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La Democracia, o es Directa, o no es

El que crea que vive y disfruta de una democracia plena es por que ni siquiera se ha parado a pensar en ello un solo segundo. No es sano estar bien adaptado a una sociedad enferma

Viendo que la Democracia no promueve la participación y, en ocasiones, ni siquiera la tolera, deberíamos empezar a buscar términos y sistemas sociales de organización o participación alternativos al actual.

En teoría, es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación.

Usando esta breve definición como base, y partiendo de la misma, busquemos las pegas al asunto:

“La democracia es una forma de organización social”:

Ojalá. En la actualidad, la democracia parlamentaria que padecemos l@s ciudadan@s, se basa en la organización de ciertos sectores sociales y la desorganización de otros. Esta democracia parlamentaria, busca la creación de burocracias que, a modo de “feed-back”, retroalimenten el propio sistema, siendo ajenas a las personas y la problemática que las rodea.

“Las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo”:

El concepto “democracia”, en pleno siglo XXI, debe entenderse como un reparto de poder entre TODO el pueblo, y no tan solo de una parte de este (oligarquía).

“Las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación”:

Si mi derecho a decidir se reduce al derecho a voto (esa jornada festiva dominical y cuatrienal), es que este sistema falla desde sus propios cimientos, y como cualquier estructura en esa situación, terminará por ceder y derrumbarse hasta la misma base. Y no es que haga de menos a aquellos que tanto lucharon por el derecho a voto, sino que, de la misma manera que la rueda de madera fue importante en su momento, hoy en día se nos antoja obsoleta y ridícula.

Por eso, y basándonos en las violaciones que esta “democracia” parlamentaria lleva a cabo sobre el verdadero significado de “Democracia”, deberíamos buscar conceptos alternativos para definir el sistema de organización con el que nos está tocando lidiar. Por ello, a continuación se citan algunos:

- Plutocracia:

La “plutocracia”, es un sistema de gobierno en el que el poder lo ostentan los poseedores de las fuentes de riqueza.

Se trata de un tipo de mandato aparece en aquellos sistemas en los que aquellos que ostentan el poder económico ordenan el poder político y legislativo.

Una forma común de plutocracia hoy en día podría venir motivada por la financiación irregular de partidos. Ésta, puede provocar la formación de un “holding empresarial” (una compañía que controla las actividades de otras mediante la propiedad de todas o una parte significativa de sus acciones), tras financiar partidos y medios de comunicación, obligando a realizar un clientelismo político (un intercambio extraoficial de favores entre las partes citadas), a través, normalmente, de una legislación favoritista.

-Partitocracia:

Se trata del término empleado para referirse a la burocracia de los partidos políticos. A ello se refería el polémico filósofo riojano Gustavo Bueno como el sistema “que constituye una deformación sistemática de la democracia”. Es decir, y para que todos lo entendamos, se trata de un sistema de Gobierno en el que los actores principales y únicos del panorama político sonlos partidos políticos, a pesar de llamarse democracia.

En consecuencia, y partiendo de la base de que los partidos políticos son un mal necesario en una democracia, los ciudadanos se van apartando de ellos buscando cauces alternativos para intervenir, mediante “grupos de presión”, tal y como ocurre en la actualidad. El problema es que, supuestamente, estos grupos son totalmente legítimos y legales, ya que lleva ante el poder político las opiniones en intereses de los implicados en las decisiones adoptadaspor los poderes públicos, y muchos de ellos son oprimidos duramente. Los únicos “lobbys” o “grupos de presión” que tienen libertad absoluta hoyen día son los patronales y los armamentísticos. A lo largo de la historia, también se ha visto como algunos grupos de presión han derivado en grupos políticos.

-Oclocracia:

La existencia de una ignorancia popular y/o una poderosa acción demagógica. Es común que dicha situación pueda estar promovida por la influencia de intereses.

Ilustres pensadores como Aristóteles, Juvenal, Lope de Vega y muchos más han advertido de un permanente peligro para la democracia popular: el interés de los oclócratas que ejercen el poder para hacerla degenerar en oclocracia con el objetivo de mantener dicho poder de forma corrupta, buscando una ilusoria legitimidad en el sector más ignorante de la sociedad, hacia el cual vuelcan todos sus esfuerzos propagandísticos y manipuladores.

En el desarrollo de esta política, sólo se tiene en cuenta de una forma superficial y burda los reales intereses del país, dirigiéndose el objetivo de la conquista al mantenimiento de un poder personal o de grupo en sus múltiples formas apelando a emociones irracionales mediante estrategias como la promoción de discriminaciones, fanatismos y sentimientos nacionalistas exacerbados; el fomento de los miedos e inquietudes irracionales; la creación de deseos injustificados o inalcanzables; etc. para ganar el apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la oratoria, la retórica y el control de la población. La apropiación de los medios de comunicación y de los medios de educación por parte de dichos sectores de poder son puntos clave para quien busca esta estructura de gobierno, a fin de utilizar la desinformación.

Así se mantiene un dominio sobre masas en movimiento que hacen valer sus propias instancias inmediatas e incontroladas creando la ilusión de que se impone un legítimo poder constituido sobre la voluntad popular. Sin embargo, tal y como asegura Rousseau en El Contrato Social falta la piedra angular, es decir, la voluntad general de unos ciudadanos conscientes de su situación y de sus necesidades, una voluntad formada y preparada para la toma de decisiones y para ejercer su poder de legitimación de forma plena. De esta forma, en la oclocracia la legitimidad que otorga el pueblo está corrupta, pasando el poder del campo de los políticos al campo de los demagogos.

Elige la tuya, plantea una nueva, invéntatela, haz lo que quieras. Pero por favor, no lo llames democracia y no lo llames libertad.

Fuente: Globedia.es


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¿Qué es la Demografia?

Es el estudio interdisciplinario de las poblaciones humanas. La demografía trata de las características sociales de la población y de su desarrollo a través del tiempo. Los datos demográficos se refieren, entre otros, al análisis de la población por edades, situación familiar, grupos étnicos, actividades económicas y estado civil; las modificaciones de la población, nacimientos, matrimonios y fallecimientos; esperanza de vida, estadísticas sobre migraciones, sus efectos sociales y económicos; grado de delincuencia; niveles de educación y otras estadísticas económicas y sociales.

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La demografía se encarga de tres partes fundamentales:

1. La medición: Cuantificación de eventos poblacionales.
2. La explicación: Análisis de causas de los efectos.
3. Fenomenología: Explicación de las variables.

El Estudio del tamaño de la población:
Un ejemplo de una de las técnicas de medición demográfico es el análisis de la población, la ecuación fundamental de la población es:

Ecuación Fundamental de la Población que podemos escribir de diversas maneras: 

Población Final = Población Inicial + Nacimientos – Defunciones + Inmigración – Emigración

Población Final = Población Inicial + Crecimiento Natural ó Vegetativo + Migración Neta 

Crecimiento de la Población = Nacimientos – Defunciones + Migración Neta 

La ciencia de la demografía no se limita a la medición sino que incluye necesariamente la interpretación y análisis de los datos, las proyecciones y previsiones sobre la base de supuestos que incluyen variables no demográficas. Sin embargo la demografía estadística es el punto de partida del análisis de la población en el que se trata de medir con precisión las magnitudes demográficas. 

El concepto de fecundidad se refiere al número medio de hijos que tienen las mujeres. Para medirlo con precisión es necesario delimitar con precisión la variable que queremos medir ya que la cifra que la exprese será muy distinta según consideremos a todas las mujeres que viven en un momento determinado en un país, o sólo a las mujeres fértiles, eliminando las que mueren antes de alcanzar la edad fértil. Podremos estimar también tasas de fecundidad por edades o tasa de fecundidad de cohortes.

Las tasas de natalidad y mortalidad son el resultado de dividir el número de nacimientos o defunciones por la población total. Normalmente se expresan en tantos por mil y por año. La diferencia entre las tasas de natalidad y de mortalidad indica el crecimiento natural o vegetativo.

El crecimiento demográfico mide el aumento, en un período específico, del número de personas que viven en un país o una región. La tasa de crecimiento demográfico depende, además de la tasa de natalidad y de la tasa de mortalidad, de los movimientos migratorios. La tasa de natalidad depende a su vez de la tasa de fecundidad. La tasa de fecundidad está influida por muchos factores pero el principal es el nivel cultural de la sociedad y especialmente de las mujeres: a mayor cultura, menor número de hijos se tiene. La tasa de mortalidad depende del grado de desarrollo económico y sanitario. 

La longevidad es la duración de la vida de una persona. Se mide mediante el concepto de esperanza de vida. La esperanza de vida de un tipo de persona es la media de la duración de la vida de ese tipo de personas. Así, la esperanza de vida al nacer en España en 1900 es la media del número de años que vivieron los españoles nacidos ese año. También podemos calcular la esperanza de vida a los 75 años en 1963: cuánto tiempo sobrevivieron de media las personas que ese año tenían una edad de 75. 

Los índices demográficos se suelen referir a las cohortes, el conjunto de personas nacidas en un período determinado. Una forma muy habitual de representar gráficamente el tamaño de diferentes cohortes en un momento determinado es la pirámide de población. El análisis longitudinal de las cohortes y las comparaciones entre cohortes son también muy ilustrativas de la dinámica de población.

Enlaces usados:

- http://www.eumed.net ”Demografía”;

- Enciclopedia Microsoft® Encarta.

Visto en

Sociólogo: como nos ve la sociedad, la familia, tus amigos, padres y tú

 

¿Qué es un hombre?: intelectuales y psicoanalistas analizan la nueva virilidad

Intelectuales como Georges Vigarello, Jean-Jacques Courtine y Alain Corbin aseguran que la virilidad es un “atributo” en decadencia. La pregunta freudiana ¿qué quiere una mujer? parece haber cambiado por ¿qué es un hombre? Algunas reflexiones de psicoanalistas y del escritor francés Philippe Sollers al respecto.

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En 1998, el sociólogo Pierre Bourdieu escribió una frase lapidaria: “La virilidad, entendida como capacidad reproductiva, sexual y social pero también como aptitud para el combate y el ejercicio de la violencia es, ante todo, un peso”. Sin caer en una sociología “feminista” que elogia la empatía, la capacidad de emprendimiento y la autonomía económica y formación intelectual de las mujeres, es cierto que el peso específico de los hombres en la dirección de la cultura contemporánea ya no tambalea sino que cayó por su propio peso. Los efectos son múltiples (y siempre singulares) aunque ciertas correlaciones destacan –entre los antiguos amos– un aumento de las depresiones, poca resistencia para soportar la equivalencia o la prescindencia, así como el disparatado protagonismo que tienen en los episodios de violencia de género, cada vez más habituales, en los países industrializados y en los otros.

La psicoanalista (y codirectora de la revista Registros, cuyo último número está dedicado a los hombres), Gabriela Grinbaum, es clara: “Lo vemos, es fenoménico. Los hombres hoy corren a las mujeres del espejo para mirarse ellos. ¿Qué pasó? Cuando nos encontrábamos en el régimen del Nombre del Padre, cuando el Otro contaba con una consistencia tal que no requería de la multiplicidad de identificaciones para responder a la pregunta ¿qué es un hombre?, la cosa era más clara. Hoy los medios dictaminan líneas identificatorias. Estamos en la “hipermodernidad”, como dijo Jacques-Alain Miller tomando a (Gilles) Lipovetsky. La igualdad laboral, incluso el dominio de las mujeres en las empresas, en el mundo, las mujeres presidentas, todo eso modificó el lazo entre unos y otras. Hay algo amenazador para muchos hombres que se enfrentan con estas mujeres, “las nuevas patronas”, como las bautizó Ernesto Sinatra. Estas mujeres que intimidan a los hombres invitándolos a sus departamentos, a tener sexo… Es un rasgo de la época. En ese sentido, existe una cierta inversión: el hombre es tomado como objeto sexual. Y muchos no lo soportan”.

Carlos Gustavo Motta, psicoanalista y docente arriesga que “la época cambia. Sabemos que el significante Nombre del Padre se encuentra devaluado y eso, traducido a lo cotidiano, muestra la dificultad del hombre por insertarse en la dimensión simbólica. Hasta el superhéroe muestra sus estigmas cuando declara, como Linterna Verde, que es gay. Y en el film de Steve McQueen, ‘Shame’, el protagonista sólo confiesa sus debilidades y muestra su fuerza en la cama, hasta que se enamora y este afecto, cual kriptonita para Superman, lo vuelve impotente”.

También psicoanalista, Adriana Rubistein constata algunos “problemas” que obsesionan a los hombres contemporáneos: “Se podría hablar de una virilidad en el plano identificatorio, en donde cada época ofrece una combinación simbólico-imaginaria de los atributos masculinos. Pero no puede confundirse la virilidad sólo con eso y mucho menos confundir la virilidad con el machismo, que de hecho funciona como una impostura. Tener que demostrar que se es muy macho hace sospechar una fragilidad de la virilidad. La virilidad en un plano más real pone en juego el problema de cómo un hombre se las arregla con el otro sexo partiendo del hecho de que ‘no hay nada escrito sobre la relación sexual’, que hay un imposible, que es necesario inventar. La relación del hombre con el falo, con el objeto y con el Otro sexo permite entender las distintas soluciones que pueden encontrarse. Para acercarse a una mujer es necesario que el hombre apueste, juegue su castración, y esta época se caracteriza por un rechazo de la castración que afecta la posición viril (del hombre) y su relación con las mujeres. Pero es una época en que también hay una caída del Nombre del Padre, una pluralización y una pérdida de las referencias que hacían que la virilidad pudiera sostenerse. La virilidad, en esta perspectiva, está ligada al Nombre del Padre, y su crisis da lugar a una feminización. ¿Qué vemos? Que los hombres parecen haber perdido los sostenes imaginario-simbólicos que les aseguraban virilidad, que pierden la iniciativa frente al encuentro sexual y esperan que las mujeres lo hagan por ellos”.

Y Motta insiste: “Presenciamos el auge de lo que Lacan llamó ‘la ética del soltero’, de la que el propio Kant prescribió la exclusión de la mujer, estrategia de erradicación de lo femenino y acrecentamiento del concepto Uno (ese que atraviesa el Seminario ‘…o peor’): una mujer es Otra para un hombre. Un hombre, en su encuentro con una mujer, la pone a trabajar de lo Uno, sea por su propia soledad, ya que lo Uno no se anuda con nada de lo que parezca el Otro sexual”. El ejemplo ayuda: “Una nota en Clarín, del 24 de junio de 2012, responde en parte a este interrogante: la ola del autismo (y no de aquel que los laboratorios medicinales recomiendan medicalizar) se instala en  las llamadas Silent Sounds, fiestas silenciosas que son top en Nueva York y amenazan su aterrizaje por estas tierras ajenas a su folklore, a su música popular, a su tango. Fiestas donde cada uno tiene su auricular y baila con otro, quizás no sabiendo cuál es la armonía de su compañero. En el ambiente no se escucha música. Y por otro lado, aquello que era marginal y oprobioso ya no lo es. La homosexualidad se ha puesto a la par que la heterosexualidad: la bisexualidad se enuncia para aquellos que aún no han decidido mantener relaciones con su mismo sexo de manera franca. Las prácticas SM tienen sus boliches particulares, así como los swingers gozan de sus intercambios sin mencionar otras prácticas sexuales privadas o públicas compartidas, sectorizadas, aprobadas sólo por algunos en clubes de categoría, como muestra Kubrick enOjos bien cerrados, basada en la novela de Arthur Schnitzler”.

Rubistein da otro paso: “En esta época, efectivamente, todos parecen ‘más libres’, cada uno goza a su manera, pero es tiempo de grandes soledades. El goce auto-erótico, el paso de un partenaire a otro, supuestamente un triunfo de la libertad, es engañoso, deja expuestos a hombres y mujeres a un goce peligroso. El matrimonio, con todos sus embrollos, da un marco de estabilización y acotamiento del goce que cuando no funciona produce angustia, propia de este momento, igual que las soledades del Uno a las que estamos expuestos”.

¿El buey solo bien se lame? No está tan claro. En Shame, Brandon, el protagonista, un puritano que no puede evitar los imperativos que lo empujan por más sexo y nada de amor, es uno de los ejemplos actuales de la “ética del soltero” que Lacan supo definir cuando habló del escritor Henri de Montherlant en 1974.

Lo explica Grinbaum: “Lacan se refirió en Televisión a la ética del soltero para referirse al goce solitario, al goce idiota de la masturbación. Es cierto que hoy es más fácil satisfacer la pulsión sin tener que pasar por el partenaire sexual. Hay una oferta cibernética a ese nivel: la cosa marcha sin demasiado esfuerzo. Y es bien cierto que el hombre se las arregla solo mucho mejor que la mujer. Se las arregla con su órgano. En la actualidad vemos más hombres solos que conviven con un zapping de relaciones esporádicas pero también están aquellos que buscan el matrimonio. Es el hombre el que retrocede. Está turbado, se feminiza, empujado por las mujeres. Pero eso no responde a la pregunta por la virilidad. La virilidad, como dice Graciela Brodsky, no es la imaginaria de la barba o la campera de cuero. La verdadera virilidad implica creer que una mujer puede revelarle algo al hombre que le es absolutamente desconocido”.

Sobre la soledad, tiene sus dudas: “Yo no estoy segura que la diversificación de la oferta sexual acentúe la soledad. La soledad de la que en general hablan las mujeres, la sufren, se quejan, la sufren en relación al amor. Esto –creo– no sólo tiene que ver con su actual devaluación, aunque el amor contemporáneo consuena con la liquidez, como dice Zygmunt Bauman. Y cuando finalmente se asoma, la rapidez con la que se va está de la mano con la velocidad de la época”.

Rubistein es más clásica: “Lacan no habla del soltero como una categoría clínica, habla de una ética del soltero encarnada por Montherlant, uno de cuyos libros se titula, justamente,Los solteros, y es de 1934. Pero él se caracterizaba por su rechazo de lo femenino. Era homosexual y pedófilo. Su alegría era no haberse casado”.

Entonces, ¿cómo entender que Lacan hable de ética?

“Bueno, frente al exilio de los sexos, frente a la no inscripción de la relación sexual, cada uno encuentra o inventa algún modo de relación o no con el Otro. El soltero decide no casarse, es una ética. Pero más allá de su estado civil, la ética del soltero es el goce del idiota, el goce masturbatorio, el predominio de un goce auto-erótico. En el seminario 17 Lacan toma la frase de (Marcel) Duchamp, ‘el soltero se hace sólo el chocolate’. Hay un rechazo de lo Otro”.

Y ¿qué diferencia puede encontrarse entre el soltero de aquella época y el de ésta?

“Quizá no haya una respuesta única. Pero es posible que entones el Nombre del Padre marcara de manera más clara ciertos caminos. Ahora, con la caída del Nombre del Padre y el predominio del Uno, del Uno solo, se alienta el autoerotismo. Y muchos hombres disfrutan del goce fálico eludiendo la relación amorosa, que requiere un paso al cuerpo del Otro que el goce auto-erótico rechaza. Las adicciones están en la misma dirección: eludir el encuentro con el otro sexo. Pero el tema no es unívoco, las posiciones entre los sexos presentan singularidades. No conviene generalizar sino  localizar la singularidad, la modalidad de goce”.

“Es cierto”, dice Motta, “el psicoanálisis tiene una respuesta singular, y la época actual la escabulle por falta de tiempo, de dinero, excusas que como señala Freud son mojigaterías que implican alejarse del compromiso con la palabra y que pueden neutralizar la percepción de la manera que cada uno es afectado por la soledad. En el horizonte se encuentra el interrogante: algo que es un embrollo pero que encierra la angustia de no saber hacer”.

Debora Rabinovich, codirectora, con Grinbaum, de Registros, dice no saber si la virilidad, pero “sí que los hombres han entrado en una época en la que parecen tomados por los semblantes femeninos”; y también que “el matrimonio fundado en el amor es un derecho que la época ha otorgado, y esto se extiende a la diversificación de parejas posibles, tanto hetero como homosexuales”. Pero siempre hay un pero: “Ni esta posibilidad, ni las múltiples ofertas sexuales, pueden suplir el agujero que existe por estructura, aquello que Lacan nombró diciendo ‘no hay relación sexual’”.

Philippe Sollers es ese escritor que parece saberlo casi todo de las mujeres. Así se llama uno de sus libros, Mujeres. Y desde hace años sostiene que el mundo está en manos femeninas. “Yo escribo Les zóms… no quiere decir nada, porque hay de todos los tipos, en cada continente. Es una abstracción, no podemos hablar de los hombres en general. Hay que hablar de tal o cual hombre en particular. Y no es necesario abundar. Para ser preciso, el tema de la sexualidad masculina no anda bien. Esto es porque ha sido despojada de su función reproductora, al menos en los países occidentales desarrollados. Despojada por la técnica. En ese sentido, las mujeres fueron despojadas de otra forma, pero todavía conservan el privilegio del embarazo. Nos estamos acercando al útero artificial. Si se está en el mundo occidental, el privilegio de ser el agente de la reproducción ya no es el mismo. ¿Qué es un hombre? Es un portador de reserva espermática. Es una reserva de esperma”, dice sin dudar quien fuera íntimo amigo de Jaques Lacan y hoy lo es de su yerno, Miller.

Sólo eso, y con suerte. Lo que resta es un personaje un tanto patético, atado a sus componentes de tribu, identitarios, básicos, sin funciones económicas, políticas o sexuales clave (todo eso puede reemplazarse); con la excepción, quizá, de cierto dandismo un tanto anacrónico, como el héroe de los récords, la inteligencia anormal, cierto estilo de femineidad animal o el monje que de vuelta al tabernáculo prescinde de otra compañía que no sea la del tiempo, el espacio y los animales, tal cual sucede en el último Don DeLillo.

Fuente: revistaeni.clarin.com

rumbo buena

¿Es comestible el dinero? por Antonio Escohotado

Me detuve el otro día ante un póster ya antiguo, donde el daguerrotipo de una pielrroja norteamericana ilustra cierta profecía que la tribu cree: “Cuando se haya talado el último árbol, envenenado el último río y capturado el último pez descubriréis que el dinero no puede comerse”. Siempre me pareció sensato el pronóstico, pero ahora lo estaba viendo en una aldea tailandesa, tras haber leído algunas cosas sobre historia de la compraventa, y me sonó distinto.

A finales del siglo pasado, en Birmania los adquirentes iban de compras con una pieza de plata, martillo, cincel, balanza y pesas, para con ayuda de un yunque (puesto a su disposición por el vendedor) cortar el trozo adaptado a cada adquisición. En Siam, dada la falta de moneda pequeña, los adquirentes debían a veces dar la misma pieza a dos o tres vendedores distintos, encargándose ellos de su posterior reparto, o bien recibir a cambio de su compra algunas medidas de arroz. No menos curiosos eran los hábitos comerciales de los mexicanos precolombinos, que desconocían hasta la balanza y adquirían cosas usando bolsitas con granos de cacao, oro en polvo metido en los cañones de plumas de ganso e incluso finas láminas de zinc. En Africa era más habitual pagar las transacciones con sal, y con esclavos, mientras en el curso superior del Amazonas el equivalente a esos bienes resultaban ser panales de cera y miel.

Descubrimos el dinero muy tarde, allí donde había ya agricultura intensiva, metalurgia y arte ingenieril, gracias a especuladores que osaron acumular ese nuevo tipo de mercadería cuando los demás se dedicaban a atesorar bienes tradicionales, anticipando la ventaja de poseer objetos con una capacidad de venta superior a cualesquiera otros. Aunque al principio las monedas fuesen trozos de metales útiles pero no nobles (cobre y hierro ante todo), y aunque parecía temerario cargarse de cosas ni nutritivas ni acogedoras ni ornamentales, su apuesta prosperó admirablemente, sentando las bases de economías complejas que acabaron descubriendo las ventajas de la plata y el oro, si se combinaban con un sistema de pesas y medidas.
El primer dinero parece haber consistido en cabezas de ganado, medio de pago para todos los antiguos moradores de Europa. Reses, caballos, ovejas y otros animales útiles presentan manifiestos inconvenientes para sostener el intercambio, compensados tan sólo por su capacidad para autotrasladarse, que les hizo preferibles a grano, materiales de construcción, aperos e incluso tejidos. Y las primeras monedas llevan efectivamente el troquel de algún animal, sello que se conserva también a nivel lingüístico: pecuniario y peculio vienen del latín pecus (“ganado”); en árabe el singular mâl (“ganado”) significa en plural “dinero”, y los griegos usaban boios (“buey”) como base para cifras económicas importantes como dekaboionhekatoboion, etc.

Sin embargo, la vida económica no despegó hasta que metales nobles, de peso y pureza controlada, se combinaron con otros medios de pago –letras de cambio, cheques, acciones, bonos- que evitaban en mucha mayor medida dificultades de almacenaje y posibles fraudes (muchos emperadores, por ejemplo, limaban toneladas de su propia moneda para reacuñar esas limaduras). Progresivamente espiritualizado y cómodo, el dinero acabó siendo papel dificil de falsificar, luego el plástico de las tarjetas de crédito y ahora la combinación personal de números que se introduce en internet para pagar con cargo a nuestra cuenta corriente. No hace falta ser adivino para sospechar que el cash tangible tiene sus días contados.

Comparado con las dificultades del trueque antiguo, el intercambio resulta ahora tan infinito como instantáneo. Gracias a esa movilización extraordinaria, la Tierra es capaz de sostener a muchísimos más habitantes que nunca, en condiciones incomparablemente más comfortables, demoliendo el agorero pronóstico del abate Malthus en cuanto a un superávit de bocas sobre alimentos. Pero esa evidencia sólo cobra su significado último comprendiendo que el dinero –como las lenguas, el derecho, el mercado y otras grandes costumbres- no es fruto de designio o plan consciente, ni tiene inventor distinto de la evolución social. El mayor disparate de nuestros ancestros fue imaginar que las cosas fundamentales surgen por decreto creador (divino o gubernativo), y se extinguen por decreto derogatorio (divino o gubernativo), cuando en realidad brotan de un impersonal espíritu humano obligado sin pausa a aprender de sus equivocaciones, dentro de procesos aleatorios que constituyen la historia de su propia libertad.

Hay todavía quien dice odiar el dinero, y sobre todo a los adinerados, proponiendo que en lugar de sacarse cada individuo y cada familia sus castañas del fuego acudamos todos a dependencias donde nos entreguen gratuitamente cierta cantidad igual de alimentos, bienes de equipo y billetes para ir alguna vez al ballet o a un concierto. Así nos libraríamos de lo que estas personas llaman el “horror económico”, cuyo fundamento son las necesidades de bienes sentidas autónomamente por cada cual. Otros, entre los cuales me incluyo, ven en ese supuesto horror el nervio de nuestro progreso material y moral. A cambio de un futuro siempre incierto, no hacemos cola para recibir la mísera ración mensual de arroz, mantequilla o vivienda establecida por algún autócrata, sino que cada uno se lanza a realizar personales aspiraciones, tejiendo una red de servicios que eleva hasta extremos antes impensables el nivel y la expectativa de vida para individuos y grupos.

A fin de cuentas, para despreocuparnos de la economía en general necesitaríamos o que los actuales bienes se multiplicasen de modo casi infinito (hasta dejar de ser bienes escasos y, por tanto, económicos) o que las necesidades humanas adelgazasen de modo casi infinito (hasta poder satisfacerse con el producto de un trabajo sin incentivos individuales, estrictamente colectivizado). Es sin duda esto segundo lo que pusieron en marcha distintos mesías totalitarios desde principios del siglo que ahora acaba, inaugurando una pseudo-producción para el consumo, orientada de hecho al imperio del espionaje y la coacción. El mesías propone que es mejor vivir sin dinero, con unos buenos vales para cubrir legítimas necesidades, pues a fin de cuentas el dinero no se come, corrompe a las personas y arruina el medio ambiente.

Al otro lado del río están los anónimos especuladores del pasado remoto, decisivos para la consolidación de una cosa tan indigerible y peligrosa. Mientras campesinos, terratenientes y nobles acumulaban bienes con alto valor de uso, ellos se atrevieron a enajenar tierras, alimentos y cualquier mercancía menos intercambiable que piezas de cobre y hierro, aparentemente estériles. Pero al simplificar los intercambios, base del proceso acumulativo, hicieron por la prosperidad bastante más que todos los profetas, redentores y estadistas juntos: le dieron al comercio su instrumento idóneo, contribuyendo enérgicamente a remediar la penuria y el aislamiento de ilimitados congéneres.

Fuente: escohotado

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