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El Conflicto entre la Economía, el Estado, y la Democracia por Costán Sequeiros

Los economistas Mundell y Fleming propusieron un modelo hace tiempo que establecía la relación entre tres elementos básicos de la economía. Según ellos, hay un triángulo formado por tres elementos: la política monetaria independiente, la movilidad de capital, y la tasa de cambio fijo. En este triángulo, ningún Estado puede tener los tres elementos a la vez, siempre tiene que escoger entre dos y dejar el tercero fuera.

gobernabilidad

Posteriormente, el economista Daniel Rodrick cogió la idea base de ese modelo y construyó otro, en el cual se tomaba la misma mecánica básica pero se aplicaba a una economía globalizada y macro. En este modelo, los tres elementos que lo conforman son: la integración internacional de economías, la continuidad del Estado-nación como lo conocemos, y el sistema político democrático controlado por el pueblo. Según su modelo, e igual que en el caso anterior, hay que elegir dos de ellos y dejar el otro de lado. El tiempo, y la crisis actual, parece estar dando la razón al modelo de Rodrick. Si observamos con calma, lo que vemos es que se ha tomado la decisión.

Por un lado, tenemos una integración internacional de economías dentro de la zona Euro, consolidándose lentamente en torno a una moneda única, un banco central, y distintos aparatos para que funcione mejor y que están en diseño. El avance del Euro, aunque lento, parece definitivo, y lentamente vamos avanzando hacia una economía cada vez más unificada dentro de la zona Euro, y con más mecanismos de control comunes.

Por el otro lado, lo que tenemos son unos Estados-nación que se han ido atrincherando y fortaleciendo. Las instituciones europeas cada vez tienen menos poder y capacidad de acción frente al Consejo (formado por los Presidentes de los países) y, sobretodo, el directorio Alemania-Francia. Con ello, la soberanía estatal sigue siendo la que está al timón.

Así que, si el teorema es correcto, lo que está quedando fuera es la democracia. Y, en efecto, eso es lo que vemos en nuestro país: la sociedad civil en las calles transmitiendo legítimamente sus demandas al sistema político, y este hace oídos sordos amparado en su mayoría absoluta. Reformas constitucionales que no son refrendadas por la población sino tramitadas a toda velocidad mediante un pacto entre partidos por presión europea. Un rescate que ni siquiera se debate en el Parlamento. Y la lista continúa.

Parece que el gobierno ha tomado su elección en el triángulo, y está tratando de que los demás no podamos forzarle a cambiarla. Pero, ¿es la correcta? En mi opinión, desde luego que no. Vivimos en un mundo globalizado, pero la democracia sigue siendo el mejor modelo de gobierno que se ha diseñado. No es perfecto, desde luego, y se puede mejorar mucho (y abogo profundamente por ello), pero es mejor que las alternativas. Por tanto, esa cara del triángulo debería ser inamovible.

Lo cual nos dejaría escoger entre una ecomoía integrada y global, o un Estado-nación. Vivimos en un mundo globalizado, y si queremos funcionar adecuadamente en él, debemos estar globalizados a nuestra vez. Lo cual implica que escoger un Estado-nación clásico no es una opción, cerrarnos al exterior y volver al modelo político anterior no funciona si queremos que nuestro país funcione adecuadamente en un mundo global. En mi opinión, la elección debe ser combinar ecomoía global con democracia igualmente globalizada. Osea, toda la Unión al menos.

Esa, por supuesto, es mi elección como confeso europeísta que soy. La otra opción es igualmente válida para aquellos que prefieran aferrarse a lo local, aunque no tengo muy claro que sea posible dar marcha atrás a la economía globalizada y al Euro a estas alturas. Lo que nunca debería ser abandonado es, justamente, aquello que se está perdiendo por el camino: la democracia.

Costán Sequeiros Bruna, sociólogo y politólogo, gestor del Blog Tribulaciones de la Clase Ociosa en Elpais.com.

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Los españoles opinan que la democracia y la constitución no funciona

Entrada realizado por Santiago Pardilla Fernández, post del administrador del Blog, expresa la opinión de los ciudadanos sobre el modelo democrático y constitucional de España, enunciado en el Barómetro del CIS de Noviembre del 2012,

El 77% de los ciudadanos consideran la democracia el mejor sistema político, pero siete de cada diez ciudadanos están insatisfechos con ella. Este alto grado de descontento es toda una novedad, hasta ahora en todos los estudios demoscópicos del CIS eran más los satisfechos con el modelo democrático que los disconformes.

El barómetro recoge que el 67,5% de la población está poco o nada satisfecha con el régimen democrático que se instauró en España hace 34 años.

La última vez que el CIS preguntó sobre este asunto, hace solo dos años, el 50,7% se declaró satisfecho con el funcionamiento de la democracia en España y el 47,1%, insatisfecho. Ahora la situación se ha invertido, y mucho, porque los que se muestran conformes apenas son el 29,6%, casi la mitad que en noviembre de 2011.

Por votantes de partidos políticos, son el PP los que mejor se sienten con el sistema democrático, al punto de que el casi el 59% se muestra satisfecho con el sistema y cerca del 39% se declara incómodo. En los restantes partidos nacionales son más los detractores que los partidarios. Entre los simpatizantes del PSOE uno de cada tres se muestra satisfecho mientras que el 62,6% sostiene lo contrario; en el electorado de IU, los decepcionados con el sistema son casi nueve de cada diez, el 85%, y solo el 14% tiene buenas palabras; mientras que en el de UPyD también uno de cada tres no pone reparos y el 65,9% se muestra incómodo.

Fuente: Elaboración Propia

Fuente: Elaboración Propia

Comparado con otros países, los españoles determinan que el problema no es el sistema, sino como se administra en España. El 41,9% considera que funciona peor que en otros países de la Unión Europea y el 31,2% dice que igual. Hace dos años la percepción era también otra porque los que defendían que funcionaba peor solo era el 31% de los consultados y 38% decía que el sistema español era equiparable al de los demás países europeos.

34 años de Constitución  

En el 34 aniversario de su aprobación que se celebró el 6 de diciembre, más de la mitad de los españoles, el 51,5% no está conforme con la Carta Magna por un 37,4% que se declara satisfecho con ella. Hace dos años las cosas eran bien distintas, casi el 46% estaba conforme con el texto constitucional y el 39% se mostraba insatisfecho.

se respeta la constitución

Los simpatizantes del PP los más contentos con el marco constitucional, el 46% afirma estar satisfecho por un 43% que dice lo contrario. Entre los seguidores socialistas, en cambio, son más los que ponen reparos, casi el 48%, que los que se muestran satisfechos, el 42,5%. La diferencia es mucho mayor en el electorado de IU, frente a un 32% que está insatisfecho cerca del 65% se siente cómodo. Los votantes de UPyD se reparten casi a partes iguales.

Sobre el grado de conocimiento de la Carta Magna, sólo un 15,8% de los ciudadanos reconocen haberla leído entera, un 35,1% dice haber leído algún artículo suelto, y casi la mitad, el 48,9%, admite que no la ha ojeado nunca.

Casi la mitad de la población, el 46,5%, ignora en qué año se aprobó por un 36,4% que acertó con el dato de 1978.

La razón de esta ignorancia según los consultados por el CIS, no es de los ciudadanos sino de los gobernantes. Ocho de cada diez culpan a los sucesivos gobiernos de que no se hayan esforzado en divulgar el texto constitucional entre la población. También las escuelas y colegios han mostrado dejadez, de acuerdo al barómetro, ya que el 76% considera que los profesores y maestros han hecho poco o ningún esfuerzo pedagógico para fomentar su conocimiento en las aulas.

La libertad es el valor constitucional más apreciado por los ciudadanos, casi el 42% destaca que la Carta Magna garantiza la libertad. Otro amplio sector, el 18,5% considera que el principal mérito de la Constitución es el consenso que propició en la transición, y un tercer grupo, el 11,6%, subraya que el texto permite resolver los conflictos por medios pacíficos. Grupos menores encuentran otros valores en el marco constitucionales. Para el 5% permitió restaurar la Monarquía, casi el 8% destaca que limita los valores del Gobierno y apenas el 4% se felicita porque reconoce el derecho a las autonomías de las nacionalidades y regiones.

Artículo escrito por Santiago Pardilla Fernández, estudiante de Sociología en la Universidad de Alicante y administrador del Blog: sociologosplebeyos.com

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La Democracia, o es Directa, o no es

El que crea que vive y disfruta de una democracia plena es por que ni siquiera se ha parado a pensar en ello un solo segundo. No es sano estar bien adaptado a una sociedad enferma

Viendo que la Democracia no promueve la participación y, en ocasiones, ni siquiera la tolera, deberíamos empezar a buscar términos y sistemas sociales de organización o participación alternativos al actual.

En teoría, es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación.

Usando esta breve definición como base, y partiendo de la misma, busquemos las pegas al asunto:

“La democracia es una forma de organización social”:

Ojalá. En la actualidad, la democracia parlamentaria que padecemos l@s ciudadan@s, se basa en la organización de ciertos sectores sociales y la desorganización de otros. Esta democracia parlamentaria, busca la creación de burocracias que, a modo de “feed-back”, retroalimenten el propio sistema, siendo ajenas a las personas y la problemática que las rodea.

“Las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo”:

El concepto “democracia”, en pleno siglo XXI, debe entenderse como un reparto de poder entre TODO el pueblo, y no tan solo de una parte de este (oligarquía).

“Las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación”:

Si mi derecho a decidir se reduce al derecho a voto (esa jornada festiva dominical y cuatrienal), es que este sistema falla desde sus propios cimientos, y como cualquier estructura en esa situación, terminará por ceder y derrumbarse hasta la misma base. Y no es que haga de menos a aquellos que tanto lucharon por el derecho a voto, sino que, de la misma manera que la rueda de madera fue importante en su momento, hoy en día se nos antoja obsoleta y ridícula.

Por eso, y basándonos en las violaciones que esta “democracia” parlamentaria lleva a cabo sobre el verdadero significado de “Democracia”, deberíamos buscar conceptos alternativos para definir el sistema de organización con el que nos está tocando lidiar. Por ello, a continuación se citan algunos:

- Plutocracia:

La “plutocracia”, es un sistema de gobierno en el que el poder lo ostentan los poseedores de las fuentes de riqueza.

Se trata de un tipo de mandato aparece en aquellos sistemas en los que aquellos que ostentan el poder económico ordenan el poder político y legislativo.

Una forma común de plutocracia hoy en día podría venir motivada por la financiación irregular de partidos. Ésta, puede provocar la formación de un “holding empresarial” (una compañía que controla las actividades de otras mediante la propiedad de todas o una parte significativa de sus acciones), tras financiar partidos y medios de comunicación, obligando a realizar un clientelismo político (un intercambio extraoficial de favores entre las partes citadas), a través, normalmente, de una legislación favoritista.

-Partitocracia:

Se trata del término empleado para referirse a la burocracia de los partidos políticos. A ello se refería el polémico filósofo riojano Gustavo Bueno como el sistema “que constituye una deformación sistemática de la democracia”. Es decir, y para que todos lo entendamos, se trata de un sistema de Gobierno en el que los actores principales y únicos del panorama político sonlos partidos políticos, a pesar de llamarse democracia.

En consecuencia, y partiendo de la base de que los partidos políticos son un mal necesario en una democracia, los ciudadanos se van apartando de ellos buscando cauces alternativos para intervenir, mediante “grupos de presión”, tal y como ocurre en la actualidad. El problema es que, supuestamente, estos grupos son totalmente legítimos y legales, ya que lleva ante el poder político las opiniones en intereses de los implicados en las decisiones adoptadaspor los poderes públicos, y muchos de ellos son oprimidos duramente. Los únicos “lobbys” o “grupos de presión” que tienen libertad absoluta hoyen día son los patronales y los armamentísticos. A lo largo de la historia, también se ha visto como algunos grupos de presión han derivado en grupos políticos.

-Oclocracia:

La existencia de una ignorancia popular y/o una poderosa acción demagógica. Es común que dicha situación pueda estar promovida por la influencia de intereses.

Ilustres pensadores como Aristóteles, Juvenal, Lope de Vega y muchos más han advertido de un permanente peligro para la democracia popular: el interés de los oclócratas que ejercen el poder para hacerla degenerar en oclocracia con el objetivo de mantener dicho poder de forma corrupta, buscando una ilusoria legitimidad en el sector más ignorante de la sociedad, hacia el cual vuelcan todos sus esfuerzos propagandísticos y manipuladores.

En el desarrollo de esta política, sólo se tiene en cuenta de una forma superficial y burda los reales intereses del país, dirigiéndose el objetivo de la conquista al mantenimiento de un poder personal o de grupo en sus múltiples formas apelando a emociones irracionales mediante estrategias como la promoción de discriminaciones, fanatismos y sentimientos nacionalistas exacerbados; el fomento de los miedos e inquietudes irracionales; la creación de deseos injustificados o inalcanzables; etc. para ganar el apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la oratoria, la retórica y el control de la población. La apropiación de los medios de comunicación y de los medios de educación por parte de dichos sectores de poder son puntos clave para quien busca esta estructura de gobierno, a fin de utilizar la desinformación.

Así se mantiene un dominio sobre masas en movimiento que hacen valer sus propias instancias inmediatas e incontroladas creando la ilusión de que se impone un legítimo poder constituido sobre la voluntad popular. Sin embargo, tal y como asegura Rousseau en El Contrato Social falta la piedra angular, es decir, la voluntad general de unos ciudadanos conscientes de su situación y de sus necesidades, una voluntad formada y preparada para la toma de decisiones y para ejercer su poder de legitimación de forma plena. De esta forma, en la oclocracia la legitimidad que otorga el pueblo está corrupta, pasando el poder del campo de los políticos al campo de los demagogos.

Elige la tuya, plantea una nueva, invéntatela, haz lo que quieras. Pero por favor, no lo llames democracia y no lo llames libertad.

Fuente: Globedia.es


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Reflexiones sobre la Democracía, Costes de la Información y Estado de Derecho por Teresa M.G. Da Cunha Lopes

El problema hoy no estriba ya tanto en ver si los preceptos constitucionales se adaptan mejor o peor a las nuevas situaciones, sino en verificar si existe una auténtica ciudadanía activa o si los canales de mediación entre ciudadanía y clase política funcionan correctamente.

1.- Reflexiones sobre la Democracia

Para bien o para mal, la democracia mexicana en el siglo XXI es un sistema representativo en el que la participación popular se se encuentra reducida a elegir a sus representantes y a controlarlos indirectamente en cada convocatoria electoral, cada tres o seis años..

parlamento_espanol

El principio decisorio, en este tipo de democracía, es (aparentemente) el principio de la mayoría, y las instituciones del Estado de Derecho velan (teóricamente), por su parte, para que las decisiones mayoritarias no puedan vulnerar los derechos de las minorías.

El demos se autolimita a través de los controles externos de la democracia recogidos constitucionalmente.

El problema hoy no estriba ya tanto en ver si dichos preceptos constitucionales se adaptan mejor o peor a las nuevas situaciones, sino en verificar si existe una auténtica ciudadanía activa o si los canales de mediación entre ciudadanía y clase política funcionan correctamente, para que pueda existir una convivencia republicana e instrumentos de mediación y de pacificación social en áreas de conflicto.

Si observamos nuestras actuales sociedades políticas (y en particular la evolución reciente del contexto michoacano) percibimos una creciente:

1.- apatía y retraimiento ciudadano en los procesos electorales; un paisaje marcado por la “fatiga civil”, la “demo-esclerosis”,

2.-la huida de los grupos más propensos a un activismo político solidario hacia el “tercer sector” (ONG sobre todo) y una creciente pluralización y fraccionamiento del cuerpo ciudadano.

3.-un creciente uso de la confrontación como instrumento para crear “crisis de gobernabilidad”y poder utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos ( en este caso, de la ciudadanía) . Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos.

Por consecuencia, la responsabilidad no sólo cabe imputársela a los ciudadanos, a usted, a mí, como suele proclamarse en los mensajes mediáticos que están diseñados para reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, contra el sistema político, contra las violaciones a dus derechos fundamentales, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción.

Existen, también, una serie de condicionantes sistémicos que no favorecen la participación y competencia de los ciudadanos.

Estos condicionantes son:

.- Las deficiencias del sistema de mediación política

b. los costes de la información c.-la tecnocratización de la política

d.-Las deficiencias del sistema de mediación política

Veamos la cuestión de las deficiencias del sistema de mediación político. (yo me atrevo a preguntar si en este momento todavía existe algo a que posamos llamar “sistema de mediación político”).

Las distorsiones en el funcionamiento de los canales de mediación entre sociedad y sistema político afectan sobre todo al concepto de la representación y están marcados por la oligarquización y “estatización” de los partidos políticos, así como por la creciente corporativización de los intereses.

Este proceso de corporativización parece estar en marcha en Michoacán y ha contribuido a la nueva gobernación o desgovernación.. Lo que puede parecer no deseable desde una perspectiva politica escorada excesivamente hacia la partidocracia y los presupuestos de un espacio público omniabarcador, pierde fuerza si lo combinamos con lo que se llama ahora“democracia sectorial ” : aquí el énfasis se pone en la posibilidad de crear mecanismos que faciliten la participación de los intereses afectados por una determinada política, que pasarían a ocupar el lugar que en la democracia representativa ordinaria compete a la ciudadanía.

El resultado sería la creación de redes comunicativas entre organizaciones afectadas que permitirían su participación y seguimiento de las decisiones que les incumbe.

Estas redes, de momento no existen.

A medida que esta democracia sectorial va ascendiendo de ámbito de decisión, a los intereses sectoriales se les acaban uniendo también intereses estatales o federales.

2.- Los costes de la información

Fuera de las organizaciones, lobbies, ONG y otros grupos de interés atentos a la promoción de determinados objetivos, no parece que el ciudadano individual )usted, yo) de nuestros días esté a la altura del gasto en energía y tiempo necesarios, diariamente, para asimilación el flujo de la información necesaria para poder orientarse eficazmente por la política actual.

Pero, también me parece que la labor informativa en Michoacán se ha transformado en “periodismo-ficción”, con la manipulación informativo-politica operada a traves de las redes sociales por inúmeras cuentas ficticias creadas para generar “tendencias de opinión” y con la táctica institucional de “filtrar” ” pseudo información a medios de comunicación que no conocen, y por ende no aplican, las mínimas reglas de la ética del periodismo mundial .

Los medios de comunicación y la labor de los partidos en aplicación del código gobierno/oposición, contribuyen, en los países democráticos, a reducir los costes de información. No es el caso en Michoacán.

Pero el esfuerzo necesario para estar medianamente informado y para actuar políticamente excede con mucho las posibilidades de tiempo – y capacidad?- disponible por parte de la mayoría de los ciudadanos.

Lo característico de las cuestiones políticas ( o politizadas) es su lejanía, su cambio constante de temas, además de las dificultades de evaluación que suelen concurrir en muchas de las decisiones políticas; todo ello dificulta la posibilidad de una decisión racional, un juicio minimamente elaborado sobre dichas cuestiones.

El resultado es una voluntad susceptible de caer en la manipulación, de dejarse llevar por los “afectos” y, en todo caso, responde a una voluntad fabricada, no elaborada autónomamente. La política expresiva y simbólica aparece así como el mecanismo más eficaz de movilización de la ciudadanía, que apela a las “emociones” y que canaliza la manipulación totalitaria de las masas, como bien lo analizó en el siglo pasado W. Reich.

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3.- La tecnocratización de la política es un freno a la democracía y al Estado de Derecho

Las dificultades habituales para acceder a un amplio conocimiento de lo que acontece en la política y para evaluarla con autentica capacidad de juicio, se ha incrementado a medida que aquélla se ha ido especializando y haciendo más compleja.

Esto en el caso general de las sociedades modernas.

Pero, en su opuesto también se observa el mismo fenómeno, cuando se va tornando más opaca, sin rendición de cuentas y sin apego al estado de derecho, en los momentos de regresión autoritaria.

En el primer caso, un gran número de decisiones políticas se apoyan en el “conocimiento experto” de técnicos de todo tipo adscritos a diversas instituciones. En el segundo caso, en las mafias del amiguismo o en las redes del nepotismo.

El problema no reside en la aplicación del conocimiento experto o de las “redes”, sino en su extensión a campos en los que dominan las contingencias, cuando tiende a suplantar la discusión y el debate público por considerarse que responden a imperativos científicos o están en la naturaleza de las cosas, algo cada vez más habitual .

El problema reside en que esta situación emerge como una componente de las rupturas del orden político y la regresión del Estado de Derecho en los momentos de crisis. Tal como es el actual caso.

Dos conceptos, dos principios se encuentran en primera línea del ataque organizado contra nuestras libertades Son ellos: Democracia y Estado de Derecho.

4.-El Estado de Derecho constituye un límite jurídico al poder del Estado.

Su objetivo primordial es garantizar la libertad individual frente al Estado y la introducción de este paradigma supone una revolución ideológica protagonizada en el siglo XVI por Guillaume Budé; en los siglos XVII y XVIII por los pre-liberales (Hume, Locke), por los liberales (Adam Smith), por el Iusnaturalismo racional de Kant y plasmada posteriormente en el movimiento codificador de finales del siglo XIX y en las Constituciones modernas.Mientras que el monarca, según la concepción absolutista del poder, no se encuentra vinculado a las leyes, la idea de Estado de Derecho supone el sometimiento de los poderes públicos al Derecho. Los límites de la autoridad están determinados por criterios jurídicos. No son ya, como podría suceder en otras épocas, de naturaleza ética, religiosa o histórica.

Es una legitimidad racional.

En consecuencia, los caracteres del Estado de Derechos son:

a.-El imperio de la ley

b.-La división de poderes

c.-La legalidad de la Administración

d.-El reconocimiento de los derechos y libertades fundamentales

El imperio de la ley significa que ésta prevalece sobre las decisiones de todos los poderes públicos.

Por ley ha de entenderse la expresión de la voluntad general representada en el poder legislativo. Las leyes son instrumentos esenciales para evitar la arbitrariedad del poder, además de contribuir a la despersonalización de su ejercicio.

La legalidad de la Administración es otra de las exigencias del Estado de Derecho. Implica, por una parte, la subordinación de la actividad administrativa al imperio de la ley. Por otra, la legalidad de la Administración conlleva la posibilidad de que sus actos sean fiscalizados judicialmente para garantizar la adecuación entre la ley y las decisiones administrativas.

La utilización del concepto en otros contextos sociopolíticos, en particular en el momento actual, puede ser entendida como una de las causas explicativas de la diversidad de significados que a él se le han atribuido.

Estos significados diversos pueden ser catalogados en tres grandes modelos de referencia.Un primero modelo identificado con la escuela racionalista del derecho natural, que tiene a Kant como su autor más relevante, el poder debe limitarse a través de los criterios racionales característicos del Derecho natural.

El fin del Estado debe regirse por tres principios a priori de derecho:

a

)La libertad de cada miembro de la sociedad, en cuanto individuo, persona

b)-La igualdad de cada uno con los demás, en cuanto sujeto de derechos

c)-La autonomía de cada miembro de la comunidad, en cuanto ciudadano

Para el positivismo jurídico el derecho creado por el Estado no tiene como referente un a priori que lo trascienda. Solo la ley que es aprobada como tal por el poder legislativo es real. En líneas generales, esta corriente mantiene que todo derecho es estatal. Es suficiente que el Estado establezca alguna limitación a su poder para que sea calificado como un Estado de Derecho, lo que hoy es doctrinalmente inaceptable. . El concepto de Estado de Derecho defendido por el positivismo se caracteriza por reducir su especificidad a los elementos formales.

Los postulados de la concepción formal del Estado de Derecho impulsaron la revisión de la doctrina de la vinculación negativa de la Administración, defendida por el liberalismo doctrinario.

Según esta doctrina, la Administración puede hacer todo lo que la ley no prohíbe. No es requisito que la norma la habilite para ejercer su actividad. En consecuencia, los actos administrativos no vinculados a la ley eran discrecionales y, además, no podían ser fiscalizados. Los defensores del concepto formal de Estado de Derecho mantienen, frente a la interpretación de la vinculación negativa, que todos los actos de la Administración tienen que fundarse en un precepto jurídico para ser actos del Estado. La discrecionalidad no supone la disponibilidad de poderes ilimitados porque todo acto discrecional contiene elementos reglados y, por lo tanto, permiten su control judicial. Por lo tanto, no cabe interpretar la vinculación de la Administración a la ley sea negativa sino positiva

Las críticas vertidas sobre el “concepto formal de Estado de Derecho” fomentaron la construcción del “concepto material”. Este segundo término identifica el Estado de Derecho con la vinculación de los poderes públicos a los valores materiales sancionados por la constituciónEste concepto atribuye validez jurídica a las convicciones éticas y políticas de los textos constitucionales. Por último, el Estado de Derecho ha sido formulado como un Estado social de Derecho.

Por Teresa Da Cunha Lopes

Fuente: Globedia.com


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Capitalismo o democracia de Augusto Klappenbach

Decía Clemenceau que la guerra era una cuestión demasiado importante para dejársela a los generales. Hoy podríamos decir lo mismo de la economía y los economistas, extendiendo ese consejo a los políticos, que suelen ejercer como economistas aunque lo ignoren todo sobre esa disciplina. De modo que me voy a permitir opinar sobre el sistema capitalista sin más títulos que el de vivir en él, y confesando de entrada mi total desconocimiento acerca de la ciencia económica (si es que tal cosa existe), ignorancia que comparto con miles de millones de personas. Incluyendo quizás a muchos economistas.

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Si algo ha dejado en claro la crisis actual es la radical contradicción entre el capitalismo financiero y la democracia. Si esta última exige –entre otras cosas– que sean los representes políticos de las mayorías quienes tomen las decisiones acerca del gobierno de una nación, la situación actual demuestra que las medidas económicas escapan casi por completo a su voluntad. Las subidas y bajadas de la moneda, los ajustes en los impuestos, los recortes a los gastos sociales, dependen de poderes anónimos que imponen sus decisiones a los gobiernos sin que la voluntad popular pueda intervenir. Los mismos sectores que han causado la crisis y que han sido ayudados por los gobiernos para superarla imponen ahora sus recetas bajo la amenaza de retirar su confianza a los poderes públicos.
Cuando comenzó la crisis muchos pensamos, ingenuamente, que era una ocasión para poner en duda los dogmas de la economía neoliberal y que el resultado sería un mayor control democrático de los poderes económicos. Nos equivocamos. Hoy sabemos que el resultado es exactamente el opuesto: la crisis ha servido para desmantelar, al menos en parte, el relativo Estado del bienestar que teníamos en Europa y aumentar el poder de esos mercados anónimos que ocasionaron la crisis. No soy partidario de las teorías conspirativas, pero, vistas algunas de las últimas medidas tomadas en nuestro continente (disminución de gastos sociales, disminución de las ayudas al desarrollo, reformas laborales que anulan derechos adquiridos, etc.), hay que pensar que el resultado responde a las intenciones de quienes organizan la vida económica sin someterse a ningún control ajeno a sus intereses.
Y ello no sucede por una supuesta perversidad de nuestros dirigentes políticos y ni siquiera de aquellos que controlan los mercados, sino por exigencias del propio sistema. Sería contrario a la lógica interna del capitalismo financiero, cuyo único objetivo es conseguir el mayor beneficio posible para sus gestores, pedirle que oriente sus inversiones para satisfacer las necesidades reales de la población, incluso de aquellos sectores poco o nada productivos. Esa sería una obligación de nuestra devaluada democracia, pero nunca podrá ser un resultado de las leyes del mercado, cuyo principio fundacional es la competencia y la consiguiente supervivencia de los más fuertes, en una copia simplista de las leyes naturales de la evolución.

En los viejos tiempos del capitalismo industrial, y pese a sus injusticias, la economía estaba al menos orientada a la producción de bienes y el sector del trabajo podía jugar un papel que, aunque no fuera determinante, era capaz de ejercer alguna influencia en la vida económica. De hecho, el modesto Estado del bienestar que llegó a imponerse en muchas partes fue el resultado de esta presión que ejercieron los trabajadores. Pero hoy la posibilidad de esa presión ha disminuido. Sería absurdo pensar, por ejemplo, en una huelga contra los mercados financieros, entre otras razones porque el poder económico ha perdido su rostro: ya no existe un patrón al que pedir responsabilidades sino una anónima red de despachos, muchos de ellos establecidos en paraísos inmunes a cualquier control legal.

Desde mi absoluta ignorancia sobre economía y aceptando de antemano la acusación de ingenuidad, pregunto: ¿existe alguna razón –aparte de las que ya todos sabemos– por la cual no se pueda extender la democracia a la economía? ¿Por qué no puede gestionarse democráticamente al menos el sector financiero? Entiendo que un restaurante o una peluquería sean propiedad de sus dueños, pero ¿también deben estar en manos privadas los bancos, las empresas estratégicas o el mercado de divisas? ¿De dónde procede el dogma de que el sector privado es más eficiente que el público, como no sea de una concepción de la eficiencia como pura productividad?
De hecho, en la historia se han sucedido diversos sistemas productivos. ¿No habrá llegado el momento, aprovechando la crisis actual, de poner en cuestión el sistema capitalista en su conjunto y no sólo algunos aspectos de su gestión? ¿El fracaso del “socialismo real” implica que cualquier sistema que pretenda poner la vida económica en función de las necesidades de la sociedad está condenado de antemano al fracaso? ¿Habrá que suscribir la delirante tesis del “fin de la historia” y suponer que el capitalismo liberal constituye el estadio definitivo de la humanidad?

Estas preguntas conducen al peligroso terreno de la utopía. Porque la pregunta que sigue sería: ¿qué sistema alternativo se propone? Y ya sabemos que algunas respuestas pueden tener consecuencias más temibles que las preguntas. Pero creo que mientras no se ponga en cuestión el sistema actual en su conjunto, abriendo un debate que no se limite a discutir sobre técnicas de maquillaje y se acepte la necesidad de organizar de otra manera la vida económica, la mayoría de los seres humanos lo van a pasar muy mal.

Augusto Klappenbach es filósofo y escritor

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