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Herbert Marcuse: ¿Nuestra sociedad es un mundo racional?
“Es irracional el hecho de que el mundo racional destruya a los individuos y a sus necesidades y capacidades; que la paz se mantenga mediante la amenaza de constante de guerra y que, a pesar de la existencia de medios suficientes, sigan existiendo personas pobres, reprimidas, explotadas e incapaces de realizarse”
Herbert Marcuse
“Ni hemos vivido por encima de nuestras posibilidades ni es cierto que no haya alternativas a la crisis” por Luis Palomo
En los últimos meses se están instalando en la conciencia colectiva dos asertos que tienen la finalidad de preparar a la ciudadanía para que, por un lado, acepte como inevitables las medidas económicas restrictivas que se pondrán en marcha y, por otro, para que sienta que no hay otras soluciones posibles: “es lo que hay”, o “es lo que toca”, es el mantra que repetimos sumisamente y es el primer paso para autoconvencernos de que no hay respuesta posible. Lo que se está consiguiendo es asustar a la población, retraer el consumo e impedir que aflore deseo de cambio.

En mi opinión no es verdad que hayamos vivido por encima de nuestras pwosibilidades. Al menos no los diecisiete millones de personas que vivimos de nuestro trabajo, los pensionistas, los milieuristas, los cinco millones de parados, la mayoría de los estudiantes, etc… Tampoco es verdad que no haya alternativas a esta forma de superar la crisis, porque hay economistas y estudiosos que piensan que las medidas actuales están hundiendo la economía real y que son posibles otras medidas incentivadoras y fiscales, como se explica en el libro de los profesores Navarro, Torres y Garzón, que se puede descargar en: http://www.attac.es/web/uploads/Hay-alternativas-web.pdf.
En el campo de la sanidad, el que mejor conozco, a partir del análisis de datos que ofrece J. Simó en: http://saluddineroy.blogspot.com/2012/02/vivir-por-encima-de-nuestras_15.html, se puede afirmar que durante los años previos a la crisis el crecimiento del gasto sanitario público per cápita ha sido muy similar al crecimiento del PIB, tanto en términos nominales como en términos reales. Este resultado respalda muy escasamente que en sanidad pública hayamos “vivido por encima de nuestra posibilidades”.
El gasto per cápita en farmacia de receta es el único que claramente crece, tanto en términos nominales como reales, muy por encima del PIB durante todo el periodo. Tanto el gasto per cápita en atención especializada como el gasto per cápita en atención primaria crecen igual o menos que el PIB. Llamativo el decenio (1996-2006) durante el cual el crecimiento de gasto en atención primaria es claramente inferior al crecimiento del PIB. El gasto en atención especializada crece claramente por encima del PIB a partir de 2005, muy probablemente influido por el crecimiento del gasto en farmacia hospitalaria que, como sabemos, ha sido exponencial durante los últimos años. Por lo tanto, si en alguno de estos tres sectores funcionales hemos vivido “por encima de nuestras posibilidades” ha sido clarísimamente en farmacia de receta. Y si en alguno hemos “vivido por debajo de nuestras posibilidades” ha sido claramente en atención primaria.
En gasto de personal no “se ha vivido por encima de nuestras posibilidades” en la sanidad pública, sino todo lo contrario: en gasto de personal es en lo que más claramente se “ha vivido muy por debajo de nuestras posibilidades”. Por lo tanto, son mucho más injustos los recortes en los salarios del personal que las reducciones de precios en farmacia de receta, que deberían ampliarse a los precios de la farmacia hospitalaria.
En realidad lo que está pasando es que el neoliberalismo no soporta que los servicios públicos sean ofertados por el Estado de manera universal y gratuita cuando las empresas del sector de los seguros, de la construcción, de la gestión de servicios, etc…, podrían obtener enormes beneficios si se considerasen un bien de consumo, una mercancía, en vez de un conjunto de derechos sociales y una manifestación de la solidaridad.
A los poderes económicos que están detrás de la privatización y de la fragmentación de la prestación de servicios sanitarios no les importa que en España disfrutemos de unos indicadores de salud equiparables a los de los mejores países del mundo (esperanza de vida, mortalidad infantil, etc…); ni que el sistema sanitario esté muy bien considerado por la población; ni que sea comparativamente barato, en relación al coste del sistema sanitario de países de nuestro entorno. Esos poderes, aprovechando la crisis económica, están sembrando en la sociedad la duda sobre la viabilidad de nuestro Sistema Nacional de Salud. Afirman que no podemos seguir manteniendo nuestra sanidad pública porque resulta muy costosa.
En realidad esta opinión no es nueva. Ya en los años ochenta del siglo pasado, coincidiendo con el apogeo de las ofensivas neoliberales, el Banco Mundial recomendaba a los sistemas sanitarios trasladar a los usuarios los gastos en la utilización de las prestaciones, ofrecer esquemas de aseguramiento para los principales riesgos, incrementar la utilización de recursos privados y descentralizar los servicios sanitarios públicos. Desde entonces, no son pocos los países que han introducido reformas en ese sentido, entre otras 1/ la financiación directa de la atención sanitaria por parte de la población (copagos, tickes moderadores, pagos hosteleros,….); 2/ la autonomía hospitalaria, como medio de introducir competitividad entre hospitales (fragmentando los servicios, seleccionando a los pacientes más rentables, devaluando la función de la atención primaria y tomando como indicadores de calidad asistencial la disminución del gasto, en lugar de la modificación positiva del estado de salud de la población); 3/ el establecimiento de “acuerdos cooperativos”, “mercados internos” y “libre elección”, iniciativas que introducen mecanismos de ahorro que atentan a la calidad asistencial, porque priman la obtención de pluses económicos en detrimento de resultados en salud. En estas situaciones, como el consumidor no puede juzgar el servicio recibido, la competencia no suele establecerse en la calidad, pero sí en los precios, en las comodidades o en el marketing; 4/ la gestión privada de servicios públicos, con la consiguiente parasitación de lo público por lo privado; y 5/ la contención del gasto farmacéutico.
Estas medidas tienen efecto en la organización asistencial y en los indicadores sanitarios; en la eficiencia en la aplicación de la atención sanitaria, en la empleabilidad del sector y, en última instancia, en la economía real. La experiencia en muchos países en desarrollo de diferentes latitudes es desalentadora. Algunos, como Sri Lanka y China, con sistemas de salud fuertes y satisfactorios, que están promoviendo la privatización o la autonomía de sus hospitales, o como la mayoría de los países africanos, que están facilitando la descentralización de los servicios, obtienen peores resultados sanitarios, con un aumento de la injusticia y de la ineficacia. La experiencia latinoamericana ha demostrado que la privatización no es mejor que el mantenimiento de sistemas públicos unificados. Desde que la India aceptó a someterse al ajuste estructural, en 1990, su presupuesto para salud pública ha sido amputado en un 30 %, y el programa antimalaria en un 40 %. Se agravan viejos problemas, como el hambre, la malaria, la tuberculosis; surgen otros nuevos: SIDA, psicosis, adicciones, violencia en todas sus formas; y se mantienen las desigualdades de género y de etnia y los problemas de abastecimiento básico: agua y alimento. La infancia y la vejez se debilitan y se feminiza la pobreza.
Cuando se reduce la financiación del conjunto de los servicios sociales públicos de un país, las previsiones indican que por cada 80 € recortados la mortalidad general puede incrementarse casi un 1% (0,99%); la debida a problemas relacionados con el alcohol puede subir un 2,8%, las muertes por tuberculosis aumentarían un 4,3% y la mortalidad cardiovascular un 1,2%. En España, los datos de evolución de la esperanza de vida difundidos por el INE relativos al primer semestre de 2011, muestran que por primera vez en cincuenta años la esperanza de vida rompe su tendencia creciente y disminuye (ahora está en 81,87 años de media para ambos sexos, ocho centésimas menos que en 2010). Aunque es prematuro achacar este mal dato a las consecuencias de la crisis, llama la atención que haya habido este descenso en un año en que han disminuido las muertes por accidente de tráfico, que es la causa de mortalidad que más contribuye a alargar la esperanza de vida.
La historia nos enseña que la expectativa de vida al nacer decreció en Rusia 7 años entre 1991 y 1994, como si el país estuviera en guerra, y que todavía sigue siendo de 65 años, cuando en 1988 era de 70. Deberíamos extremar la vigilancia sobre los indicadores de salud y sobre la evolución del coste de los servicios sanitarios, no vaya a ser que si continúa el desmantelamiento de los servicios públicos vivamos situaciones como las que afectaron a los estados del Este de Europa.
Fuente: Reeditor
Las semejanzas entre la Gran Depresión y ahora
Este artículo analiza las grandes similitudes que existen entre la época previa a la Gran Depresión de principios del siglo XX y ahora. El artículo subraya también las semejanzas que existen entre las respuestas que inicialmente hicieron los gobiernos estadounidenses y europeos a la Gran Depresión con las respuestas de tales gobiernos ahora, señalando la diferencia entre Estados Unidos y Europa.
En el último número (Ene-Feb 2012) de la revista de economía “Challenge”, publicada en EEUU, hay un artículo (“The 1929 Crash and the Great Recession of 2008: Why the Policy Response Is Different but Not Different Enough”) muy interesante del profesor Yiannis Kitromilides, del Center for International Business and Sustainability de la London Metropolitan University, que analiza los escritos de uno de los economistas que mejor ha estudiado las causas de la Gran Depresión de principios del siglo XX y sus consecuencias, el famoso John Kenneth Galbraith. Tal artículo muestra los enormes paralelismos que existen entre la situación que desembocó en la Gran Depresión y la situación actual, tanto en EEUU, como en la Unión Europea (UE). La enorme concentración de la riqueza y de las rentas en sectores muy minoritarios de la población, la escasa regulación de los mercados financieros, la gran regresividad fiscal, el gran desempleo y los bajos salarios son situaciones que caracterizaron el periodo pre-Gran Depresión y también el existente ahora. Pero el profesor Kitromilides señala no sólo las semejanzas en la situación pre-Gran Depresión de entonces con las de ahora, sino que también muestra las similitudes en las respuestas de los gobiernos estadounidense y europeos de entonces, con las respuestas de los mismos Gobiernos ahora.
En realidad, el artículo nos recuerda que incluso el candidato Franklin D. Roosevelt llevaba en su programa la propuesta de equilibrar el presupuesto del Estado Federal, reproduciendo así la sabiduría convencional del establishment estadounidense de aquel momento. Fue la presión popular y el enorme deterioro de la situación económica -consecuencia de las políticas de austeridad que habían caracterizado el periodo pre-Gran Depresión-, lo que hizo cambiar al Presidente Roosevelt, iniciando un giro de 180 grados en sus políticas públicas, iniciando las políticas de inversiones masivas, tanto en infraestructuras físicas como sociales, reforzando además a los sindicatos, a fin de que aumentaran los salarios y con ello el consumo y la demanda. El Presidente Roosevelt y su Administración, regularon la banca, estableciendo la Ley Glass-Steagall que dificultó los comportamientos especulativos de la banca (Para ver una exposición de las políticas públicas del New Deal, leer mi artículo “Como salir de la II Gran Depresión” Sistema Digital 29.05.09, colgado en mi blog http://www.vnavarro.org, sección política económica).
Es interesante notar la enorme hostilidad que el establishment financiero tenía hacia el profesor John Kenneth Galbraith. Éste había sido subdirector de la Agencia Federal encargada durante la II Guerra Mundial de controlar los precios de los bienes y consumos, lo que le creó grandes enemistades en el mundo empresarial, puesto del que tuvo que dimitir en 1943 por presiones de las fuerzas conservadoras que dominaban el Congreso de EEUU, para las cuales el profesor Galbraith mostraba “tendencias comunistas peligrosas”. Tuve oportunidad de conocerle personalmente en los años setenta. Era amigo de Paul Sweezy, fundador de la revista Monthly Review, otro gran economista odiado por el establishment económico y financiero estadounidense. Sweezy me honró con su amistad y a través de él conocí a Galbraith. Cuando éste fue Presidente de la Asociación Americana de Economistas en 1972, favoreció la creación de una asociación de economistas críticos, que más tarde establecieron la bien conocida Union for Radical Political Economics (URPE), de la cual yo fui miembro activo. Muy crítico de la sabiduría convencional que imperaba en los círculos económicos, John Kenneth Galbraith citó frecuentemente el Gran Crash como ejemplo de lo equivocadas que eran las teorías económicas dominantes. Tales políticas, que hoy definiríamos como neoliberales, tuvieron un impacto devastador.
Es un indicador del sesgo neoliberal de la mayoría de los premios Nobel de Economía (otorgados, no por la Fundación Nobel, sino por la banca escandinava) que, mientras Milton Friedman, cuya interpretación del Crash se ha manifestado como errónea, recibió tal galardón, Galbraith o Sweezy nunca fueron considerados para tal distinción. Y, sin embargo, como señala Kitromilides, toda la evidencia acumulada en la literatura científica muestra que Galbraith, y no Friedman, tenía razón. Tal como había dicho Keynes (que había sido maestro de Galbraith), la raíz de la Gran Depresión era la escasez de demanda y la desregulación del capital financiero que facilitó el comportamiento especulativo de la banca. La acumulación y concentración del capital y la baja rentabilidad del capital productivo (consecuencia de la escasa demanda), llevaron al desastre económico, conocido como la Gran Depresión, tal como está ocurriendo ahora.
Lo que es interesante notar es que, como Kitromilides también muestra, cuando la crisis explotó en EEUU y en la UE en 2008, la primera respuesta en 2009 sí que fueron las políticas expansivas. El 2009 fue un año de grandes inversiones, aunque nunca semejantes en tamaño a las ocurridas en los años treinta en EEUU y en Europa. Pero la mayor parte de tales inversiones fue para mantener el sistema financiero, sin que se aprovechara la situación para hacer cambios en tal sistema. Fue el mayor gasto público que haya existido en el mundo capitalista desarrollado, y que se gastó en los subsidios y “préstamos” a la banca. Las inversiones no financieras, en cambio, fueron muy limitadas.
A pesar de ello, la reunión del G-20 en Londres en el 2009, fue un intento de seguir las líneas expansionistas del New Deal del Presidente Roosevelt. Fue un momento (breve) de políticas expansionistas que pararon la Gran Recesión e impidieron que tales economías entraran en la Gran Depresión. Pero tal como ocurrió en los años treinta, tan pronto se revirtió la recesión, se volvió a las políticas de austeridad que hicieron tanto daño entonces y continúan haciéndolo ahora. Había ocurrido ya en 1937, en EEUU, cuando la economía comenzó a recuperarse. Inmediatamente los fanáticos del déficit (hoy los podríamos llamar los talibanes del déficit) presionaron al Presidente Roosevelt para que bajara el déficit, alertando de grandes catástrofes en caso de que no se redujera. Se redujo y apareció inmediatamente el desastre. El desempleo se disparó y el crecimiento económico paró. El Presidente Roosevelt expulsó de su Gobierno a los talibanes del déficit de entonces y volvió a sus políticas expansivas, acentuadas más tarde por la gran expansión del gasto público consecuencia de los preparativos para la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial.
¿POR QUÉ NO ESTÁ OCURRIENDO LO MISMO EN EUROPA O INCLUSO EN EEUU? ¿POR QUÉ, A LA LUZ DEL DESASTRE DE LAS POLÍTICAS DE AUSTERIDAD, NO SE VUELVE A LAS POLÍTICAS EXPANSIVAS?
La causa es que el capital financiero es mucho más poderoso e influyente ahora de lo que lo era entonces. Cuando el Presidente del Banco Santander, el Sr. Botín, dijo que la culpa de la crisis era de los políticos, tenía un componente de razón, pues, aún cuando, tal como el profesor Juan Torres, una de las mentes económicas más claras que tiene España, ha señalado, con razón, que el comportamiento de la banca ha sido determinante en la aparición de la crisis, el hecho es que tales comportamientos tuvieron la clara complicidad de los políticos gobernantes. Aunque Emilio Botín, al hacer su declaración, intentó disculpar a la banca, cargando la responsabilidad de la crisis en las espaldas de los políticos, la realidad, bien documentada (véase la entrevista del que fue Presidente de la banca City Group, realizada por Bill Moyers en PBS, en mi blog http://www.vnavarro.org) es que la banca había captado a la clase política, poniéndosela en el bolsillo.
Por cierto, aprovecho para contar una anécdota significativa de lo que estoy describiendo. Cuando Juan Torres, Alberto Garzón y yo estábamos escribiendo el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, que la editorial Aguilar deseaba publicar, ésta hizo presión para que cambiáramos algunos de sus contenidos. Y uno de ellos fue que no publicáramos el hecho, ya ampliamente documentado, de que la vicepresidenta del Gobierno de Zapatero, Mª Teresa Fernández de la Vega, presionó a los jueces para que éstos no enjuiciaran a Botín, por los muchos actos ilegales cometidos por tal señor como Presidente del Banco de Santander. Ejemplos de esta complicidad hay miles. La editorial Aguilar, a pesar de haber ya promocionado el libro en Amazon y otros medios, retiró el libro (forzándonos a publicarlo en otra editorial de menor difusión).
Pero no puedo terminar este artículo sin citar también la complicidad entre la banca y algunos centros de investigación económica financiados por ella (y que son la mayoría en España), como Fedea y otros centros de promoción del dogma neoliberal. Uno de tales centros en EEUU es el centro de estudios The Peterson Institute for International Economics, próximo a las compañías de seguros y a la banca, que ha tenido como objetivo principal convencer a la sociedad estadounidense de que la Seguridad Social es insostenible y que debe privatizarse. Pues bien, una economista de tal centro, Carmen Reinhart junto con Kenneth S. Rogoff, publicaron un estudio que pronto se convirtió en la Biblia de los abogados de la austeridad, (Carmen M. Reinhart and Kenneth S. Rogoff, This time is different: Eight Centuries of Financial Folly, publicado por Princeton University Press 2009), en el que se concluía que las políticas de austeridad son en realidad políticas expansivas, pues reducen los intereses de la deuda pública y privada. Tal conclusión derivaba de un estudio, con gran fondo matemático, que había recogido datos de muchos países.
Jaime Guajardo, Daniel Leigh y Andrea Pescatori, sin embargo, han mostrado los graves errores de tal estudio (ver su artículo “Expansionary Austerity: New International Evidence” IMF Working Paper 11/158. July 2011). Tales autores basaron su análisis en un número mayor de países. Y concluyen que, al revés de lo que escriben aquellos autores, las políticas de austeridad reducen, en lugar de expandir, el crecimiento económico. En realidad, la evidencia es tan abrumadora que ha hecho que uno de los editores de nada menos que el Financial Times, Wolfgang Munchau, escribiera “No entiendo como alguien con formación macroeconómica, y con un mínimo de honestidad y decencia, puede apoyar hoy la fantasía de que las políticas de austeridad estimulan la economía” (Why Europe’s officials lose sight of the Big Picture. The Financial Times. Oct.16, 2011). A pesar de ello, los Gobiernos continúan con tal fantasía y los gurús de la economía neoliberal, que los medios promocionan constantemente en España, continúan reproduciendo tal falsedad.
Fuente: vnavarro.org
Artículo publicado por Vicenc Navarro en la revista digital SISTEMA, 24 de febrero de 2012



























