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El suicidio, primera causa de muerte en España, y sus causantes: desahucios, desempleo y pobreza

“La Ley española del desahucio vulnera la normativa comunitaria y no garantiza ninguna protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas contractuales abusivas en las hipotecas” según el Tribunal de Justicia de la UE. 

Desahuciados o parados, empresarios arruinados, que se quitan la vida, desempleados volcados en una consulta psiquiátrica… gente que quiere emigrar porque aquí no se puede vivir. Los problemas emocionales derivados de la crisis económica española aumentan y agravan la incidencia de las enfermedades mentales y de las soluciones desesperadas.

Desde diciembre de 2011 hasta marzo o abril de 2012 ha crecido el número de suicidios obviamente vinculados a problemas económicos En los primeros meses de este año, dos conocidos empresarios andaluces aparecieron calcinados en el interior de sus respectivos automóviles en localidades costeras y, según todos los indicios, se habrían matado ante la ruina de sus negocios, reveló el agente, que no ofreció más detalles.

El suicidio supera los accidentes de tráfico, el cáncer, y enfermedades cardiovasculares. Pero el número de personas que se quitaron la vida no había crecido significativamente desde 2007, antes del inicio de la crisis, y 2010, último año del que se tienen datos oficiales. En 2007, los fallecidos por suicidio fueron 3.263, de los que 2.463 eran hombres y 800 mujeres, indica el informe de defunciones según causa de muerte del Instituto Nacional de Estadística (INE). En los años subsiguientes hubo algunas oscilaciones: 3.457 en 2008; 3.429 en 2009 y 3.158 en 2010. Las cifras de suicidios no suelen hacerse públicas y los servicios de emergencia no dan cuenta de ellos a los medios de comunicación, aunque sí lo hacen sobre muertes con otras causas.

En las facultades de Comunicación se enseña que el suicidio no es noticia. “Es en cierto modo correcto, no es noticia cada caso individual, no se debe informar de métodos o detalles. Pero es también un error: sí se debe hablar del fenómeno social que supone el suicidio. Y de la forma de prevenirlo.

Por eso, hay que ser consciente. Hay que hablar del tema como problema y pensar en eventuales soluciones, sobre todo si hay algún peligro en el entorno. Pero no es sí. El 10 de septiembre, Día Mundial de la Prevención del Suicidio, pasó sin pena ni gloria en los medios. El suicidio sigue siendo un tabú, algo maldito e innombrable, lo que convierte a las familias en víctimas dobles

“En el 95% por ciento de los casos, no se llama a los periodistas al lugar del suicidio, aunque sí están presentes en homicidios o accidentes”, según el policía malagueño.

Son noticias que sacuden la región casi a diario y que apenas se mencionan en la gran prensa. Ningún responsable político habla de la proliferación de suicidios en España. Pocas veces aparecen reflejados en las crónicas de sucesos.

Las depresiones con consecuencias fatales afectan, sobre todo, a jefes de empresa o altos cargos que han visto derrumbarse el trabajo de una vida. Dado que España es un país de empresas familiares, la ruina tiene una connotación especial. Ante el fracaso, el sentimiento de frustración y de responsabilidad es aún mayor, y de ahí la desesperación.

«Lo siento, pero no me queda otra salida. Cuídate mucho». Con estas palabras, Isabel se despidió telefónicamente de una amiga antes de poner fin a su vida. Pero la mayoría de los suicidios en España tienen lugar en la más absoluta oscuridad, sin que trascienda su tragedia. No abundan los mensajes de despedida, ni las notas escritas a mano para decir adiós.

Aunque no hay cifras oficiales y muchos de estos casos se camuflan como accidentes (de arma de fuego o por ingestión de medicinas equivocadas), el caso que cuenta es que hay una muerte diaria, consecuencia de la precariedad económica, según Eures, la red creada por la Comisión Europea para facilitar la movilidad laboral.

 

Se trata a veces de autónomos, enfermos desahuciados, solitarios, incluso jubilados con pensiones de miseria que se van por falta de medios, de trabajo, o desesperanza. O porque les iban a echar del piso.

 

En muchos medios se presenta la imagen de una España desesperada por la crisis: precios por las nubes, salarios inmóviles (entre los más bajos de Europa), récord de impuestos, o un IVA desmesurado que eleva el precio de las cosas más elementales… En Euskadi con la supresión de las bonificaciones por contratación o mantenimiento del empleo, adoptadas por el gobierno de Madrid, miles de empresas se encuentran con un mayor coste salarial en sus contratos de trabajo, y en especial de jóvenes, mayores de 45 años y mujeres. El mayor impacto se ha producido en las actividades de investigación, desarrollo e innovación tecnológica. Y el país que aguantaba bien ahora se desmorona.

Con este panorama desolador, algunos confiesan que tienen que robar productos alimenticios en los supermercados para poder sobrevivir y llevar algo a casa para comer. Otros que ya han empeñado las joyas de los abuelos. También entre los empleados que han perdido su puesto de trabajo y no tienen instrucción especial abundan los suicidios. Eso sin contar los jóvenes que han caído en los mallas de la droga debido a la falta absoluta de expectativas de futuro y los malos amigos que están más o menos en la misma situación. Se sabe que el número de drogodependientes en España ha superado las cifras registradas en la segunda mitad de los 70. Ante la falta de medios para adquirir la droga, se recurre a sustancias ‘estupefacientes’ insólitas muy peligrosas. Y estos sucesos se han disparado.

Es un presente duro el que está viviendo España. Tal vez el peor desde la guerra civil. Y lo malo es que hay poco margen para la esperanza. ¿Cuántos suicidios más se seguirán ocultando en los próximos meses?

Vivimos inmersos en una cultura que se dice de la “información”, pero mirando a nuestro alrededor constatamos que nunca parecen importar las cosas, que los medios también están tocados y no mueven a la gente sino hacia la indiferencia. Lo que importa es vender publicidad. Y nunca se ha sentido el ser humano más sólo, más distante de todos y de todo. Más indiferente. Y eso a pesar de estar rodeados de sistemas que “comunican”, ”informan”, ”anuncian”, ”revelan” las 24 horas del día… pero no acompañan.

Desde la muerte de Franco se ha seguido en la misma sociedad de consumo de masas, donde el ser humano es pasivo, sin claras definiciones económicas, sociales o filosóficas, y el gobierno de turno intenta sutilmente que el hombre se comporte como un animal de consumo, conformista, apolítico. ¿Derechos humanos?… ¿Qué es eso?

La pobreza, el hambre, los desahucios, la exclusión social y demás problemas sociales no existen para Rajoy

No se ha escuchado ni una sola vez, ni en boca de Rajoy ni de sus entrevistadores, ninguna de esas palabras: “ni por supuesto, las de suicidio, malnutrición infantil, derechos humanos, inflación galopante, sostenibilidad, solvencia, problemas escolares, inamovilidad de las pensiones, tasas universitarias, becas, etc, etc.”. Eso lo dice todo…

En la cuestión de los desahucios el poder judicial trata débilmente de cambiar la ley pero es el propio gobierno el que se resiste. Explica que la comisión de seguimiento en la que participan la asociación hipotecaria, el Banco de España, la comisión Nacional del Mercado de la Vivienda y el secretario de estado para la economía estudian modificar umbrales e ingresos en los que se excluyan los desahucios. Eso requiere tiempo.

Ahora el acuerdo del gobierno y del PSOE de aceptar una reforma Express contra los desahucios, ha sido acogido con esperanza teñida de escepticismo. Después de casi unos 400.000 desahucios desde 2008 Rajoy ya no podía aguantar le presión de los medios sociales, de muchos jueces que estaban aplicando una ley de 1909. Hay un tribunal de Primera Instancia (el 32 de Madrid) que ha tramitado 1.200 ejecuciones hipotecarias en lo que va de año.

Espoleada por el alza del IVA la inflación se disparó hasta el 3’5 % en septiembre. El IVA ha aumentado los precios y esto se ha reflejado en el indicador del INE, que registra una subida hasta el 3’5%. Y el colmo viene con la privatización sanitaria. La gestión privada de la sanidad que empezó en Madrid y se ha extendido por las autonomías del PP. Más o menos significa la entrega al sector privado del control integral de los hospitales. La crisis es más bien una excusa de una maniobra dirigida a debilitar la red sanitaria-aunque esté funcionando bien-y entregarla a una empresa privada. Un jugoso negocio para las empresas que se dedican a la prestación de servicios sanitarios. El anuncio del Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha dado el primer paso. La noticia de esta iniciativa, después de tantos fracasos en muchas otras, provocaron no sólo protestas sino huelgas en seis hospitales de Madrid. En el mejor de los casos, 5.500 trabajadores (médicos, enfermeros, auxiliares…) quedan ahora pendientes de reubicación y dependen de que las empresas privadas quieran volver a contratarlos. Los carteles que exhibieron los trabajadores son suficientemente expresivos: “Vete, se vende tu hospital”, “Se vende Sanidad Pública”, “Hospital… sólo para ricos. Abstenerse de entrar”.

Ojeamos “El Periódico de Huelva” del 12 de octubre”, por ser Andalucía, una de las regiones más afectadas, y dice así”

“Ahora más que nunca, su reivindicación es necesaria. Con motivo del ‘Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza’ los responsables de asociaciones de Huelva ofrecieron algunos datos sobre la pobreza, “extrapolables a los que se registran en Andalucía”, tal y como destacó Manoli García, vicepresidenta de la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-A). Así, “se han practicado 3.272 desahucios en Andalucía hasta el mes de septiembre de este año”. A esos desahucios, habría que sumar 79.000 que están a la espera de la orden de ejecución” y del millón de parados que tiene Andalucía”

De este modo, García explicó que un 40% de los andaluces ha cruzado ya el umbral de la pobreza, siendo Andalucía la tercera comunidad “más pobre de España, sólo seguida por Ceuta y Extremadura donde un 47% de la población, casi la mitad, no podrían hacer frente a un gasto urgente imprevisto”.

En Extremadura, según un artículo sobre Barriada de Juan Canet en Mérida las cosas están así: “Antes de las nueve de la mañana, un grupo de policías antidisturbios, pertrechados de escopetas lanzapelotas, custodian el rápido desalojo de muebles en una vivienda social. Se trata de uno de los 16 desahucios consumados en el último mes y medio en Extremadura. Bocachas expectantes velando las puertas y cunas extraviadas en plena calle. Una mujer, inquilina de ese piso, suplica sin éxito que le dejen entrar en la casa a coger el biberón para dar de comer a su hijo. No, no llega a estos barrios la prédica del interés superior del menor ni hay espacio en los suburbios para melindres compasivos. “Nos tratan como a terroristas”, dice una mujer mayor, consumida por la rabia. Hace ya tiempo que dejó de extrañarnos la presencia de los antidisturbios y de los GEOS en las barriadas miseria. Es la guerra sorda, la ofensiva de los ricos contra los pobres, la guerra social que se ha instalado en España.

La Junta de Extremadura, dueña de casas y juez de intemperies, ha convertido el desalojo en la guía de su política de la vivienda. 764 expedientes de desahucios abiertos y, de ellos, según se anuncia, 90 de ejecución inminente. Aunque no tiene la misma diligencia ni energía para cumplir sus obligaciones como casera. Los ascensores dejaron de funcionar, los barrios están llenos de cucarachas y otros bichos, pero el ejemplar gobierno de Extremadura sólo piensa en hacer caja con la más rentable de las inversiones: el miedo.

¿Como pretenden que pague otro recibo atrasado?” o “¿Tú crees que hay derecho a que te amenacen con echarte a la calle por tener una deuda de 600 euros?”. Se acumulan mil historias de incertidumbre y miedo.

Esto ocurre en una región que ronda los 150.000 parados, más de 60.000 de ellos sin ayuda alguna y cuando el número de personas acogidas a los programas de alimentos de Cáritas no deja de multiplicarse. Un tsunami de marginación y miseria avanza con la ruleta de los desahucios.

Esta vileza institucional del desahucio como herramienta política se produce en un país que cuenta con 4 millones de viviendas vacías y, casi un millón de ellas, en manos de los bancos como consecuencia del saqueo hipotecario. España, campeona europea de gentes sin casa y, al mismo tiempo, casas sin gente,

El país donde se extorsiona a gentes sin recursos para que paguen la insignificante deuda atrasada o se le corta el agua a familias con niños pequeños.

El mismo país en el que mientras tiburones como Rodrigo Rato o Miguel Ángel Fernández Ordóñez se van de rositas dejando pufos de 23.000 millones de euros (Bankia) o agujeros financieros de más de 100.000 millones (banca española). O donde el empresario más grande, Alfonso Gallardo, aún no ha devuelto los 10 millones de euros adelantados para el fracasado engendro de refinería.

“No vamos a parar los desahucios, de ninguna manera. Además nos están felicitando por ello”, dice jubiloso Víctor del Moral, Consejero de Vivienda de la Junta de Extremadura. Es ahí, en ese perturbador argumento, donde se encuentra la clave de esta oleada de desahucios. Todo un discurso populista que habla de las barriadas más machacadas como el reino de los televisores de plasma y los muebles de diseño, y que repiten insistentemente términos como conducta antisocial acabando por presentar como un problema de orden público lo que no es sino una expresión radical de injusticia social.

Y a la veterana criminalización de la pobreza se suma el darwinismo social, importado de Estados Unidos e inyectado en vena en las últimas décadas. “Ya no hay pobres, sino fracasados. Desapareció el marginado, ya no quedan en el lenguaje de la selva capitalista más que perdedores e inadaptados sociales“.

También aquí, tras la locura de los desahucios colectivos es apropiado aquel dicho simple: “este es el inveterado conflicto entre ricos y pobres por el derecho a la ciudad” (Mike Davis).

Un espeso silencio cómplice acompaña los desahucios. Y en los foros de los periódicos supura el odio contra los pobres. “Es lo único bueno que ha hecho el PP desde que gobierna en Extremadura”, dice un justiciero anónimo. “Venga, daros prisa en echar la escoria, que a este paso aún llegan al invierno”, añade otro enigmático valiente. Es el lumpen y todo vale.

Los que mandan conocen bien el miedo a la proletarización de las clases medias y se aprestan a parasitar la zozobra de quienes intuyen el final de la gran milonga de consumismo e individualismo propietario. Desde los 90, mucha gente empezó a vivir de la pobreza en la poderosa “industria de lo social”. Hoy resulta más evidente aún la utilidad que el poder concede a la pobreza como instrumento de cohesión y disciplina de la ciudadanía.

En “Novecento”, la hermosa película de Bertolucci que narra la historia del siglo XX en Italia, aparece la del desahucio de Orestes, un jornalero al que los patronos echan de casa por incumplimiento del contrato. El relato del desahucio sirve en la película para explicar el origen del fascismo en Italia. Observando la brutalidad e inhumanidad de los desahucios masivos de estos días y la liquidación sistemática de derechos sociales, parece que el vientre que parió aquella cosa bestial todavía está fecundo.

La Justicia europea dice que la normativa española de desahucios es ilegal 

La abogada general del Tribunal de Justicia de la UE (TUE), Juliane Kokott, ha dictaminado que no garantiza una protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas contractuales abusivas en las hipotecas.

Juliane Kokott, ha considerado días pasados que la ley española de desahucios vulnera la normativa comunitaria porque no garantiza una protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas contractuales abusivas en las hipotecas.

El dictamen de la abogada general responde a una cuestión presentada por el juzgado mercantil de Barcelona, que debe dirimir una denuncia presentada por un ciudadano contra CatalunyaCaixa, que forzó su expulsión de la vivienda que ocupaba en enero de 2011 por impago de la hipoteca. 

El ciudadano en cuestión solicita que se declare nula una de las cláusulas del préstamo hipotecario y que, en consecuencia, el procedimiento judicial de ejecución hipotecaria sea considerado también nulo.

En sus conclusiones presentadas este jueves, la abogada general recuerda en primer lugar que, al no existir un derecho de la UE una armonización de las medidas de ejecución forzosa, corresponde a los Estados miembros establecer las modalidades procesales.

No obstante, el dictamen precisa que la regulación procesal nacional no puede conducir a que se obstaculice la invocación de los derechos garantizados al consumidor por la directiva europea contra las cláusulas contractuales abusivas.

En este sentido, la abogada general estima que “la regulación procesal española es incompatible con la directiva, pues menoscaba la eficacia de la protección que ésta persigue”.

“No constituye una protección efectiva contra las cláusulas abusivas del contrato el que el consumidor, a raíz de dichas cláusulas, deba soportar indefenso la ejecución de la hipoteca con la consiguiente subasta forzosa de su vivienda, la pérdida de la propiedad que la acompaña y el desalojo, y que sólo con posterioridad esté legitimado para ejercitar la acción de daños y perjuicios”, resalta Kokott.

Al contrario, la norma europea exige “que el consumidor disponga de un recurso legal eficaz para demostrar el carácter abusivo de las cláusulas de su contrato de préstamo, merced al cual, si se da el caso, pueda detenerse la ejecución forzosa”.

La abogada general insiste en que el juez debe tener la posibilidad de suspender la ejecución forzosa hasta que se haya comprobado el carácter abusivo de una cláusula contractual, de modo que se impida que el procedimiento ejecutivo cree en perjuicio del consumidor una situación que posteriormente sea de muy difícil o imposible reparación.

El dictamen de la abogada general no tiene carácter vinculante, pero el Tribunal sigue sus recomendaciones en el 80% de los casos. Los jueces empiezan ahora a deliberar y la sentencia se dictará en un momento posterior.

Fuente: Globedia.com

Sánchez Gordillo – Entrevistado por la Plataforma “Occupy Wall Street”

Respetando el texto en inglés que sirve como introducción al presente video, destinado a los espectadores de EE.UU., mostramos nuestra alegría por saber que  Juan Manuel Sánchez  Gordillo, un verdadero sindicalista, luchador y defensor de los derechos humanos, laborales, culturales y sociales, ha sido entrevistado hasta ahora por más de veinte cadenas europeas, seis en Latinoamérica y por vez primera, para Estados Unidos, a través del Movimiento OWS (Occupy Wall Street).

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Del capitalismo como “sistema parásito” por Zygmunt Bauman

Tal como el reciente “tsunami financiero” demostró a millones de personas que creían en los mercados capitalistas y en la banca capitalista como métodos evidentes para la resolución exitosa de problemas, el capitalismo se especializa en la creación de problemas, no en su resolución.

"Nos han impuesto que eres más feliz cuanto más consumes y más compites"  Zygmunt Bauman

Al igual que los sistemas de los números naturales del famoso teorema de Kurt Gödel, el capitalismo no puede ser al mismo tiempo coherente y completo. Si es coherente con sus propios principios, surgen problemas que no puede abordar; y si trata de resolverlos, no puede hacerlo sin caer en la falta de coherencia con sus propias premisas. Mucho antes de que Gödel escribiera su teorema, Rosa Luxemburgo publicó su estudio sobre la “acumulación capitalista” en el que sugería que el capitalismo no puede sobrevivir sin economías “no capitalistas”; puede proceder según sus principios siempre cuando haya “territorios vírgenes” abiertos a la expansión y la explotación, si bien cuando los conquista con fines de explotación, el capitalismo los priva de su virginidad precapitalista y de esa forma agota las reservas que lo nutren. En buena medida es como una serpiente que se devora la cola: en un primer momento la comida abunda, pero pronto se hace cada vez más difícil de tragar, y poco después no queda nada que comer ni tampoco quien lo coma…

El capitalismo es en esencia un sistema parásito. Como todos los parásitos, puede prosperar un tiempo una vez que encuentra el organismo aún no explotado del que pueda alimentarse, pero no puede hacerlo sin dañar al anfitrión ni sin destruir tarde o temprano las condiciones de su prosperidad o hasta de su propia supervivencia.

Rosa Luxemburgo, que escribió en una era de imperialismo rampante y conquista territorial, no pudo prever que las tierras premodernas de continentes exóticos no eran los únicos posibles “anfitriones” de los que el capitalismo podía alimentarse para prolongar su vida e iniciar sucesivos ciclos de prosperidad. El capitalismo reveló desde entonces su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie explotada con anterioridad se debilitaba. Una vez que anexó todas las tierras vírgenes “precapitalistas”, el capitalismo inventó la “virginidad secundaria”. Millones de hombres y mujeres que se dedicaban a ahorrar en lugar de a vivir del crédito fueron transformados con astucia en uno de esos territorios vírgenes aún no explotados.

La introducción de las tarjetas de crédito fue el indicio de lo que se avecinaba. Las tarjetas de crédito habían hecho irrupción en el mercado con una consigna elocuente y seductora: “elimine la espera para concretar el deseo”. ¿Se desea algo pero no se ahorró lo suficiente para pagarlo? Bueno, en los viejos tiempos, que por fortuna ya quedaron atrás, había que postergar las satisfacciones (esa postergación, según Max Weber, uno de los padres de la sociología moderna, era el principio que hizo posible el advenimiento del capitalismo moderno): ajustarse el cinturón, negarse otros placeres, gastar de manera prudente y frugal y ahorrar el dinero que se podía apartar con la esperanza de que con el debido cuidado y paciencia se reuniría lo suficiente para concretar los sueños.

Gracias a Dios y a la benevolencia de los bancos, ya no es así. Con una tarjeta de crédito, ese orden se puede invertir: ¡disfrute ahora, pague después! La tarjeta de crédito nos da la libertad de manejar las propias satisfacciones, de obtener las cosas cuando las queremos, no cuando las ganamos y podemos pagarlas.

A los efectos de evitar reducir el efecto de las tarjetas de crédito y del crédito fácil a sólo una ganancia extraordinaria para quienes prestan, la deuda tenía (¡y lo hizo con gran rapidez!) que transformarse en un activo permanente de generación de ganancia. ¿No puede pagar su deuda? No se preocupe: a diferencia de los viejos prestamistas siniestros, ansiosos de recuperar lo que habían prestado en el plazo fijado de antemano, nosotros, los modernos prestamistas amistosos, no pedimos el reembolso de nuestro dinero sino que le ofrecemos darle aun más crédito para devolver la deuda anterior y quedarse con algún dinero adicional (vale decir, deuda) para pagar nuevos placeres. Somos los bancos a los que les gusta decir “sí”. Los bancos amistosos. Los bancos sonrientes, como afirmaba uno de los comerciales más ingeniosos.

La trampa del crédito

Lo que ninguno de los comerciales declaraba abiertamente era que en realidad los bancos no querían que sus deudores reembolsaran los préstamos. Si los deudores devolvieran con puntualidad lo prestado, ya no estarían endeudados. Es su deuda (el interés mensual que se paga sobre la misma) lo que los prestamistas modernos amistosos (y de una notable sagacidad) decidieron y lograron reformular como la fuente principal de su ganancia ininterrumpida. Los clientes que devuelven con rapidez el dinero que pidieron son la pesadilla de los prestamistas. La gente que se niega a gastar dinero que no ganó y se abstiene de pedirlo prestado no resulta útil a los prestamistas, así como tampoco las personas que (motivadas por la prudencia o por un sentido anticuado del honor) se apresuran a pagar sus deudas a tiempo. Para beneficio suyo y de sus accionistas, los bancos y proveedores de tarjetas de crédito dependen ahora de un “servicio” ininterrumpido de deudas y no del rápido reembolso de las mismas. Por lo que a ellos concierne, un “deudor ideal” es el que nunca reembolsa el crédito por completo. Se pagan multas si se quiere reembolsar la totalidad de un crédito hipotecario antes del plazo acordado… Hasta la reciente “crisis del crédito”, los bancos y emisores de tarjetas de crédito se mostraban más que dispuestos a ofrecer nuevos préstamos a deudores insolventes para cubrir los intereses impagos de créditos anteriores. Una de las principales compañías de tarjetas de crédito de Gran Bretaña se negó hace poco a renovar las tarjetas de los clientes que pagaban la totalidad de su deuda cada mes y, por lo tanto, no incurrían en interés punitorio alguno.

Para resumir, la “crisis del crédito” no fue resultado del fracaso de los bancos. Al contrario, fue un resultado por completo esperable, si bien inesperado, el fruto de su notable éxito: éxito en lo relativo a transformar a la enorme mayoría de los hombres y mujeres, viejos y jóvenes, en un ejército de deudores. Obtuvieron lo que querían conseguir: un ejército de deudores eternos, la autoperpetuación de la situación de “endeudamiento”, mientras que se buscan más deudas como la única instancia realista de ahorro a partir de las deudas en que ya se incurrió.

Ingresar a esa situación se hizo más fácil que nunca en la historia de la humanidad, mientras que salir de la misma nunca fue tan difícil. Ya se tentó, sedujo y endeudó a todos aquellos a los que podía convertirse en deudores, así como a millones de otros a los que no se podía ni debía incitar a pedir prestado.

Como en todas las mutaciones anteriores del capitalismo, también esta vez el Estado asistió al establecimiento de nuevos terrenos fértiles para la explotación capitalista: fue a iniciativa del presidente Clinton que se introdujeron en los Estados Unidos las hipotecas subprime auspiciadas por el gobierno para ofrecer crédito para la compra de casas a personas que no tenían medios para reembolsar esos préstamos, y para transformar así en deudores a sectores de la población que hasta el momento habían sido inaccesibles a la explotación mediante el crédito…

Sin embargo, así como la desaparición de la gente descalza significa problemas para la industria del calzado, la desaparición de la gente no endeudada anuncia un desastre para el sector del crédito. La famosa predicción de Rosa Luxemburgo se cumplió una vez más: otra vez el capitalismo estuvo peligrosamente cerca del suicido al conseguir agotar la reserva de nuevos territorios vírgenes para la explotación…

Hasta ahora, la reacción a la “crisis del crédito”, por más impresionante y hasta revolucionaria que pueda parecer una vez procesada en los titulares de los medios y las declaraciones de los políticos, fue “más de lo mismo”, con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa aún no se hayan agotado por completo: un intento de recapitalizar a los prestadores de dinero y de hacer que sus deudores vuelvan a ser dignos de crédito, de modo tal que el negocio de prestar y tomar prestado, de endeudarse y permanecer así, pueda retornar a lo “habitual”.

El Estado benefactor para los ricos (que, a diferencia de su homónimo para los pobres, nunca vio cuestionada su racionalidad, y mucho menos interrumpidas sus operaciones) volvió a los salones de exposición tras abandonar las dependencias de servicio a las que se había relegado sus oficinas de forma temporaria para evitar comparaciones envidiosas.

Lo que los bancos no podían obtener –por medio de sus habituales tácticas de tentación y seducción–, lo hizo el Estado mediante la aplicación de su capacidad coercitiva, al obligar a la población a incurrir de forma colectiva en deudas de proporciones que no tenían precedentes: gravando/hipotecando el nivel de vida de generaciones que aún no habían nacido…

Los músculos del Estado, que hacía mucho tiempo que no se usaban con esos fines, volvieron a flexionarse en público, esta vez en aras de la continuación del juego cuyos participantes hacen que esa flexión se considere indignante, pero inevitable; un juego que, curiosamente, no puede soportar que el Estado ejercite sus músculos pero no puede sobrevivir sin ello.

Ahora, centenares de años después de que Rosa Luxemburgo diera a conocer su pensamiento, sabemos que la fuerza del capitalismo reside en su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie que se explotó antes se debilita demasiado o muere, así como en la expedición y la velocidad virulentas con que se adapta a las idiosincrasias de sus nuevas pasturas. En el número de noviembre de 2008 de The New York Review of Books (en el artículo “La crisis y qué hacer al respecto”), el inteligente analista y maestro del arte del marketing George Soros presentó el itinerario de las empresas capitalistas como una sucesión de “burbujas” de dimensiones que excedían en mucho su capacidad y explotaban con rapidez una vez que se alcanzaba el límite de su resistencia.

La “crisis del crédito” no marca el fin del capitalismo; sólo el agotamiento de una de sus sucesivas pasturas… La búsqueda de un nuevo prado comenzará pronto, tal como en el pasado, alentada por el Estado capitalista mediante la movilización compulsiva de recursos públicos (por medio de impuestos en lugar de a través de una seducción de mercado que se encuentra temporariamente fuera de operaciones). Se buscarán nuevas “tierras vírgenes” y se intentará por derecha o por izquierda abrirlas a la explotación hasta que sus posibilidades de aumentar las ganancias de accionistas y las bonificaciones de los directores quede a su vez agotada.

Como siempre (como también aprendimos en el siglo XX a partir de una larga serie de descubrimientos matemáticos desde Henri Poincaré hasta Edward Lorenz) un mínimo paso al costado puede llevar a un precipicio y terminar en una catástrofe. Hasta los más pequeños avances pueden desencadenar inundaciones y terminar en diluvio…

Los anuncios de otro “descubrimiento” de una isla desconocida atraen multitudes de aventureros que exceden en mucho las dimensiones del territorio virgen, multitudes que en un abrir y cerrar de ojos tendrían que volver corriendo a sus embarcaciones para huir del inminente desastre, esperando contra toda esperanza que las embarcaciones sigan ahí, intactas, protegidas…

La gran pregunta es en qué momento la lista de tierras disponibles para una “virginización secundaria” se agotará, y las exploraciones, por más frenéticas e ingeniosas que sean, dejarán de generar respiros temporarios. Los mercados, que están dominados por la “mentalidad cazadora” líquida moderna que reemplazó a la actitud de guardabosques premoderna y a la clásica postura moderna de jardinero, seguramente no se van a molestar en plantear esa pregunta, dado que viven de una alegre escapada de caza a otra como otra oportunidad de posponer, no importa qué tan brevemente ni a qué precio, el momento en que se detecte la verdad.

Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad impulsada a crédito y consumo. “El regreso a la normalidad” pronostica un regreso a vías malas y siempre peligrosas. La intención de hacerlo es alarmante: indica que ni la gente que dirige las instituciones financieras, ni nuestros gobiernos, llegaron al fondo del problema con sus diagnósticos, y mucho menos con sus actos.

Parafraseando a Héctor Sants, el director de la Autoridad de Servicios Financieros, que hace poco confesó la existencia de “modelos empresarios mal equipados para sobrevivir al estrés (…), algo que lamentamos”, Simon Jenkins, un analista de The Guardian de extraordinaria agudeza, observó que “fue como si un piloto protestara porque su avión vuela bien a excepción de los motores”.

Autor: Zygmunt Bauman

Fuente: Propia

Los otros ‘bancos malos’ en el mundo: así han funcionado en Irlanda, Alemania, EE UU…

El Gobierno de Rajoy ha dado ‘luz verde’ a la creación de un ‘banco malo’. Esta figura (englobada dentro de la reforma financiera que pide Bruselas) comprará, sobre todo, activos inmobiliarios de entidades en problemas. Anteriormente a España, otros países como Irlanda, Estados Unidos, y antes Suecia y México, han contado con sus propios ‘bancos malos’. Irlanda se vio obligada a solicitar ayuda europea tras elevar a máximos históricos su déficit. Casos como el sueco, en los 90 cierto es, resultaron un éxito.

El Gobierno ha dado luz verde’ a la creación de un ‘banco malo’, que se encargará de comprar, fundamentalmente, los activos inmobiliarios que se han adjudicado las entidades financieras a un precio “reducido” y tendrá 10 ó 15 años para venderlos, con el objetivo de no incurrir en pérdidas. Este ‘banco malo’ es uno de los protagonistas de la tercera reforma financiera que realiza el Gobierno de Rajoy (las tres en menos de 7 meses) y se encuadra en el conjunto de condiciones impuestas por Europa para que la banca española reciba el rescate de 100.000 millones de euros.

¿Es una fórmula de éxito? ¿Es un riesgo? Los expertos están divididos. Sobre el papel, es el Estado el que aporta liquidez a los bancos a la vez que estos le ‘venden’ estos activos tóxicos (vivienda, suelo, créditos de dudoso cobro…). Esto plantea diferentes opiniones al respecto:

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Según los defensores del banco malo, este:

  • Permitiría que las entidades no tuvieran que emplear sus esfuerzos en la venta de inmuebles, dejarían de tener un lastre en su contabilidad y, de este modo, volvería a circular el crédito hacia las empresas y las familias.
  • La imagen exterior que tendrían los establecimientos financieros españoles mejoraría y, con ella, su solvencia y sus beneficios.

Sus Detractores aducen otras razones para negarse a su creación:

  • No hay que pagar con dinero público la mala gestión que han llevado a cabo las empresas privadas, que además han desestabilizado el sistema financiero.
  • Los contribuyentes no deben hacerse cargo de las pérdidas de bancos y cajas de ahorro, sobre todo cuando estas han entregado a sus directivos elevadísimas indemnizaciones al dejar la entidad. Sería socializar las pérdidas y dejar que los bancos solo disfrutaran de las ganancias.
  • Los ciudadanos se verían doblemente perjudicados: por la falta de crédito que han experimentado (muchos se han quedado incluso sin vivienda) y por salvar ahora con sus impuestos a estas entidades.
  • Quedarse con los activos tóxicos de bancos y cajas tampoco garantiza que las empresas y las familias disfruten de nuevo de créditos, como ya ha ocurrido durante los últimos años tras el apoyo recibido con dinero público.
  • Es una fórmula que, de no acabar en éxito, puede conducir a la quiebra a un país.

Repasando otros casos anteriores de países que han recurrido a la creación de sociedades y mecanismos financieros similares, se puede concluir que el ‘banco malo’ como tal no es una figura que garantice el éxito de una economía y un sistema financiero en apuros:

Otros casos

  • Irlanda: el Ejecutivo irlandés creó en 2009 la Agencia Nacional de Manejo de Activos (NAMA, en inglés: National Asset Management Agency), que se hizo con los activos tóxicos del conjuntos de grandes bancos que conformaban su, ya antes, nacionalizado sistema financiero. Desde su creación, el ‘banco malo’ irlandés ha absorbido créditos concedidos por los bancos nacionales para proyectos comerciales por un valor de 74.000 millones de euros a un precio de 32.000 millones de euros, es decir, a un descuento ligeramente superior al 50%. El rescate de bancos y sociedades hipotecarias elevó el déficit del país a un 32% en 2010, lo que desembocó en la petición de rescate (85.000 millones de euros) con el país al borde de la quiebra. en 2011, el balance era positivo, con unos beneficios netos de 247 millones de euros. Sin embargo, el valor de la propiedad comercial en el mercado irlandés ha caído un 66% desde que alcanzara su máximo en 2007, un año antes del estallido de la burbuja inmobiliaria en este país.
  • Suecia: creado en la década de los 90 y en funcionamiento durante 5 años, absorbió los activos tóxicos de dos gigantes del país: Gotabank y Nordbanken. La cosa acabó en éxito ya que tuvo el control total sobre las acciones de estas entidades bancos rescatados, lo que permitió al Estado recuperar el dinero.
  • Alemania: con sus bancos regionales en la cuerda floja, el Estado germano compró activos tóxicos de WestLB (con una cartera de 85.000 millones de euros) con un ‘banco malo’ creado en 2009.
  • Estados Unidos: George Bush aprobó en 2008 el Troubled Asset Relief Program(Programa de Alivio de Activos Problemáticos), que con una dotación de 750.000 millones de dólares (575.000 millones de euros), compró activos no solo de bancos, sino también de fabricantes de automóviles y aseguradoras, entre otro tipo de entidades. Posteriormente, en 2009, Timothy Geithner amplió el TARP con el llamado Public-Private Investment Program for Legacy Assets (Programa Público-Privado de Inversión), que dispuso de 100.000 millones de dólares para activos tóxicos de entidades bancarias y un billón para inversores que se hiciesen con títulos respaldados con hipotecas y otros préstamos. Algunos bancos y otras empresas han devuelto ya este dinero más los intereses.
  • México: 15 años después de crear el Fobaproa (en los 90), el Estado asegura que ha recuperado el dinero invertido en entidades que pasaban por momentos delicados, aunque otras voces aseguran que esto no es cierto.

Fuente: globedia.com

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