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Migraciones: un planeta en movimiento.

El programa Migraciones: Un planeta en movimiento, tiene como punto de partida la exposición con el mismo título, organizada por La Casa Encendida y Le Monde Diplomatique en Español, que podrá visitarse hasta el próximo 5 de Enero.
En ella se hace un recorrido histórico por los desplazamientos de población, que por causas económicas, ecológicas, políticas o sociales, han alterado de forma progresiva, el diseño del mundo. Así mismo, se promueve una mirada reflexiva que ayuda a comprender la realidad del emigrante, dentro de un marco sistémico más amplio, el de la globalización actual, como coyuntura heredada de un amplio abanico de migraciones históricas.

La nueva emigración de jóvenes españoles hacia otros países occidentales, o hacia países emergentes, da contenido a una performance que acerca el complejo fenómeno migratorio a la realidad española actual.
Participan:

  • Blanca Azcárate, Profesora Geografía e Historia UNED; 
  • Ferrán Montesa, Director Le Monde Diplomatique en Español; 
  • José Sanchís Sinesterra, Director Nuevo Teatro Fronterizo.
  • Producción y realización: CEMAV.

GEOGRAFIA E HISTORIA, ECONOMÍA, SOCIOLOGÍA, POBLACIÓN.

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Foucault sobre la Revolución y los Intelectuales por Ariel Mayo

Michel Foucault (1926-1984) fue testigo del proceso que llevó al triunfo a la Revolución Iraní en enero de 1979. En el otoño boreal de 1978 recorrió ese país como periodista, enviado por el Corrière della Sera. Allí fue testigo del comienzo del levantamiento que marcó el final del régimen del sah. En un primer momento, Foucault saludó con entusiasmo la rebelión popular contra el régimen dictatorial del sah; posteriormente, y ante el cariz integrista tomado por la Revolución, se mostró muy crítico frente al nuevo régimen. Fruto de esta experiencia es el texto en cuestión, un artículo periodístico en el que Foucault reflexiona sobre la Revolución triunfante en Irán en enero de 1979. (1)
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Para los fines del análisis el artículo puede dividirse en tres áreas temáticas: a) la cuestión del carácter y los resultados de la Revolución Iraní; b) la distinción entre sublevación y revolución; c) la concepción que hace de la sublevación el límite último de toda forma de poder. (2). Cabe aclarar que el ordenamiento de estas áreas no se corresponde con la manera en que las mismas se presentan en el artículo; hemos procedido así para facilitar la exposición.
 
A) El carácter de la Revolución Iraní.
 
Ante todo, hay que decir que Foucault escribe luego de la victoria de la Revolución, cuando el ayatolá Ruhollah Jomeini (1902-1989) ya había alcanzado el control del nuevo gobierno. Esto es importante, porque ya estaba claro cuál iba a ser la orientación del nuevo régimen, en el que la línea teocrática había logrado la primacía sobre las demás (suele perderse de vista la existencia de corrientes laicas – democráticas, nacionalistas, comunistas, etc.- en el proceso revolucionario iraní que culminó en el derrocamiento del Sah). Es por ello que Foucault modifica su posición inicial de apoyo a la Revolución: “Ciertamente no da ninguna vergüenza cambiar de opinión, pero no hay ninguna razón para decir que se cambia de opinión cuando se está hoy contra la amputación de manos, tras haber estado ayer contra las torturas de la Savak.” (p. 87) (3). Y en otros pasajes del texto hace referencia a “formas de xenofobia virulenta” (p. 86), a la “sujeción de las mujeres” (p. 86), al “gobierno sangriento de un elegido integrista” (p. 87). Todo esto es significativo para deshacer la leyenda que hace de Foucault una especie de pervertido que, en su inmensa perversidad, apoyó la consolidación de una teocracia en el Irán posrevolucionario.
 
Sin embargo, la percepción del rumbo adoptado por la Revolución no impidió a Foucault tomar nota de la grandeza del acontecimiento revolucionario. Así, remarca que la actitud dual de los nuevos gobernantes iraníes, apoyándose en la “sublevación” para justificar su régimen y, a la vez, descualificando el hecho mismo de la “sublevación” porque esta dio origen a un gobierno de mulás (4), refleja el miedo [ante] lo que el mundo desde hace tiempo no había dado ejemplo” (p. 87). En otras palabras, Foucault valora el hecho mismo de la “sublevación”, independientemente de sus resultados. En la sección siguiente discutiremos esta cuestión, que refleja los límites de la teoría foucaultiana del poder.
 
Antes de terminar con esta sección, corresponde hacer una observación en tanto lectores latinoamericanos de este artículo. Cuando Foucault escribe que la Revolución Iraní hizo algo que el mundo “hace tiempo no había dado ejemplo” deja de lado un proceso que se estaba desenvolviendo en el momento mismo en que Foucault redactaba su artículo, esto es, el ascenso de la Revolución Sandinista (que resultó triunfante el 19 de julio de 1979). Claro está que la Revolución Sandinista pertenece a un modelo un tanto diferente al de la “sublevación” esbozado por Foucault en el artículo que estamos analizando.
 
B) La distinción entre “Sublevación” y Revolución.
 
La “Sublevación” constituye, según Foucault, el límite último, la frontera que el poder no puede franquear. Es por ello que Foucault se ve obligado en este artículo a desarrollar la manera en que concibe las posibles formas de desafiar exitosamente al poder en nuestra sociedad. De ahí la importancia del texto en cuestión.
 
¿Qué entiende Foucault por “Sublevación”?
 
“El movimiento mediante el cual un solo hombre, un grupo, una minoría o un pueblo entero dice: «No obedezco más», y arroja a la cara de un poder que estima injusto el riesgo de su vida.” (p. 83). Es oportuno hacer dos comentarios a esta afirmación:
 
a) la “sublevación” así definida es más un movimiento ético, una reacción pasional y visceral contra la opresión, que un movimiento político. La política (cualquier política, ya sea la de los opresores o la de los oprimidos) se caracteriza fundamentalmente por contruir organización para llevar adelante determinados objetivos (ya sea la construcción de un partido de revolucionarios profesionales para tomar el Palacio de Invierno en la Rusia de 1917; o la conformación de una hegemonía en torno a la Mesa de Enlace para voltear las retenciones en la Argentina de 2010). En el caso de la “sublevación”, se trata de una reacción desesperada de quien no quiere someterse más; es, en el sentido fuerte de la expresión, algo que está «fuera de la historia» (p. 84), es un “desgarramiento que [interrumpe] el hilo de la historia” (p. 84).
 
Ahora bien, en la citada formulación del concepto foucaultiano de “sublevación” residen tanto la fortaleza ética como la debilidad política del uso del citado concepto. Esto es así pues la “sublevación, por su carácter esencialmente ahistórico (está dirigida contra la “opresión en general”, no contra una opresión determinada), adopta la forma de explosión repentina que se consume en su mismo, dejando el poder y el control de la situación en manos de quienes son capaces de organizarse concientemente. La “sublevación” puede destruir un régimen opresivo (es por eso que Foucault dice que la “sublevación” también está en la historia – p. 84 -), pero es incapaz de organizar una fuerza capaz de construir un orden, una forma de vida diferente (por eso la “sublevación” está “fuera de la historia” – p. 84 -.).
 
b) La rebelión (aquello que Foucault designa como “sublevación” en este artículo) tiene sentido histórico en la medida en que es colectiva. Hablar, como lo hace Foucault, de la “sublevación” de “un solo hombre” es abandonar la política y deslizarnos hacia el terreno de la ético. En otras palabras, es referirnos a cosas diferentes. Por supuesto, afirmar esto no implica desconocer el inmenso valor que tiene el individuo que se planta en solitario y dice “¡No!”, contra toda esperanza y sin esperar nada a cambio, salvo la salvaguarda de su propia dignidad. Tiene que estar claro que toda política revolucionaria tiene que comenzar, necesariamente, por el respeto a la dignidad de los seres humanos, que son el sujeto y no el objeto de una política dirigida a transformar radicalmente la sociedad. Pero el gesto individual no trasciende el momento de dar testimonio, mientras que la política es, sobre todas las cosas, una práctica esencialmente colectiva, en la que los gestos, las palabras y las acciones tienen como destinatario al/los otro/s.
 
Foucault señala que el doble carácter de la “sublevación” (esto es, el estar simultáneamente afuera y adentro de la historia) es el que permite comprender “por qué las sublevaciones han podido encontrar tan fácilmente su expresión y su dramatización en las formas religiosas” (p. 84). Esta afirmación plantea de manera particular una cuestión más general, que excede largamente el terreno de lo religioso, y que es la problemática de la conciencia política de los sectores populares. En el caso de éstos últimos, se vuelve perentoria la necesidad de encontrar un anclaje, una referencia, en lo que es terreno conocido. En este sentido, Rodolfo Walsh dijo alguna vez que las masas se replegaban siempre sobre aquello que les era más familiar. Esta afirmación, que Walsh (1927-1977) realizó en un contexto de profunda derrota, es todavía más válida para el caso de los avances de los sectores populares. La religión constituyó durante la inmensa mayoría de la historia humana ese horizonte conocido, y sólo el desarrollo del capitalismo empezó a horadar esas certezas, generando por primera vez la posibilidad del desarrollo de formas de conciencia laica, que no precisaban de referencias religiosas para expresar sus planteos políticos.
 
Ahora bien, y más allá de lo expresado en el párrafo anterior, la puntualización que hace Foucault tiene el defecto de fortalecer de manera indirecta a la religión, pues al convertirla en el ropaje privilegiado que viste la “sublevación” (el movimiento “fuera de la historia” por antonomasia), tiende a reforzar el supuesto carácter ahistórico de la religión. Así, ésta opera como “la manera misma de vivir las sublevaciones” (p. 84), dado que ella misma remite a un “mundo” trascendente que se encuentra fuera de la historia. Como quiera que sea, para comprender el papel de las religiones, sus símbolos y su vocabulario, en las “sublevaciones”, es necesario seguir otro camino, que pasa por estudiar el rol que juega la religión en la vida cotidiana de los sectores populares en una época y lugar determinados. Sólo así la religión puede ser redimida de toda la fantasmagoría de la trascendencia.
 
En el texto, Foucault opone la “sublevación” a la revolución. ¿Qué entiende por esta última? Ante todo, la concibe como “un gigantesco esfuerzo por aclimatar la sublevación en el interior de una historia racional y dominable” (p. 84), y este esfuerzo se viene realizando “desde hace dos siglos” (p. 84). La revolución es, en el sentido foucaultiano, la Anti-Sublevación. Es por ello que la revolución procura encauzar la “sublevación” dentro de “condiciones previas, objetivos y maneras de cumplirse” (p. 84). Significa el esfuerzo por introducir a la fuerza a la “sublevación” en la historia, para de ese modo domesticarla y ponerla al servicio del poder. Hay que tener en cuenta que, según Foucault, toda forma de saber es una forma de poder; de ello se deriva que la constitución de un saber de la “sublevación” implica forzosamente el sometimiento de la sublevación al poder.
 
En este punto hay que detenerse y hacer una observación sobre el lenguaje empleado por Foucault en el artículo, pues el carácter abstracto (es decir, ahistórico) de la oposición “sublevación” versus “revolución” dice mucho acerca de su manera de concebir el poder. Cuando Foucault escribe que “la era de la revolución” comenzó hace dos siglos, no está aludiendo a la Revolución en tanto entidad metafísica enfrentada a otra entidad no menos abstracta denominada “sublevación”, sino que se está refiriendo al ciclo de las Revoluciones Burguesas (entre las que se encuentra la Revolución Francesa de 1789-1794). Que Foucault prefiera la oposición metafísica “sublevación” versus “revolución” indica que, en último término, coloca el problema del poder en un nivel que está más allá de lo histórico. En nuestra opinión, esta es la falencia más fuerte de la teoría foucaultiana de la política y el poder.
 
Pero, al concebir la oposición entre “sublevación” y “revolución”, no alude solamente a las Revoluciones Burguesas. Al afirmar en el texto que “se ha definido, incluso, la profesión de revolucionario”, está haciendo referencia, de manera velada, a los partidos de izquierda que siguieron el modelo bolchevique de organización política. Este no es el lugar para hacer la crítica de la práctica leninista, pero si corresponde señalar que la misma representa, independientemente de las valoraciones que se hagan sobre los resultados obtenidos por ella, una forma de política obrera que se enfrentó a la práctica política de la burguesía (la clase que llegó al poder justamente por medio de las Revoluciones Burguesas). Al ubicar implícitamente en el mismo espacio a los revolucionarios profesionales de tipo leninista y a los jacobinos de la Revolución Francesa, Foucault pasa pone al poder fuera de la historia, pues diluye las enormes diferencia entre el contenido de clase de una y otra forma de política.
 
Buenos Aires, 6 de agosto de 2010
 
NOTAS:
(1) El título original es “Inutile de se soulever?” y se publicó en LE MONDE, nº 10661, 11-12 de mayo de 1979, p. 1-2. En todos los casos utilicé la traducción española de Ángel Gabilondo, “¿Es inútil sublevarse?”, incluida en Foucault, Michel. (2002). Dichos y escritos. Madrid: Editora Nacional (vol. 2, pp. 83-89). Corresponde decir que la edición española que citamos es un tanto desmañada, ya que contiene varios errores tipográficos.
(2) Puesto que Foucault utiliza el término “Sublevación” en un sentido específico (que aclaramos luego en el texto), hemos optado por escribirlo entre comillas, para poderlo distinguir así del uso habitual del mismo.
(3) La Savak era la abreviatura de la Organización de Seguridad e Inteligencia Nacional, denominación que recibió el organismo encargado de detener, torturar y asesinar opositores en el Irán del sah. Funcionó desde 1957 hasta 1979. La amputación de una mano es el castigo que reciben los ladrones reincidentes de robo según la sharía o ley islámica, adoptada por el gobierno revolucionaria iraní.
(4) El término mulá designa en las comunidades musulmanas chiitas a las personas versadas en el Corán y en la jurisprudencia islámica.
Ariel Mayo, administador del Blog: miseriadelasociologia.blogspot.com.ar
Licenciado en Sociología en UBA. Es profesor en la Universidad Nacional de San Martín y en el Instituto Superior del Profesorado Dr. J. V. González.

Spanish Revolution ¿Qué ha pasado aquí? (Documental)

El pasado 15 de mayo nace en España un movimiento protesta en las calles que moviliza a miles de personas en nuestro país. Lo que empieza con convocatoria de rechazo a la Ley Sinde en las redes sociales ha terminado canalizado en el desencanto de buena parte de la sociedad con los partidos políticos y las medidas contra la crisis.

El 15M pone el foco informativo mundial en Madrid. La Puerta del Sol se convierte en el icono del descontento social en todo el planeta, dando origen a la llamada #SpanishRevolution. laSexta ha seguido el movimiento desde su origen, dando voz a sus protagonistas y analizando la evolución de las protestas.

La intrahistoria del movimientoAhora, medio año después de que prendiera la chispa de las protestas, laSexta estrena el documental de producción propia #SPANISH REVOLUTION: ¿QUÉ HA PASADO AQUÍ? en el que analiza en profundidad lo ocurrido en estos últimos seis meses.

#SPANISH REVOLUTION: ¿QUÉ HA PASADO AQUÍ? es el primer documental que examina el 15M desde todos los ángulos, empezando por la intrahistoria del movimiento. ¿Por qué pasa esta manifestación de mediados de mayo a convertirse en un movimiento que determina la vida política y social de un país durante meses?

La violencia en el 15MEn #SPANISH REVOLUTION: ¿QUÉ HA PASADO AQUÍ? analizamos también la violencia que ha rodeado al movimiento desde su origen: “la carga de la limpieza”, el desalojo violento que acometen los mossos en la Plaza de Catalunya; el asedio de los indignados a los diputados del Parlament el día en que aprobarían los presupuestos y las cargas de la Policía en Madrid durante la visita del Papa.

El documental cuenta también con una entrevista a Felipe Puig, en la que el consejero de Interior de la Generalitat se declara precursor del modo de tratar este movimiento. Puig alardea de que su método ha inspirado a las autoridades de Nueva York o Jerusalén ante protestas similares y se remite al dicho popular de que “quien con niños se acuesta, mojado se levanta”.Expansión internacional y cobertura mediáticaEl documental de laSexta analizará también la expansión internacional de este movimiento político. Relacionaremos lo ocurrido en España con la Primavera Árabe o con la manifestación global del 15 de octubre.

#SPANISH REVOLUTION: ¿QUÉ HA PASADO AQUÍ? buceará también en la cobertura de lo ocurrido en estos meses, analizando el tratamiento que ha recibido en la izquierda y la derecha mediática. Contaremos con el testimonio de periodistas de distintos medios, que analizarán todas estas cuestiones.

Los seis principios sociológicos que rigen la moda

“La industria de la moda es un hecho social total”, asegura en su libro “Sociología de la moda” el investigador francés Frédéric Godart al descorrer el velo de una industria clave del modo de vida contemporánea con seis principios que explican un mercado simbólico, artístico, competitivo y productivo que late al pulso de cada período histórico.

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Desfiles, creaciones únicas, diseñadores súper estrellas, la dualidad económica y artística, las fábricas en todo el mundo, los trabajos seriados, símbolos y significados de cada época, estilos y acciones que hablan de un momento y, al final, el qué ponerse -femenino sobre todo- de cada día, son las capas de ese monstruo gigante que trata de desenmarañar este investigador francés.

 Godart se adentra -y recrea- este universo millonario donde “la construcción de sentido es central”, echa por tierra esa suerte de “movimiento continuo” que tiene para establecer un cambio regular de la moda, resultado de “un largo proceso histórico” con gran peso en “las capitales de la moda”.

Como comportamiento social, la moda aparece en algún momento del siglo XIV, pero Godart sostiene que al menos hace medio siglo “ocupa un lugar central en nuestras vidas”, sin embargo, la industria como tal la identifica como algo “misterioso e inasible” donde sus cambios de tendencias -y las causas que los provocan – se encuentran aún en las sombras.

Así, Godart analiza los mecanismos de influencia social que generan las tendencias propias de la moda, su creciente autonomía estética y creativa (que en ciertos aspectos las emparenta al arte), el culto a los modistos -entendidos como genios creadores- y las pautas que establecen las grandes marcas, tanto por sus diseños como por la puesta en escena de los desfiles.

Para el autor de este libro recientemente publicado por Edhasa, la investigación profunda a nivel mundial sobre la moda es algo “floreciente”, sin embargo en su obra logra identificar y dilucidar “seis principios que conforman un ideal estilizado” pero en clave sociológica aclara “puede que se contradigan” porque  cada uno tiene su lógica propia.

El primero es la “afirmación”, una mezcla delicada de imitación y distinción. Históricamente la moda comienza como un instrumento de afirmación de poder por parte de la burguesía frente a la aristocracia. Con este punto de partida, hoy tanto las palabras que se emplean, las marcas de auto o la pilosidad facial van también con el vaivén de la moda configurando señales de identidad sometidas a una industria.

“La moda hoy se presenta como la hija del lujo y del capitalismo”, dice Godart aunque aclara que abraza otras esferas sociales haciendo que la afirmación esté presente en todo tipo de moda “industriales o no”.

La convergencia, indica el autor, es otra clave que se manifiesta en las tendencias como “fenómeno de influencia y centralidad” que dirimen el consumo. Es en este punto donde se aplican los mecanismos de control sobre la producción por grupos centrales organizados que “reducen al máximo los riesgos” económicos.

Lejos de este principio mercantil, Godart propone “autonomía” en la definición de estéticas y dinámicas creativas que permite que la moda “se despliegue en escenarios sociales determinados” donde se despliegan lógicas propias y no las sometidas “a desideratum” de consumidores y productores.

Un paso más se da con “la personalización” donde el individuo está en el centro de la escena, lo que no significa -apunta- que “las elecciones sean realmente autónomas”. Una vez aclarado esto, bucea sobre “la creencia de la autonomía” donde el mercado impulsa al genio creador “olvidando la realidad organizacional de la moda”.

A este teatro de las elecciones personales, le sigue “la simbolización” donde las marcas -o la construcción de ellas- toman por asalto las creaciones y le imprimen significado y, por ende, poder.

Los consumidores reales no tienen acceso a los diseñadores más influyentes -de hecho la cadena productiva es muy larga-, los que sí acceden son pocos: compradores de grandes filiales de producción, alguna celebrity que imprima status y periodistas especializados.

Así, a través de los medios de comunicación  -transmisores o filtros entre los creadores y consumidores finales- la palabra de la moda se esparce, se legitima como consumo cultural actual y educa a un público sobre la importancia de vestir tal o cual marca. Un ejemplo es el sitio The Sartorialist, que permite ver panorámicamente los modelos “de moda” en cada momento.

El ejemplo de influencia de las épocas por antonomasia es la revista Vogue -cuyo dinámica fue llevada al cine con la película “El diablo se vista a la moda”- que instala cambios, nombres y tendencias, siempre con epicentro en las colecciones y desfiles de París, Nueva York y Londres.

De los símbolos tangibles Godart pasa a la sistematización o los que él llama “imperio”, un tipo de organización que “apunta al triunfo de los conglomerados de empresas en las industrias culturales” y que no compite ya con el resto. 

Estas claves sociológicas son mutables antes cambios políticos, económicos y productivos.

Cambian los gustos, las tendencias de los consumidores como el slow fashion (moda lenta) y hasta puede sucumbir un creador estrella ante un designio del poderoso imperio.

La moda no es “impenetrable”, dice Godart al final.

Fuente: Telam

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