definirse por su efecto sobre la justicia fiscal a partir de tres tipos: progresivos, proporcionales y regresivos.

Los impuestos directos son aquellos que se aplican sobre la manifestación directa de la riqueza, es decir, sobre el ingreso recibido por el individuo o empresa y sobre el patrimonio que cada uno tiene (casas, viviendas, etc.). Los impuestos indirectos, en cambio, se aplican sobre la manifestación indirecta de la riqueza, como puede ser el consumo. Ejemplos de impuestos directos son el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y el Impuesto de Sociedades (IS), mientras que ejemplos de impuestos indirectos son el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA).

En términos de justicia fiscal es más justo subir los impuestos directos porque tienen en cuenta directamente la riqueza original y no su manifestación indirecta. Es decir, los impuestos indirectos se aplican a todas las personas por igual sin atender a que ganen más o menos (por ejemplo paga lo mismo en IVA sobre compresas la mujer rica que la mujer pobre).

Pero en la configuración y diseño de cada impuesto hay que tener en cuenta cómo se hace para determinar cuánto se paga. Si todos pagan el mismo porcentaje de impuestos se dice que es un tipo proporcional. Si todos pagáramos el 20% de nuestro salario, los ricos pagarían más que los pobres porque se les aplicaría el mismo porcentaje sobre una cantidad mayor. Sin embargo, no es un modelo justo y por esa razón no es el modelo vigente en España. No obstante, es el modelo preferido por los liberales y en los últimos años ha sido defendido por sectores importantes del PSOE (baste ver el artículo que escribió en 2006 el entonces ministro Miguel Sebastián [1]).

Afortunadamente la constitución española exige que los impuestos sean progresivos, es decir, que pague más quien más tiene pero no sólo en cantidades absolutas (como ocurre con el tipo proporcional) sino también en el porcentaje de gravamen aplicado. Para hacerlo se estructuran tramos de renta, de modo que por ejemplo de 0 a 20.000 euros en ingresos no se pagan impuestos, de 20.000 a 30.000 euros se paga un 15%, de 30.000 a 40.000 un 20%, etc. Eso hace que en teoría los más ricos tienen que pagar un porcentaje de impuesto mayor (llamado tipo efectivo).

Si el sistema está bien diseñado y la cantidad de impuestos directos es mayor a la de indirectos y además son lo más proporcionales posibles, los mecanismos de redistribución de la renta del Estado pueden funcionar con éxito. Esto es así porque el Estado obtiene ingresos fundamentalmente debidos a los más ricos, y sin embargo utiliza esos ingresos para pagar servicios públicos de los que se benefician sobre todo los más pobres. Es una forma de hacer justicia a través de un sistema fiscal solidario.

Sin embargo y desgraciadamente en la práctica esto no funciona así. En las últimas décadas tanto el Partido Popular como el Partido Socialista han bajado los impuestos directos, reduciendo la fuerza solidaria del sistema e introduciendo debilidades graves que han hecho que el Estado esté subfinanciado. A los más ricos les interesa acabar con el sistema fiscal actual porque si lo consiguen no se verán obligados a pagar los servicios públicos a los más pobres, de modo que los partidos que han representado a los ricos han facilitado las llamadas rebajas fiscales (bajadas de impuestos a los más ricos, tanto individuos como empresas). El PSOE llegó a retirar el Impuesto de Patrimonio, asegurar que bajar impuestos era de izquierdas e incluso a pedir, como hemos señalado, que se instaurara un tipo proporcional en vez de mantener tipos progresivos.

Todo ello debilitó la eficacia del sistema fiscal, lo que se sumó a las enormes fallas que existían debido a los paraísos fiscales y el fraude fiscal. España es, de hecho, la décima potencia mundial en fraude fiscal, con una estimación de un 22’5% de economía sumergida[2]. Se pierden, por la vía de la evasión fiscal, más de 100.000 millones de dólares en ingresos potenciales. Una cantidad muy superior a la que se exige como recortes en sanidad y educación. Además, según los técnicos de Hacienda las grandes empresas y las grandes fortunas son responsables de más del 70% del fraude fiscal, el cual cuantifican en 40.000 millones de euros[3]. A todo ello hay que sumarle las prácticas de elusión fiscal, es decir, de aquellas estrategias legales de planificación fiscal que se aprovechan de las diferencias en las legislaciones entre países para no pagar apenas impuestos[4]. Todo ello significa que, en la práctica, nuestro sistema fiscal es profundamente regresivo.

Es decir, que en la práctica y tanto por la acción como por la pasividad de los gobiernos españoles, nuestro sistema fiscal no corrige la desigualdad sino que de hecho la aumenta. Y desgraciadamente además de empobrecer a la mayoría de la población y deteriorar el crecimiento económico por la disminución de la demanda agregada, las últimas medidas del gobierno no hacen sino agudizar la desigualdad, con el agravante de que sigue vigente la amnistía fiscal a los grandes evasores.

Fuente: agarzon.net

[1]M. Sebastian (2007): “El tipo único es más justo y eficiente”, publicado en Diario El País, 3 de noviembre de 2007 y disponible en: 
http://elpais.com/diario/2007/11/03/opinion/1194044411_850215.html

[2]Tax Justice Network (2011): “The cost of tax abuse”, disponible en:
http://www.tackletaxhavens.com/Cost_of_Tax_Abuse_TJN_Research_23rd_Nov_2011.pdf

[3] La Vanguardia (2011): “Técnicos de Hacienda calculan que las grandes empresas defraudan más de 42.700 millones al año”, disponible en 
http://www.lavanguardia.com/20110809/54198249312/tecnicos-de-hacienda-calculan-que-las-grandes-empresas-defraudan-mas-de-42-700-millones-al-ano.html

[4] Garzón, A. (2011): “Paraísos fiscales en la globalización financiera”, disponible en 
http://www.historia-actual.org/Publicaciones/index.php/haol/article/view/622/516

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Entrevista a Loïc Wacquant: El trabajo de Bourdieu es una crítica de la dominación

Han pasado diez años desde el fallecimiento del sociólogo francés Pierre Bourdieu. En esta década, la difusión e influencia mundial de su trabajo han crecido exponencialmente, convirtiéndolo en el primer y único cientista social de la segunda mitad del siglo veinte en unirse a Karl Marx, Émile Durkheim y Max Weber como uno de los clásicos de las ciencias sociales. Este hito es destacado con la publicación de Sur l´État, libro basado en las clases que dio en el Collège de France entre 1989 y 1992, y por un conjunto de  conferencias y dossiers publicados en importantes periódicos de varios países. En esta entrevista, Loïc Wacquant, su discípulo más destacado, discute el legado intelectual de Bourdieu y la creciente relevancia del trabajo de su maestro en las ciencias sociales y en el debate público contemporáneo.

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¿Cómo fue su primer encuentro con Pierre Bourdieu?
Conocí a Bourdieu en una clase pública que estaba dando sobre “Cuestiones de política”, una noche gris en noviembre de 1980, en la École Polytechnique de las afuera de París. Luego de la clase, a la que hallé densa y obtusa, la discusión continuó de manera informal junto a un grupo de estudiantes, hasta la madrugada, en la cafetería de la escuela. Allí, Bourdieu escudriñó, con la maestría de un cirujano, las conexiones subterráneas entre la política y la sociedad en Francia, en vísperas de las elecciones de 1981 que condujeron a la victoria de Mitterrand. Fue una iluminación, e inmediatamente pensé: “Si esto es la sociología, eso es lo que yo quiero hacer.” Así fue que comencé a tomar el curso de sociología en la Universidad de París en Nanterre y a faltar a mis clases en la École des HEC (la escuela de economía más importante en Francia) para asistir a las conferencias de Bourdieu en el Collège de France, donde acababa de ser elegido. Al final de cada una de sus clases, lo esperaba pacientemente y lo bombardeaba con preguntas hasta dejarlo exhausto. Desarrollamos la costumbre de regresar a su casa caminando por las calles de París. Era una fabulosa clase privada para un aprendiz de sociología.

¿Cómo lo percibía en relación a otras luminarias del pensamiento francés como Claude Lévi-Strauss, Michel Foucault y Jacques Derrida?
Bourdieu ya era famoso como el autor de Outline of a Theory of Practice, que cuestionaba el estructuralismo mentalista de Lévi-Strauss al preocuparse por capturar las actividades más ordinarias de la gente en situaciones concretas, pero también por ser el autor de La distinción, que refutaba la visión filosófica del gusto defendida por Derrida al revelar que nuestras preferencias más íntimas están permeadas por nuestra posición y nuestra trayectoria en la sociedad. Pero, en ese momento, no comprendía a Bourdieu en relación a otros grandes pensadores, en primer lugar porque no tenía ambición intelectual alguna y también porque él era un hombre muy accesible, caluroso, tímido. Lo veía como el conductor de la revista Actes de la recherche en sciences sociales, a la que me había suscripto a pesar de mis grandes dificultades para leerla. Actes es una revista académica única porque lleva a los lectores a la cocina de las ciencias sociales: nos permite ver el proceso de producción de un objeto sociológico, que se construye rompiendo con el sentido común. Para una generación de investigadores, la mejor manera de aprender de Bourdieu fue leer esa revista que él fundó y editó por un cuarto de siglo. Luego otros descubrieron su pensamiento por medio de la serie de libros breves Raisons d’agir, que lanzó en 1996.

¿Qué adjetivos utilizaría para caracterizar la sociología de Bourdieu?
Bourdieu es un sociólogo enciclopédico. Publicó 30 libros y casi 400 artículos que tratan de los temas más diversos, desde relaciones de parentesco en comunidades rurales hasta escolaridad, clase social, cultura e intelectuales, ciencia, ley y religión, dominación masculina, la economía, el Estado, y la lista sigue. Pero, debajo de una increíble variedad de objetos empíricos, uno puede encontrar un pequeño número de principios y conceptos que dan a su obra una llamativa unidad y coherencia. Bourdieu desarrolló una ciencia de la práctica, que alimenta una crítica de la dominación en todas sus formas: de clase, étnica, sexual, nacional, burocrática, etcétera. Esta ciencia es antidualista, agonística, y reflexiva. Antidualista porque escapa a las antinomias heredadas de la filosofía clásica y la sociología, entre el cuerpo y la mente, lo individual y lo colectivo, lo material y lo simbólico, y combina la interpretación (que busca razones) y la explicación (que detecta causas), así como los niveles micro y macro de análisis. Esta sociología es agonística porque postula que todos los universos sociales, incluso el que aparenta ser más conciliador como la familia o el arte, son sitios de luchas multifacéticas e interminables. Por último, la sociología de Bourdieu se diferencia de otras, incluyendo la de los padres fundadores, Marx, Weber y Durkheim, en que es reflexiva: los sociólogos deben de manera imperativa utilizar sus herramientas para con su oficio a los efectos de controlar las determinaciones sociales que pesan sobre ellos como seres sociales y como productores culturales.

¿Cuáles son los conceptos distintivos que forman el corazón de la sociología de Bourdieu?
Para Bourdieu, la acción histórica existe en dos formas, encarnada e institucionalizada, sedimentada en los cuerpos y concretizada en las cosas. Por un lado, se “subjetiviza” al depositarse en la profundidad de los organismos individuales bajo la forma de categorías de percepción y apreciación, conjuntos de disposiciones duraderas que él llamó habitus. Por otro lado, la acción histórica se “objetiviza” en la distribución de recursos eficaces, que Bourdieu captura con la noción de capital, y en microcosmos que poseen una específica lógica de funcionamiento, que Bourdieu denomina campos (político, jurídico, artístico, etcétera). La agenda de su sociología consiste en elucidar la dialéctica de la historia hecha cuerpo y de la historia hecha cosa, el contrapunto entre habitus y campo, disposición y posición, que nos lleva al corazón del misterio de la vida social. Bourdieu propone que las estructuras mentales (del habitus) y las estructuras sociales (campo) se interpelan, se responden y corresponden unas a otras porque están vinculadas en una relación genética y recursiva: la sociedad moldea las disposiciones, las formas de ser, sentir y pensar características de una clase de personas; las disposiciones guían las acciones por medio de las cuales las personas moldean a la sociedad. Sumemos a esto la idea central de la pluralidad y convertibilidad de las distintas especies de capital: en las sociedades contemporáneas, las desigualdades no surgen solamente de las diferencias entre capital económico (riqueza, ingreso) sino también entre capital cultural (credenciales educativas), capital social (lazos sociales efectivos) y capital simbólico (prestigio, reconocimiento). Si revuelve obtendrá la receta para una sociología agonística flexible y dinámica, capaz de rastrear las luchas materiales y simbólicas por medio de las cuales hombres y mujeres producen la historia.

¿Qué hacer con el compromiso político de Bourdieu, especialmente con sus intervenciones después de la agitación social de 1995, cuando millones de franceses tomaron las calles para protestar contra los planes del gobierno de reducción del Estado de Bienestar?
En verdad, el “compromiso” político de Bourdieu se remonta a sus trabajos de juventud, durante la crisis argelina, desatada luego del levantamiento nacionalista contra el poder francés en 1955-1962. Como recién graduado de la École normale supérieure, se reconvirtió de la filosofía a la antropología -esto es, de la pura reflexión a la investigación empírica- para absorber el shock de esta guerra horrible y para aplicar un ojo clínico sobre la descolonización, que conmovió y finalmente derribó a la Cuarta República. Hacer ciencias sociales fue siempre la forma en que Bourdieu contribuyó al debate cívico. Todos sus libros atienden y reformulan los asuntos sociopolíticos más importantes de la actualidad. Esto es cierto en La reproducción (1970), que devela el mito meritocrático de la escuela liberadora, como lo es de La nobleza de estado (1989) que muestra los mecanismos de legitimación del poder tecnocrático y, por supuesto, del estudio de campo que llevó a La miseria del mundo (1993), publicado dos años antes de su famoso discurso a los ferroviarios en la Estación de Lyon en diciembre de 1995, donde protestaban por los recortes al gasto público. Lo que cambió en este tiempo es la manera en que su compromiso cívico se manifestó. Al principio, enteramente sublimado y a través de su trabajo científico. Luego, asumiendo con gradualidad una forma más discernible, que finalmente lo llevó a acciones concretas, visibles ante el público general. Esto por dos razones. Primero, Bourdieu cambió: envejeció, acumuló autoridad científica y comprendió mejor el funcionamiento de los universos político y periodístico, adquiriendo una mejor capacidad para producir efectos en ellos. Pero el mundo también cambió: en los 90, la dictadura del mercado amenazó directamente los logros colectivos de las luchas democráticas, e intervenir sobre eso se volvió un asunto de emergencia social. Lo que permanece constante es la pasión arrolladora de Bourdieu por la investigación y su devoción a la ciencia, a la que defendió con uñas y dientes contra la usurpación representada en la “filosofía de revista” y el irracionalismo de los llamados posmodernistas.

¿En qué se diferencia la recepción de su trabajo en Francia de la que tuvo en Estados Unidos?
En el extranjero, se lee a Bourdieu sin interferencias políticas y sin el prisma distorsivo de su imagen mediática: como un autor clásico, que creó armas innovadoras y poderosas para pensar acerca de las sociedades contemporáneas y como una importante figura de acción intelectual, que extiende el linaje de Émile Zola, Jean-Paul Sartre y Michel Foucault. En el nido de arañas de París, los prejuicios son duros de matar y algunos han continuado de forma póstuma con la guerra de clanes académicos que enlodaron la recepción de Bourdieu mientras vivía. Mal para Francia…

En su propia investigación, ¿qué toma de Bourdieu y qué hace con él?
Extiendo y reviso sus enseñanzas en tres frentes: el cuerpo, el gueto y el estado penal. En Entre las cuerdas (2004), hago un doble test del concepto de habitus. Primero, como un objeto empírico: distingo cómo uno arma sus esquemas mentales, competencias kinéticas y deseos carnales que, puestos juntos, hacen al boxeador profesional apetente y competente. Segundo, como un método de investigación: adquirí el habitus pugilístico vía un entrenamiento de tres años en un gimnasio del gueto negro de Chicago para facilitar el camino hacia una sociología carnal que trata al cuerpo como un vector de su producción y no como un obstáculo para el conocimiento. En el frente de las inequidades urbanas y étnicas, mi libro Parias urbanos (2008) desarrolla los modelos de Bourdieu para mostrar cómo, con su estructura y políticas, el Estado da forma a la marginalidad urbana en el cambio de siglo, llevando a la emergencia del “hipergueto” en Estados Unidos y de los “antiguetos” de Francia y Europa Occidental. Finalmente, mi investigación sobre la difusión global de las temáticas de “la ley y el orden”, bajo el concepto de “tolerancia cero”, resumidas en Las cárceles de la miseria (1999, expandida en 2009), revela que el retorno de la prisión marca el advenimiento de un nuevo régimen de manejo de la pobreza, que une la “mano invisible” del mercado de trabajo desregulado con el “puño de acero” de un aparato penal intrusivo e hiperactivo. El neoliberalismo no sólo nos trae un “pequeño gobierno” sino también el cambio desde el estado de bienestar social (welfare) hacia el “workfare”, centrado en el trabajo individual, y la expansión masiva de un “estado carcelario” en el lado de la justicia penal. 

Y, al contrario, ¿qué encuentra menos útil o menos relevante en Bourdieu?
La asunción de que existe una correspondencia cercana entre nuestras chances objetivas y aspiraciones subjetivas ya no es válida dada la universalización de la educación secundaria y la disrupción generalizada de las estrategias de reproducción de los hogares obreros, que se enfrentan a la degradación y el encogimiento del trabajo. El marco nacional desde el que Bourdieu construyó sus análisis debe ser ampliado y complementado por un análisis de los fenómenos transnacionales, para los que su propio trabajo provee herramientas conceptuales cruciales, como se desprende del reciente desarrollo de una rama de la teoría de las relaciones internacionales derivada de su trabajo. Como con todos los científicos, debemos tomar los postulados de Bourdieu y llevarlos hasta el límite. Bourdieu sería el primero en incitarnos a hacerlo.

Sus cursos en el Colegio de Francia de 1989 a 1992 acaban de publicarse con el título de Sobre el Estado (2012). ¿Qué es lo que agrega este voluminoso tomo a la sociología de Bourdieu y a la sociología en general?
En cuanto a su forma, es el primero de varios libros por venir, que nos permiten ver a Bourdieu en acción como profesor, yendo a tientas hacia ese “monstruo frío” que nombró Nietzsche; aquellas cosas que nos resultan tan familiares que ya no nos damos cuenta de que de hecho se nos han vuelto invisibles. Al clarificar por qué planteó los problemas del modo que lo hace (aproximarse al Estado a partir de pequeños actos mundanos, como llenar un formulario burocrático o firmar un certificado médico), al señalar las trampas de las que escapa, al revelar sus propios errores, dudas y ansiedades, Bourdieu nos invita a su laboratorio sociológico y nos ofrece una propedéutica sociológica en acción. En cuanto a sus contenidos, Bourdieu vigoriza la teoría del Estado caracterizándola como “el banco central del capital simbólico”: la agencia que monopoliza su uso legítimo, no solamente en términos de violencia física con la policía y el ejército (como propuso Max Weber hace un siglo) sino también la violencia simbólica. Esto es, la capacidad para otorgar categorías y asignar identidades, en particular desde el sistema escolar y el derecho, y entonces el poder de veridicción del mundo. El libro sigue los pasos a la increíble serie de invenciones históricas a través de las cuales “la casa del rey”, fundada en la apropiación y transmisión dinástica de poderes, se transformó rápidamente en “razón de Estado”, fundada en credenciales académicas y reproducida por medios burocráticos. El Estado, así, emerge como una institución de dos caras, como el dios Jano: por un lado, es un vehículo usado por aquéllos que construyen y mueven sus palancas, para crear un universalismo que los beneficie; por otro, es el medio a través del cual es posible avanzar hacia el universalismo y así promover la justicia.

¿Qué pensaría Bourdieu de la actual crisis económica europea y de la forma en que está amenazando sus concepciones del Estado como regulador y protector?
Con perspectiva en la larga duración, el libro provee herramientas precisas para capturar mejor lo que está en juego en las luchas políticas inducidas por el crash financiero y monetario que ha sacudido el mundo. Nos recuerda que son los Estados los que construyen mercados y, por lo tanto, quienes pueden reinar sobre ellos, siempre y cuando quienes los dirigen impulsen la voluntad política colectiva en esa dirección. El análisis de Bourdieu sugiere que las expresiones aparentemente científicas -como las agencias evaluadoras de deuda- en torno a las cuales el orden económico se hace fuerte no son más que una serie de golpes de Estado simbólicos. Descansan simplemente en la creencia colectiva, una confianza acicateada por quienes responden a esos mecanismos (comenzando con los medios masivos de comunicación). Sobre esto es bueno releer el capítulo del pequeño libro de Bourdieu titulado Contrafuegos (1998), donde critica lo que bautizó como “Pensamiento Tietmeyer” (tal era el apellido del alemán que presidía el Bundesbank el principal apóstol del euro), luego convertido en “Pensamiento Tricht” y “Pensamiento Draghi”. Es la idea de una dictadura financiera como ineluctable, cuando es fundamentalmente arbitraria y dura sólo a causa de la servidumbre voluntaria de los líderes políticos.

¿Qué es lo que más extraña desde la muerte de Bourdieu y qué deberíamos retener de su vida?
Personalmente, sus llamadas de teléfono a las dos de la mañana de Berkeley, que solían comenzar con un toque de ansiedad y culminaban invariablemente a las risas, y donde me infundía una energía eléctrica. Los desayunos que teníamos en su cocina diminuta, en los que se mezclaba todo: investigación académica, discusión política y consejos de vida, todo esto sumergido en sociología. Aunque lo niegue en La sociología es un deporte de combate, la película que Pierre Carles hizo sobre él, Bourdieu nunca se sacaba sus lentes sociológicos. Pero el autor de El sentido práctico (1980) está aún presente y vive entre nosotros, a través de la miríada de trabajos que su pensamiento estimuló en todo el planeta. Bourdieu es ahora el nombre de una empresa colectiva de investigación que atraviesa todas las barreras entre disciplinas y países, estimulando una ciencia social rigurosa, crítica del orden establecido y dispuesta a ampliar el espectro de posibilidades históricas. 

Por Patricio Dean Loïc Wacquant, sociólogo y discípulo de Pierre Bourdieu, analiza la vigencia del pensador francés a diez años de su muerte.

Traducción: Ignacio Pardo 
y Javier Auyero
Derechos cedidos por 
Loïc Wacquant y Javier Auyero
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