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Entrevista a Juan A. Roche, editor de: La sociología como una de las Bellas Artes

Entrevista a Juan A. Roche, editor de: La sociología como una de las Bellas Artes

Juan A. Roche Cárcel es profesor titular de Sociología en la Universidad de Alicante. Entre sus últimas publicaciones destacan, como autor, La sociedad evanescente (Anthropos, 2009) y como editor,Espacios y tiempos inciertos de la cultura(Anthropos, 2007). También ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y europeas. Ha sido coordinador de investigación del Área de Cultura y Artes de la ESA (Asociación Europea de Sociología) y vicepresidente de la AESCA (Asociación Española de Sociología de la Cultura y de las Artes).Novedad 2012: La sociología como una de las Bellas Artes de Juan A. Roche Cárcel 

Sobre el libro: Los diez investigadores convocados en este libro han sido invitados a pensar las relaciones existentes entre la sociología y las artes y la literatura y, más específicamente, acerca de la influencia de estas últimas sobre aquélla. En el presente volumen se ha reflexionado, pues, acerca del estado en el que se hallan a día de hoy esas vinculaciones, constatando una vez más que la sociología tiene, como Jano, dos caras y que está a medio camino entre la ciencia y las humanidades. Igualmente se ha discutido sobre si la sociología es, efectivamente, una de las bellas artes, si su más profunda naturaleza discurre por senderos paralelos, para lo que se hace un balance —como siempre provisional— que avanza en el conocimiento de la disciplina y de su objeto de estudio, la sociedad. En este sentido se ha revisado, en el marco de las complejas relaciones existentes entre la literatura y las artes y la sociología, el territorio compartido y la permeabilidad o dureza de sus respectivas fronteras, así como dilucidado los puntos de contacto y los de divergencia. Finalmente, se ha emplazado, aunque fuera mínimamente, al pasado, al presente y al porvenir, a las permanencias y a los cambios, a los asuntos asumidos y tratados y a las tareas pendientes  

1. Se nos dice que esta obra colectiva, que usted ha preparado, trata de pensar las relaciones entre la Sociología y las Bellas Artes y la Literatura: ¿puede señalar cuál es este campo de relaciones y cómo se realizan?

Como la propia estructura del libro sugiere, a través de tres apartados: el primero se refiere a las vinculaciones profundas, estructurales, entre la sociología y las artes y la literatura, puesto que —al igual que éstas— la sociología es una forma de conocimiento que construye discursos que no dejan de ser ficcionales y trágicos o cómicos. Es decir, que de lo que se ocupan es de un acercamiento ideal a la realidad y de una visión de la misma marcada por acentos más o menos pesimistas u optimistas. El segundo apartado tiene que ver con que las artes y la literatura —sus textos y sus imágenes— nos hablan de los procesos de cambio, esto es, de las permanencias o de las variaciones, así como de su utilización como propaganda del poder o como crítica al mismo y de la expresión de la vida como un proceso que finaliza en la muerte; de las artes y de la literatura, pues, la sociología puede obtener documentos sociales acerca de los procesos de cambio que afectan a las sociedades y a los individuos. El último apartado, el de la acción, está relacionado con la situación actual en lo que se refiere al acercamiento de la sociología a las artes y la literatura, estado determinado tanto por las recuperaciones como por los olvidos; en este sentido, el libro llama a la acción, es decir, a no llegar tarde a la escena del conocimiento, a tratar el mundo de las imágenes, de la literatura y de la música como textos sociológicos que pueden cumplir diversas funciones: pedagógicas, epistemológicas, metodológicas, heurísticas…

2. ¿Cómo plantear entonces la especificidad de la Sociología, como ciencia social, en el marco de esas relaciones sin diluirse?

En nuestra disciplina hoy se nos aparece bastante claro que su especificidad viene del hecho de la propia naturaleza humana, no comparable —por su complejidad y singularidad— con el mundo animal o vegetal. Por tanto, la sociología, siendo una ciencia como es, no puede ser pura —como, por ejemplo, la biología o las matemáticas—, sino una ciencia humana y, en lo humano —conviene recordarlo—, la cultura y el arte constituyen un componente fundamental para comprender e interpretar la naturaleza siempre esquiva del ser humano. 

3. La sociedad actual en su complejidad y su producción cultural, ¿qué demanda a ese mundo de relaciones señaladas entre esas disciplinas para ser abordada como corresponde hoy?

Creo, sinceramente, que nuestra civilización está marcada por la inflación de imágenes, pero que en general somos bastante analfabetos a la hora de interpretarlas —sean éstas pictóricas, arquitectónicas o fotográficas—. Al respecto, me parece que el análisis de las imágenes puede constituir un instrumento muy interesante para acercarnos al mundo social. Algunos sociólogos clásicos como A. Weber —el hermano de M. Weber—, Pierre Bourdieu o N. Elias han sabido verlo con precisión y con suma intuición. Por otra parte, las artes y la literatura —en línea con las investigaciones de P. Bourdieu— se están convirtiendo en nuevas formas de distinción social, por lo que a través de ellas se nos desvelan nuevas maneras de desigualdad. Finalmente, en los comportamientos humanos —y también en los sociales—, los viejos y los nuevos temores, incertidumbres, riesgos y contingencias siguen descansando sobre el gran miedo de los individuos a fenecer. Por eso, el mundo ficcional que recrean el arte, la literatura y también la sociología parece, ante todo, que construye una segunda vida y que, con ella, de lo que trata es de permanecer y, en suma, de huir de la muerte. Solo que mientras que las artes antiguas y la sociología moderna parecían más volcados en las permanencias, en las estabilidades y, en definitiva, en una especie de eternidad, hoy por el contrario, todas ellas se ocupan más bien de lo efímero, de lo contingente y, a la postre, de intentar conseguir que sea inmortal el instante.Entrevista a Juan A. Roche, editor de: La sociología como una de las Bellas Artes

Fuente: paperblog.com

Sobre el autor

El Blog es creado y administrado por Santiago Pardilla Fernández, aunque también recibe ayuda de otros compañeros en la recogida de apuntes y elección de entradas, como Alejandro Brunetti, Arantxa Aragón, Francisco Javier Fernández, Paula Quinto Limorte y María José Sanchís. 

Biografía

Santiago vive en Elche, nació el 27 de septiembre del 1992 y con edad de 20. Es estudiante de 3º Grado de Sociología de la Universidad de Alicante (UA). Es el encargado de recoger, escribir, colocar, publicar, comentar entradas y demás funciones del Blog. Revisa el correo del Blog diariamente y controla las cuentas en las redes sociales (facebook, twitter, Linkedin y Google +).

Normalmente, las entradas son programadas los sábados y domingos por la tarde escuchando el programa Tiempo de Juego. Por supuesto, si se encuentra alguna noticia de interés los demás días se incluye, pero es más difícil al estar ocupado.

La sección de Investigaciones del Blog, todos sus artículos han sido realizados por este autor.

También es el encargado de poner a la disposición de los lectores los apuntes, trabajos, libros y textos para descargar con la plataforma Mediafire. Además, patrocina en Globedia y Reeditor los artículos del Blog.

En resumen, mantiene en funcionamiento el Blog diariamente y su expansión por Internet.

Currículum del autor

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El correo del autor es santi7299@gmail.com - El twitter personal: @santipardi92 

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Recopilación de frases de Herbert Spencer

Recopilación de frases y citas de Herbert Spencer, filósofo y sociólogo británico. Comenta cual es la que más te gusta.

  • “El ejercicio de la dominación material apareja inevitablemente, para el mismo que la practica, una esclavitud más o menos acentuada”

     

  • “Educar es formar personas aptas para gobernarse a sí mismas, y no para ser gobernadas por otros”

     

  • “La conducta del hombre para con los animales más primitivos, y su conducta para con sus congéneres, muestra una relación constante”

     

  • “Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos sean libres, nadie puede ser perfectamente moral hasta que todos sean morales, nadie puede ser perfectamente feliz hasta que todos estén contentos”

     

  • “La arquitectura, la escultura, la pintura, la música y la poesía, pueden ser llamadas “las eflorescencias” de la vida civilizada”

     

  • “El progreso no es un accidente, sino una necesidad”

     

  • “La educación tiene por objeto la formación del carácter”

     

  • “La moral no sabe nada de fronteras geográficas o distinciones de raza”

     

  • “Limitar la libertad de cada uno a la libertad del otro, excluye de realizar acciones impropias, pero no excluye a otras más inadecuadas”

     

  • “Todo hombre es libre de hacer lo que quiere, siempre que no infrinja la libertad de cualquier otro hombre”

     

  • “Viejas formas de gobierno crecen tan opresivas, que deben ser eliminadas, incluso a riesgo de que reine el terror”

     

  • “Existe un principio que se resiste a toda información, que se resiste a toda investigación, que nunca deja de mantener al hombre en una ignorancia perenne… Es el principio de desestimar lo que no se ha investigado”

    Dinos cual es tú frase favorita

     

Enric González: Cosas que no me creo

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Nos creíamos ricos y somos pobres. Vale. Hay otras falsedades que hemos creído, o hemos querido creer, o quieren hacernos creer. Vamos con diez de ellas.

1. La transición del franquismo a la democracia fue un éxito. En un país como España, tan habituado a las guerras civiles y las dictaduras, vino a considerarse un triunfo histórico el hecho de que el cambio de régimen no fuera acompañado de matanzas generalizadas. Y superar la patética asonada del 23 de febrero de 1981 nos pareció el colmo de la madurez. La Transición, en realidad, fue un proceso relativamente superficial, tutelado por la entonces Comunidad Económica Europea y la OTAN y dirigido por los poderes fácticos (financieros y en menor medida religiosos), basado en un pacto de desmemoria, en la preservación de las estructuras de capital franquistas y en una serie de apaños lamentables, como el “café para todos” autonómico y la singularidad fiscal vasca. Se sacrificó la justicia en el altar del orden y, encima, se glorificó el resultado.

2. España entró en la modernidad. Ni de broma. Por debajo de los nuevos rascacielos, las infraestructuras de lujo y el consumo de tecnología importada quedaron un sistema judicial antiguo e ineficaz, una inexplicable incapacidad para invertir colectivamente en investigación y desarrollo y un montaje fiscal tan yeyé que todo lo hace al revés: fomenta el fraude (estimado en 70.000 millones anuales), da vidilla a una robusta economía sumergida y asfixia a los asalariados y a las empresas medianas.

3. Hubo un milagro económico. El supuesto milagro no fue otra cosa que un proceso de convergencia y unión monetaria con el resto de Europa, por el cual los tipos de interés quedaron por debajo de la inflación real y España se inundó de capital extranjero. Vendimos ladrillo, deuda y sol, lo cual equivale a plantar cizaña en el césped: las actividades especulativas desplazaron a las productivas. En realidad, sí hubo algo milagroso: que un mal encofrador ganara más que un buen médico. El gran problema de España es que carece de una economía realmente productiva y capaz de competir en el mundo, y por eso no crece, y por eso padece un desempleo endémico.

4. Nuestros jóvenes están muy bien preparados. Pues no. Los jóvenes españoles están, en general, muy bien titulados, pero los bien preparados son, en porcentaje, pocos más de los de siempre. La masificación universitaria y la falta de empleo han generado una insólita proliferación de posgraduados sin expectativas y una fatigosa abundancia de idiotas con máster. Faltan técnicos medios, falta espíritu emprendedor y faltan oportunidades.

5. Trabajamos poco. Cualquiera que haya vivido en España y en otros países sabe que, en comparación con bastantes de nuestros vecinos, los españoles trabajan y trabajan razonablemente bien. Otra cosa es la organización del trabajo. También es otra cosa lo poco que se incentiva el trabajo: a la sombra de un tentativo Estado del Bienestar se ha formado una espesa maleza disuasoria de subsidios e impuestos, y la llamada “cultura del pelotazo” (recuerden aquello que dijo Carlos Solchaga, ministro socialista, sobre lo fácil que era hacerse rico en España) ha hecho pensar que trabajar es de tontos.

6. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Veamos. Las familias españolas deben unos 80.000 millones de euros y la suma se reduce cada mes. Si dividimos los 80.000 millones por diez millones de familias, o por cinco millones, sale un endeudamiento medio muy discreto. El gran problema son las hipotecas, pero no han sido los ciudadanos los que han creado la burbuja inmobiliaria ni los precios astronómicos de los pisos. Tampoco son culpables los ciudadanos de que el mercado de vivienda en alquiler sea raquítico. Las empresas españolas deben aproximadamente el doble que las familias, y el grueso de esa deuda corresponde a los grupos de mayor tamaño: Telefónica, superconstructoras, etcétera. O sea, que no. Los trabajadores hemos vivido según se podía vivir por las rentas y el crédito disponibles.

7. La inmigración ha sido un problema. No fastidiemos. Esa idiotez se desmonta por sí misma.

8. La culpa es de las autonomías. Hasta donde pudo entender el último que leyó la Constitución, las Comunidades Autónomas forman parte de la administración estatal. Han derrochado porque han montado sistemas clientelistas directamente emparentados con el antiguo caciquismo, pero sus problemas realmente serios corresponden a Seguridad Social, educación y otras competencias onerosas que fueron del Estado y se traspasaron a las autonomías. Los gobiernos autonómicos, con la excepción parcial del vasco, no recaudan pero gastan: eso es idóneo para propiciar el descontrol. El sistema se montó mal y funciona mal. Igual que la Unión Europea.

9. La culpa es de los políticos. Claro. Todo es culpa de esos políticos a los que nadie vota. Ya. Echemos un vistazo a nuestro alrededor: jueces, grandes empresarios, grupos de comunicación, estrellas televisivas. Mirémonos a nosotros mismos. Visto lo visto, ¿qué clase de políticos esperamos tener? Pues eso es lo que hay. Y si hemos consentido que los partidos se convirtieran en máquinas recaudadoras (por la vía legal y la ilegal) y avasallaran el terreno que debían ocupar las instituciones, los profesionales y la ciudadanía, algo de culpa nos tocará a la gente. No basta con trabajar y pagar los impuestos, hay que vigilar y exigir. Es muy probable que la actual clase política se desplome, como en otros países quebrados. Si creen que lo que vendrá luego será mejor, hicieron bien en votar a Zapatero (“la crisis es un tema opinable”) y a Rajoy (“los españoles merecen un Gobierno que no les mienta”), o a esos líderes nacionalistas que se envuelven en la bandera para encubrir lo que trincan.

10. Los mercados son irracionales. Los mercados, especialmente cuando no existe regulación, tienden al fraude, a la especulación, al abuso y al enriquecimiento indecente de quienes ocupan en ellos posiciones dominantes. Pero rara vez se comportan de forma irracional durante períodos prolongados. Lo que contemplamos ahora no son unas horas de pánico bursátil más o menos carente de fundamento, sino una resistencia generalizada a prestar dinero a Estados, instituciones públicas y empresas cuya capacidad de devolver los créditos resulta más que discutible. Porque, hay que insistir, cuando no se crece se va a la insolvencia. Cada vez que alguien hable de “mercados irracionales”, piense usted en lo bien que se lo montan los capitostes de las finanzas y ríase.

Fuente: http://www.jotdown.es

rumbo buena

 

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