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José Luis Sampedro – La conciencia de la economía: reflexiones que nos invitan a pensar

Quiero honrar la memoria de este gran hombre, recopilando sus múltiples sus reflexiones sobre el capitalismo, la economía, los políticos, los jóvenes… Y una pequeña biografía encontrada en lainformación.com. 

José Luis Sampedro  (Barcelona, 1 de febrero de 1917 - Madrid, 9 de abril de 2013) es lo opuesto a un best-seller, pese a que su aparición en el programa de La Sexta Salvados le devolviese al centro de la escena mediática. Sea como economista, profesor, político, humanista o novelista, su biografia puede empezarse por media docena de momentos y nos dejan una historia pausada y coherente, lejos de los éxitos fulgurantes.

2013_4_9_rfz8Lfb2XZXD4ALoudBgMEl primero es su infancia, que pasó en el Tánger de los múltiples protectorados, en aquella ciudad repleta de espías de entre guerras justo cuando nacía el concepto de espía. 

El segundo es su juventud, enterrada en las trincheras de la Guerra Civil, a la que se incorporó en el ejército republicano, pero la luchó enteramente en el nacional en MelillaCataluñaGuadalajara y Huete (Cuenca)

Nacido en una familia donde se consideraba al socialismo sinónimo de anarquía, la posguerra la comenzó como funcionario de Aduanas en Melilla. 

En esto que llega el tercero de los inicios posibles: su ingreso en 1944en la recién inaugurada Facultad de Ciencias Económicas de la Complutense, en Madrid. 

Allí es donde se encuentra con el profesor nazi Heinrich Freiherr von Stackelberg, un economista que hoy sería bastante más reconocido de no ser por el adjetivo de nazi que le acompaña. Invitado en 1943 a unas conferencias en Madrid, ya se quedó en España hasta su muerte de cáncer en 1946. 

De Stackelberg, Sampedro (y otros grandes economistas de la transición) aprendería teorías como las de la competencia imperfecta, la de los precios o la del duopolio que desarrolló el propio economista alemán. También descubriría que la economía carece de compasión.

Llegamos a la cuarta forma de abordar su biografía: su dilatada trayectoria como economista. Premio Extraordinario de licenciatura en 1947, un año después entra en el Servicio de Estudios del Banco Exterior de España y sería asesor del ministro de Comercio a principios de los años 50.

Durante esa década ejerce de catedrático de Estructura Económica y continúa escalando posiciones en el Banco Exterior hasta ser subdirector general. De 1961, igualmente, es una de sus novelas más conocidas, El río que nos lleva. 

Surge en aquellos años el quinto momento vital que podría haber servido de arranque. A mediados de los sesenta son expulsados de la Universidad los profesores Aranguren y Tierno Galván y de aquellos polvos vinieron los lodos que acabarían con un breve exilio de Sampedro en Inglaterra. 

A principios de lo setenta vuelve al Ministerio de Hacienda y en 1976, a su Banco Exterior, al que seguiría vinculado de una forma u otra hasta su jubilación, en 1984, exceptuando su pequeño paréntesis en la política, ya que fue senador por designación real en las cortes constituyentes de 1977. 

Los ochenta alumbran al Sampedro novelista: Octubre, octubre y, sobre todo, La sonrisa etrusca, una de las obras en castellano más vendidas en su momento. Ingresa en la Real Academia de la Lengua y se forja una sólida trayectoria literaria. 

Sin embargo, todavía falta el último Sampedro, el que ha terminado como símbolo del 15-M. Este trayecto le ha llevado desde las pancartas del No a la guerra de 2003 al regreso a la teoría económica de base para afrontar (y acaso explicar) los efectos devastadores de la crisis. 

“El capitalismo está muerto”, aseguraba poco antes de fallecer, a los 96 años, más despierta que nunca su faceta como economista y convertido en la conciencia del sistema. Justo a tiempo para denunciar el miedo que atenaza a la sociedad actual y comparar a la economía con la política y la religión, tres regímenes que no admiten que las viejas reglas han cambiado. 

Como toda biografía siempre se puede resumir en una frase, la de Sampedro parte de su propio credo personal, que asegura:  “Creo en el Hombre, su avanzado Hijo, concebido en ardiente evolución, progresando a pesar los Pilatos e inventores de dogmas represores para oprimir la Vida y sepultarla. Pero la vida siempre resucita y el Hombre sigue en marcha hacia el mañana.”

Este fue uno de los muchos análisis que ofreció ante las cámaras:

Sus ideas no eran dogmáticas, ni siqueira ideológicas, solo animaba a los jóvenes a pensar y reflexionar por sí mismos sobre los problemas de la sociedad.

Pese a su avanzada edad, demostró que hasta el último día tuvo una mente lúcida y reflexiva, que ayudó a muchos a salir del letargo crítico en que se encontraban.

Las diez frases más singulares de José Luis Sampedro por el Muy interesante

“El tiempo es invencible porque él mismo se destruye a cada instante”

“Deberíamos vivir tantas veces como los árboles, que pasado un año malo echan nuevas hojas y vuelven a empezar”

“Uno escribe a base de ser un minero de si mismo”

“Hay dos clases de economistas; los que quieren hacer más ricos a los ricos y los que queremos hacer menos pobres a los pobres”

“Siempre se puede, cuando se quiere”

“El niño siempre anda buscando. Entonces, si no se siente buscado, por fuerza pensará que el mundo falla y le rechaza”

“El tiempo no es oro; el tiempo es vida”

“La libertad es como una cometa. Vuela porque está atada”

“Porque es tocando fondo, aunque sea en la amargura y la degradación, donde uno llega a saber quién es, y donde entonces empieza a pisar firme”

“Qué importa mi boca cerrada, ¡cuando piensas con el alma te oyen!”

DEP

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La libertad: ¿individual o colectiva?

No pocas veces habremos escuchado en diversos comentarios de actualidad que en determinados países, denominados generamente dictaduras o autocracias, no existe libertad: ni libertad de prensa, ni libertad de expresión, ni libertad de partidos, ni de movimiento de las personas, etc. La libertad es entendida aquí como un elemento fundamental, ligado a la persona humana, y que generalmente se considera sólo puede realizarse en la única forma política digna de tal nombre: la democracia.

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Esta idea de libertad es deudora de la tradición cristiana. Recordemos que ya San Agustín señaló que, para entender cómo era posible que Dios consintiera el mal en el mundo, había que considerar que el hombre había sido dotado de libre albedrío, y por lo tanto la existencia del mal, del pecado, era algo achacable a los actos humanos. El hombre, en tanto que ser espiritual, estaba en Gracia de Dios y se elevaba así por encima de la pecaminosa Naturaleza. Idea cristiana que se mantuvo durante la Edad Media y que los escolásticos españoles del siglo XVI refinaron y debatieron con gran prolijidad en la denominada polémica de auxiliis: mientras los dominicos como Domingo Báñez señalaban que los actos del hombre eran libres porque Dios los determinaba como libres, el jesuita Luis de Molina afirmó la existencia de una «ciencia media», señalando que las acciones humanas y la omnisciencia divina se determinaban mutuamente: «el hombre propone y Dios dispone», que dice la sabiduría popular.

Por el contrario, la reforma protestante introdujo, pese a lo que suele decirse, un determinismo completo: la naturaleza humana según Lutero es pecaminosa de por sí, y sólo los predestinados a la salvación pueden evitar la condenación eterna; por su parte, Calvino señaló que la gracia divina era fruto del azar. En esta tradición protestante la única manera de salvar la libertad humana es llevando el fanatismo al extremo, convirtiendo al hombre en Dios (algo muy cercano al fatalismo musulmán): así, en la tercera antinomia de la Crítica de la Razón Pura de Kant, la libertad humana queda justificada por la existencia de Dios como ilusión trascendental, viviendo el hombre en el nivel del Reino de la Libertad (o de la Gracia) frente al Reino de la Necesidad de la Naturaleza, sometido al mecanicismo. Idea repetida por Hegel en su Filosofía del Derecho, pues «el espíritu es libre como la piedra es grave», siendo el hombre tan libre que puede, en el límite, «disponer de sí», esto es, suicidarse. Jean Paul Sartre habría señalado en una versión más moderna con su existencialismo similares coordenadas: el hombre es libre y en consecuencia responsable, por lo tanto si yo me comprometo a apoyar un movimiento político dejando la espalda a otro, soy responsable de su triunfo o fracaso. Tratar de disolver la libertad y la responsabilidad individual en las concatenaciones históricas y sociales era considerado por Sartre «mala fe».

Sin embargo, esta idea de libertad presupone que el hombre es un ser libre de todo condicionante, ajeno a la necesidad (Kant diría que aunque la naturaleza fuera mecanicista, como argumentaba el materialismo corporeísta de La Mettrie y otros, el hombre sería libre en el reino del noúmeno, de las ilusiones trascendentales metafísicas). Ni siquiera la idea de libertad del existencialismo de Sartre superaría ese formalismo, pues la influencia que puede jugar una persona individual, sin más influencia que cualquier otra, en un movimiento político de masas o en un proceso histórico, es la misma que puede jugar un alfiler a la hora de penetrar un grueso blindaje antibalas.

En el fondo, esta idea de libertad es lo que Gustavo Bueno ha denominado en El sentido de la vida libertad «de»: libertad puramente negativa, ausencia de trabas para realizar una actividad: ese sentido es el que recogen quienes hoy se autodenominan «liberales» o anarcoliberales: quieren libertad «de» comercio, pero para ello consideran que es necesario eliminar las trabas que imponen los estados (¿acaso quienes declaran su profesión de fe por el liberalismo no saben que el término se acuñó en la tradición de las artes liberales, esto es, del catolicismo español, en las Cortes de Cádiz, y no en la idealizada Inglaterra, en la polémica de auxiliis y no en los textos de Locke o Hume?). Pero esta libertad «de» necesita de la libertad «para», esto es, de una libertad positiva: de nada me sirve disponer de libertad «de» expresión si no dispongo de libertad «para» expresarme, es decir, de un medio de comunicación donde poder difundir mis ideas; no puedo disponer de libertad «de» pensamiento si ignoro los contenidos de los saberes científicos o políticos, que hagan que mi opinión supere el nivel indocto de la mayoría de ciudadanos cuando dicen expresar su opinión «libremente».

Si descartamos que el hombre sea un espíritu puro dotado de la Gracia santificante, habrá que señalar que la libertad humana sólo puede realizarse como la de un sujeto corpóreo, esto es, dentro de la Ética, y cuyas acciones han de regirse primariamente por las virtudes de la generosidad y la firmeza. Un sujeto será libre no por la mera ausencia de trabas para actuar, sino en tanto que puede causar algún efecto dentro de una sociedad de personas humanas, quienes a su vez pueden actuar sobre mí: es completamente ilusorio y formalista definir la libertad por aquello que puedo hacer sin interferir en la vida de los demás (como si fuera la armonía preestablecida postulada por Leibniz), puesto que constantemente estamos interfiriendo en la vida de los otros (a veces esa interferencia implica el asesinato de otra persona, un crimen que si es considerado horrendo marca el límite de la libertad personal; una persona que mata a otra, como un terrorista o un criminal vulgar que se ensaña brutalmente con su víctima, no puede seguir viviendo en la sociedad de personas y merece su desaparición, la pena capital o eutanasia procesal, según el materialismo filosófico). Incluso puede ser que en esta determinación mutua alguien me amenaza o coaccione de tal modo que mi libertad sea en la práctica cero: una persona amenazada por alguien que le apunta con una pistola o un terrorista musulmán a quien le han «lavado el cerebro» hasta hacerle creer que debe inmolarse en nombre de Alá matando a cuantos más infieles mejor, no son en efecto personas libres.

En estos contextos podemos comprobar que la libertad es una mera ilusión, la conciencia de la necesidad que señaló Espinosa: saber cuáles son las causas que me determinan a actuar de un modo y no de otro; como diría Aristóteles, en el cosmos los objetos que más se asemejan a los seres libres son los planetas por disponer de una trayectoria fija, mientras que los que más se asemejan a los esclavos son los cometas por su trayectoria divagante. De hecho, las acciones humanas son deterministas: yo decido acudir a mi puesto de trabajo porque estoy determinado a ganar un salario que me permita vivir; podría elegir «libremente» abandonarlo y morirme de hambre, pero ambas decisiones serían igualmente deterministas. Incluso cabría decir el suicidio, el «disponer de sí» que decía Hegel, es imposible, puesto que la decisión de acabar con la propia vida no surge del libre albedrío, sino de una necesidad tal que la persona que la sufre no encuentra otra salida que acabar con su vida.

Por ejemplo, el reciente caso de personas en España que, ante el inminente desahucio que iban a sufrir de sus inmuebles por impago de sus hipotecas, se han quitado la vida, no obedece a una estrategia premeditada de «asesinatos» por parte de las entidades bancarias, como argumentan las asociaciones de afectados en sus pancartas y consignas. Sin embargo, no se puede negar cierto fondo de verdad en tan exageradas denuncias, pues lo que sí existe es una relación de causa y efecto en este contexto, pues el hecho de las muertes de personas desahuciadas no es producto de una «libre decisión», sino que está en relación directa con la pesada carga de una deuda hipotecaria que no podían asumir, y que las entidades financieras se habían negado a perdonar con la entrega de la vivienda como garantía. Y es que las entidades bancarias, en su empecinamiento, creían que podrían saldar sus deudas manteniendo el mismo precio al que ofrecieron a la venta sus inmuebles, ignorando que la crisis económica había hecho saltar por los aires el mercado inmobiliario, y por eso no ofrecieron otras alternativas (alquileres con opción a compra, por ejemplo), conduciendo a muchos hipotecados a una situación que sin salida sólo resuelta con la muerte.

Artículo de José Manuel Rodríguez Pardo, visto en josemanuelrodriguezpardo.blogspot.com.es

Rumbo

Emancipación religiosa y su fundamentación racional (II) por Esteban Romano

Hoy la segunda parte (primera parte) de la disertación acerca del camino seguido por la Europa Cristiana para su emancipación religiosa. Entrada de Esteban Romano

… Toda la intelectualidad de una determinada sociedad se pone en contra de los principios en los que vive. Y se lanza a buscar otros…

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Analicemos esto fríamente, pongámonos en situación, imaginemos el siglo XIV, unos monjes y algunos otros seglares, que en esos siglos ya sabían leer, comienzan a cuestionar las bases de su sociedad, sin tener otra de recambio. No es que se hicieran apóstatas, ni que se pasaran a otra cultura, como la budista o la islámica, sino que seguían siendo cristianos, pero trazaban un camino nuevo, que revolucionaba las normas fundamentadoras de la sociedad. Hoy somos herederos de esos monjes, de esos revolucionarios, estamos acostumbrados a romper moldes, a cuestionar todo, a transgredir y eso nos parece lo normal, pero históricamente no ha sido así. No es normal cuestionarse los principios de tu propia civilización. Realmente sólo los intelectuales grecorromanos lo hicieron, y nunca con la profundidad y la intensidad que nosotros, nadie más. Es revelador  lo que ocurrió en el Islam, los islámicos nacen el siglo VII, allá en las lejanas y sedientas tierras de Arabia y se extienden por Asia, África y parte de Europa, con una celeridad admirable. Aprenden de griegos, sirios, persas e incluso indios y desarrollan una civilización brillante, alcanzando un gran nivel en cuanto a cultura, desarrollo y prosperidad. También entre ellos surgen algunos críticos a su sociedad, debido a las lecturas de los pensadores griegos, sobre todo. Pero, ¡qué diferencia! La sociedad islámica culta rechaza y persigue a esos escritores subversivos, que tienen que huir para salvarse, siendo sus obras destruidas, además aparece  un caso paradigmático, es el caso de Averroes. Este escritor árabe vivió en Córdoba, y produjo unos libros, donde se cuestionaba la esencia de la civilización islámica. Fue perseguido y sus libros quemados, mientras que la sociedad islámica culta, los demás escritores, lo estigmatizaron. Ellos no estaban dispuestos a aceptar ninguna opción que posibilitara el cuestionamiento de la religión o la teología islámica. Eso no era discutible. Y curiosamente quienes acogieron esos libros fueron los cristianos. Y en las universidades europeas de su tiempo, existieron averroístas latinos, pero no hay averroístas islámicos. Nadie lo continuó en el Islam, mientras los cristianos acogieron unos textos que ponían en entredicho la esencia de toda religión, y por lo tanto la base de la civilización cristiana, mientras que el Islam lo rechazó de plano. Y ahora viene la pregunta: ¿Qué era lo normal, aceptarlo o rechazarlo?

Hoy, nosotros diríamos aceptarlo, por que ese fue el camino que tomamos. Pero en aquel tiempo, no era sí. Ninguna otra cultura ha aceptado a aquellos que subvierten el orden establecido. ¿Por que nosotros sí? Es un misterio. Pero así fue. Ese es el momento en que surgen los dos caminos. El religioso y el racionalista.

 Y curiosamente será Ockham, uno de aquellos medievales que socavan las bases de la civilización cristiana, y lo hace por motivos filosóficos.

rumbo

Corrupción en la España democrática: los fallos del sistema

El plazo de prescripción de los delitos de corrupción es demasiado bajo, como ha mostrado algún caso relevante. El elemento más relevante para combatir la corrupción no es la legislación sino disponer de mecanismos que sean eficaces. La insuficiencia de medios demuestra una escasa cultura política y ciudadana contra la corrupción.

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El título, prestado de un libro de Alejandro Nieto, refleja la inquietud que hoy recorre el país: una democracia que se está deteriorando como consecuencia de la corrupción que, por la confluencia de casos, la personalidad de los sujetos y la crisis económica, se ha situado en los primeros puestos de las preocupaciones sociales. Desde el caso Urdangarín, pasando por los problemas de Dívar -corrupción cutre y de baja escala-, a los más recientes de la investigación de “los papeles de Bárcenas,” la posición de los afectados es realmente representativa. La corrupción no se queda ahí ya que hay problemas en Ayuntamientos y Comunidades autónomas. Eso sí, conviene recordar que no es algo nuevo sino que en el franquismo tenía carta de naturaleza el aprovechamiento privado de lo público.

Cuando se examina la corrupción, la primera pregunta parece obvia ¿cómo es nuestra legislación? Tiene fallos, es indudable. Hay que recordar los problemas de la legislación procesal que acaban favoreciendo al infractor, que habitualmente sigue en el cargo. La pervivencia de foros especiales en el Tribunal Supremo o los Tribunales Superior de Justicia no favorece la instrucción de los sumarios. Los tipos penales tienen carencias, tanto en la definición de tipos sancionadores como de sujetos afectados. El plazo de prescripción de los delitos de corrupción es demasiado bajo, como ha mostrado algún caso relevante. Tributariamente, la reducción que se hizo de los plazos de prescripción no beneficia, teniendo en cuenta que hay que usar mecanismos indirectos de lucha y el fiscal es el más relevante. Carecemos de normativa de transparencia administrativa y de los partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales (y la ley que impulsa el Gobierno es manifiestamente mejorable y no sólo por obviar a la Casa Real). No está resuelta de forma satisfactoria la responsabilidad civil y la devolución del dinero a la Administración; ni las sanciones a los donantes ilícitos a partidos políticos.

Como se puede apreciar, son cuestiones importantes. No son las únicas, ni mucho menos. Pero creo que el problema de la lucha contra la corrupción no se resolvería disponiendo de la mejor legislación. De hecho, buena parte de los hechos conocidos son ya ilegales. La ley no resuelve el problema. Es, si se me permite la expresión, “mero papel”, importante, pero no actúa por sí misma.

El elemento más relevante para la lucha contra la corrupción no es la legislación -que ayuda- sino disponer de unos mecanismos de lucha contra ella que sean eficaces.

En la pasada legislatura, el Gobierno socialista de Zapatero dio un impulso importante a los instrumentos de represión, fortaleciendo con doce fiscales el Centro de Madrid, complementado con el eficaz apoyo de la Agencia Tributaria, Intervención General del Estado y Policía Judicial. Se amplió la plantilla de fiscales anticorrupción en Barcelona, Málaga, Gran Canaria, Alicante, Granada y Baleares. Esto hizo que salieran a la luz tantos casos. Fue insuficiente, como veremos inmediatamente, aunque hoy se puede decir que casi cualquiera tiempo pasado fue mejor.

De la importancia que tuvo da buena cuenta que el PP modificó en enero de 2012 la estructura policial de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal -creada en 2005 por la especificidad que tenían los cometidos encomendados-. El cambio en la cúpula policial fue la consecuencia natural a la acusación que hizo de forma reiterada en la pasada legislatura (y que coincide con la acusación que hizo Rajoy en 2009 de que la trama Gürtel “no es una trama del PP, es una trama contra el PP”) de que el descubrimiento de ciertos asuntos de corrupción estaba intencionada políticamente. Los comportamientos eran de corrupción, no cabía duda. La lectura era el enroque interesado como se ve ahora. Acaso su solución era volver a un periodo átono de lucha contra la corrupción, como fue el periodo 1996/2004.

Hoy nos topamos con curiosas coincidencias: recientemente estuvieron al mismo tiempo en el Ministerio de Justicia el Fiscal General del Estado, la Secretaria General del PP y el propio Ministro. A eso se añade que el Juez Ruz pide a la Fiscalía anticorrupción que deje de investigar en relación con un aspecto del caso Gürtel. Y finalmente la Vicepresidenta del Gobierno recuerda que el Fiscal General puede cesar a cualquier Fiscal.

Seguimos teniendo una Agencia Tributaria inadecuada para la población española y, por ende, que pueda servir como un instrumento indirecto eficaz contra la corrupción. En un post anterior,Didac Queralt resaltaba que sólo Italia tiene menos Administración Tributaria que España. Citar a Italia como el único país de la zona Euro que está peor que nosotros es intuir la gravedad del problema. Tenemos la mitad que Alemania o un tercio que Francia. Que eso afecta a la recaudación tributaria es algo palmario (¿hace falta referirse al fraude fiscal que hay en España?) pero también con una adecuada fiscalización de rentas irregulares, se podrían encontrar indicios de corrupción. Y desde luego, dificulta que se pueda cumplir la función de apoyo en los procedimientos judiciales. Las plantillas están congeladas.

Encontramos un segundo escalón problemático en el Tribunal de Cuentas, que acaso por la escasez de medios no ha cumplido su papel lógico contra la corrupción política. Dos deben ser citados aquí entre los problemas que constató el Consejo de Europa sobre España de 2011: por un lado, la ausencia de auditorías de los partidos políticos (obviamente, la más estricta de todos, lo que constituye cuestión actual, sobre todo teniendo en cuenta que la auditoria que quería el PP no ha encontrado quien la escribiera). Y, en segundo lugar, más medios personales y materiales para que los informes de fiscalización de los partidos políticos sean mejores y más rápidos. Yo añadiría la redefinición de funciones, ya que hay procedimientos que tienen carencias importantes. La prueba mejor de lo que estoy diciendo es la nula participación del Tribunal de Cuentas en el impulso de algún fenómeno de lucha contra la corrupción y en que al mismo tiempo actúa como justificación de que la cuenta de cada partido están bien; lo que constituye un sinsentido. Algo parecido podría decirse de la Intervención General.

Acaso pueda resultar extraño citar entre los problemas de aplicación de la ley a los Tribunales de justicia cuando hay jueces que están impulsando los procedimientos contra los corruptos. Los problemas los sitúo en dos puntos muy distintos: por un lado, lo que se pueden denominar “ejemplos poco alentadores”. Lo ocurrido con el asunto de los trajes en Valencia, o lo ocurrido con la salida de Garzón del poder judicial como consecuencia de las escuchas del caso Gürtel reflejan la idea que quiero expresar. Aquí probablemente el problema estribe en la estructura social del Poder Judicial, y especialmente en cómo se eligen los jueces. El segundo tendría más fácil solución, aunque los recortes en la Justicia van en la dirección contraria: se trata de la cuestión de la carga de trabajo de los tribunales que tienen que se ve muy agravada por la dificultad que tiene el estudio de los casos de corrupción y que requeriría un importante apoyo de medios. En esta línea, podría ayudar la concentración en la Audiencia Nacional -por su capacitación y el tipo de asuntos de que conoce- de los asuntos de corrupción, aunque haga falta redefinir los efectos de los foros especiales que tienen algunas personas.

En definitiva, lo que estas líneas querían resaltar es dónde se ha de situar el problema de por qué no se ha evitado todo lo que estamos leyendo a diario en los periódicos. Unos medios insuficientes que demuestran una escasa cultura política y ciudadana contra la corrupción.

Artículo de Julio González García en eldiario.es 

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¿Por qué Finlandia tiene el mejor sistema educativo del mundo? por Lluis Torrent

Hace unos meses tuve la oportunidad de trabajar con una chica finlandesa. Era una recién licenciada en Administración y Dirección de Empresas que aspiraba a estudiar un máster en Harvard pero que, a pesar de tener un buen currículum académico que se lo permitía, no pudo cumplir su ilusión por motivos económicos. Era una chica con un extraordinario nivel de inglés, casi nativo diría yo, unas calificaciones universitarias excelentes, había vivido en el extranjero durante varios años (a pesar de tener solo 22 años), había viajado mucho, tenía un background académico muy potente y además hablaba sueco y tenía buen nivel de chino.

Me contaba como su familia le daba una extrema importancia a la educación, la cual había permitido a su padre ocupar un puesto de alta dirección en la empresa Nokia Siemens Networks en la oficina de Hangzhou, en China. Pero lo más sorprendente de todo es que esa chica, a pesar de las habilidades y destrezas mencionadas más arriba, parecía alguien más bien común, alguien “promedio” de la sociedad finlandesa.

El ver ese “alguien promedio” con un perfil educativo tan alto me hizo despertar la curiosidad. ¿Cómo es estudiar en el mejor sistema educativo del mundo?

Educación como clave de competitividad en Finlandia

Finlandia es según el último Índice de Competitividad Global (ICG) del Global Economic Forum el tercer país más competitivo del mundo, subiendo un puesto en relación al año anterior. Las razones de esta excelente clasificación son varias: el buen funcionamiento de sus instituciones públicas, su transparencia, su capacidad de innovación, su buen sistema de salud y, en especial, su extraordinario sistema educativo.

Finlandia ocupa el primer puesto en educación primaria, así como en educación superior y formación en el ICG, resultado de un fuerte énfasis en la educación en las últimas décadas. Esto ha proporcionado a la fuerza laboral con las habilidades necesarias para adaptarse rápidamente a un entorno cambiante y ha sentado las bases para sus altos niveles de adopción tecnológica y de innovación. Finlandia es hoy uno de los países más innovadores de Europa, ocupando el segundo puesto en la tabla, sólo por detrás de Suiza. Desde que la OCDE comenzara en el año 2000 a elaborar su informe PISA, Finlandia ha acaparado los primeros puestos del podio en Europa por su excelente nivel educativo.

Resultados del Informe PISA en 2006. Fuente: OCDE

¿Por qué Finlandia tiene la mejor educación del mundo?

Para poder desarrollar adecuadamente las razones por las cuales Finlandia tiene el mejor modelo educativo del planeta nos centraremos en cinco aspectos clave: la figura del profesor, el método educativo, los centros educativos, la cultura educativa y la política en materia de educación.

1. La figura del profesor/a

Sin duda el aspecto más relevante del éxito educativo en Finlandia es la gran valoración que recibe la figura del profesor. Aun cuando su sueldo medio (tras 15 años de profesión), es de 37,455 dólares anuales (datos de 2010), no sea muy elevado (de hecho menor que otros países europeos, incluso menor que en España donde el sueldo en 201o tras 15 años de experiencia laboral era de, 42,846 dólares, sin incluir los recortes sufridos desde 2010), el prestigio que posee en la sociedad finlandesa hace que dicha profesión sea una de las más solicitadas por los estudiantes. Tal es la demanda de esta profesión que son admitidos en las facultades menos del 10% de los aspirantes, lo que implica que para el acceso se requiera una nota elevada y una prueba de selección. Para ser maestro se necesita una calificación de más de un 9 sobre 10 en sus promedios de bachillerato y de reválida y se requiere además una gran dosis de sensibilidad social (se valora su participación en actividades sociales, voluntariado…). Cada universidad escoge después a sus aspirantes a profesores con una entrevista para valorar su capacidad de comunicación y de empatía, un resumen de la lectura de un libro, una explicación de un tema ante una clase, una demostración de aptitudes artísticas, una prueba de matemáticas y otra de aptitudes tecnológicas. 

Niños haciendo trabajos manuales bajo la atenta mirada de su profesor. [Foto: Eudemic.com]

La carrera de magisterio tiene unaduración de cinco años (en España son tres), pues se le exige a todo maestro que además de los tres años de licenciatura se cursen obligatoriamente dos años de un máster de especialización. La formación es muy exigente ya que el objetivo de la misma es preparar a los universitarios para que se conviertan, más que en profesores, en expertos en educación. Al final de la carrera los alumnos más brillantes suelen dedicarse a la enseñanza infantil, a la que se considera la etapa decisiva para que el resto del proceso educativo sea bueno.

Los profesores no solo enseñan materias en los colegios. En muchos pueblos finlandeses a menudo la gente visita a sus profesores para pedirles consejo sobre todo tipo de asuntos. La comunidad confía en los profesores porque saben que han sido muy bien preparados ya que los alumnos con mejores resultados son los únicos que pueden acceder a la docencia.

The Finland Phenomenon

“Los políticos, los pedagogos, los empresarios, los estudiantes… Todos saben que la educación es el principal recurso del país para competir en el mercado internacional y para construir una ciudadanía cívica”, dice Tony Wagner en el más que recomendable documental “The Finland Phenomenon: Inside The World’s Most Surprising School System”.

“Hace unos años el sistema estaba mucho más centralizado pero descubrieron que los resultados eran mejores si cedían más poder y autonomía a los colegios”, expone Wagner. Esa es una muestra de la confianza de la población en el sistema.”

2. El método educativo

El  método educativo finlandés destaca por varios elementos novedosos. El primero de ellos consiste en que la escolarización se produce a los siete años, más tarde que en muchos países europeos. Esta decisión se atribuye a que no es hasta los siete años de edad cuando los niños llegan a una madurez intelectual suficiente que les permita asimilar y comprender la información que van recibiendo.

Durante los primeros seis años de la primaria los niños tienen en todas o en la mayoría de las asignaturas el mismo maestro, que vela por que ningún alumno quede excluido. Es una manera de fortalecer su estabilidad emocional y su seguridad. Hasta quinto no hay calificaciones numéricas. No se busca fomentar la competencia entre alumnos ni las comparaciones.

Que ningún chico se quede atrás

Otra gran característica del sistema finlandés es la atención personal dedicada a cada niño, y especialmente a los que van atrasados. De hecho, uno de los mayores aciertos de los colegios finlandeses es que prestan mucha atención a la evolución del alumno desde el comienzo, intentando atajar los problemas de orden académico en los primeros años de escolarización, cuando es más fácil solucionar las dificultades. Aun cuando sigan las clases junto con los demás, los chicos que van más atrasados tienen un tutor personal y clases de apoyo según los diferentes niveles de necesidad.

Los niños tienen menos horas lectivas que en otros países.  A parte de eso se considera que los niños finlandeses, a diferencia de lo que sucede con los niños orientales, deben jugar el máximo tiempo posible para que gocen de su infancia. Los alumnos solo acuden a clase durante 4 o 5 horas al día durante sus dos primeros años de clase. En total, suman 608 horas lectivas en primaria, frente a las 875 horas de España, con deberes en casa que no son excesivos. En casa es donde empiezan a aprender la lengua y a socializarse. En el colegio la socialización sigue siendo muy importante. La relación con el profesor es fundamental y resulta muy cercana porque no hay más de 20 alumnos por clase. El número de matriculados en un colegio también es muy reducido.

La metodología ha abandonado las memorizaciones típicas del sistema educativo de la Ilustración y hace énfasis en el desarrollo de la curiosidad, la creatividad y la experimentación. No es una cuestión de transmitir información, sino que es más importante aprender a pensar.

La tipología de clases, lejos de convertirse en una clase magistral fundamentalmente unidireccional, se convierte en un debate abierto donde los profesores fomentan mucho la participación. Los profesores finlandeses trabajan mucho en grupo con sus alumnos, buscando retroalimentación de los mismos y realizando clases participativas, donde el ambiente es relajado y tolerante.

Además, el profesor está forzado a ir renovando sus clases y métodos de enseñanza para atraer la atención de los alumnos, actualizando y vinculando aquéllo que enseña en el aula con sucesos reales y formas que motiven a los estudiantes. Por ello en las clases se proyectan vídeos de YouTube, se preparan temas investigando en Wikipedia o Facebook, utilizan cómics y escuchan música. No existe una vida dentro del aula diferente a la vida detrás de sus puertas, y la tecnología, igual que ocurre en sus casas, se utiliza a menudo en clase.

El profesor, además, recibe evaluaciones y feedback por parte de otros profesores más experimentados en el modo en que imparten sus clases para que éstos puedan mejorar su método educativo.

3. Los centros educativos

Cada colegio tiene autonomía para organizar su programa de estudios. La autonomía de los colegios se enmarca dentro de un sistema en el que la educación se concibe como algo gratuitoe igual para todos. Los niños tienen acceso a centros de enseñanza similares y no pagan por el material. Los colegios proporcionan libros, ordenadores e incluso la comida. La planificación educativa es consensuada entre los profesores y los alumnos. Los adolescentes dan su opinión sobre las propuestas de los docentes, informan de sus intereses y participan en la organización del curso. Un hecho que puede atribuirse a un sistema basado en la transparencia, el cual rige también las instituciones públicas del país.

Otro elemento significativo con el que cuenta el sistema finlandés es, según José Antonio Marina, el trabajo integrado de todos los estratos del sistema educativo. Mientras que en España los niveles de enseñanza están completamente separados (“primaria y secundaria no trabajan juntos y secundaria y la universidad no lo hacen en absoluto”) allí están acostumbrados a organizar el sistema educativo como un todo, “por lo que la colaboración para mejorar los planes de estudio es muy grande”.

4. La cultura educativa

“El éxito finlandés se debe a que encajan tres estructuras: la familia, la escuela y los recursos socioculturales (bibliotecas, ludotecas, cines…)“, explica Javier Melgarejo. Los tres engranajes están ligados y funcionan de forma coordinada. “Los padres tienen la convicción de que son los primeros responsables de la educación de sus hijos, por delante de la escuela” y complementan el esfuerzo que se hace en el colegio. “En Finlandia el 80% de las familias van a la biblioteca el fin de semana”, añade Melgarejo, para quien este estímulo de la lectura en casa resulta fundamental.

Existe una herencia cultural luterana basada en la responsabilidad que fomenta la disciplina y el esfuerzo, a la que también acompaña una climatología que empuja a encerrarse en casa, pero estos factores también están presentes en otros países vecinos, como Suecia o Dinamarca, que disfrutan de mayor nivel económico y sin embargo figuran varios puestos por debajo en PISA. “No son las variables socioeconómicas las determinantes“, subraya Melgarejo.

5. Las políticas en materia de educación

Las ventajas que proporciona el modelo finlandés a sus estudiantes provienen de su gasto público, que representó en 2009 el 6,8% del PIB (el 5% en España). Así, la enseñanza obligatoria es gratuita en todos sus conceptos, desde el material hasta los gastos de comedor, e incluso el colegio ha de garantizar el transporte en el caso de que los niños deban desplazarse al centro desde una distancia superior a los 5 km. También los estudios universitarios son gratuitos, incluidos aquellos destinados a los adultos que, contando con un trabajo, quieren reciclarse o simplemente mejorar su formación. Todo ello para que aprender en Finlandia no sea un problema de dinero.

En Finlandia la educación es uno de los temas sobre el que existe consenso político respecto a su importancia, lo que supone una estabilidad en el sistema educativo que permite que éste se desarrolle completamente, pueda evolucionar y madurar dentro de los mismos parámetros. Por contraposición, España ha sufrido 6 o 7 cambios relevantes en su sistema educativo, desde la LEG hasta la LOE, pasando por la LOGSE.

Harri Skog, secretario de Estado de Educación de Finlandia desde 2006, resumía en una frase la importancia de este proceso: “La educación es la llave para el desarrollo de un país”. Por eso el país nórdico dedica del 11 al 12% de los presupuestos del estado y los ayuntamientos a financiar este modelo de educación. Pero este gasto se hace de un modo eficiente. Tal y como indica Javier Megias “el gasto medio por alumno entre España y Finlandia es similar y no se encuentra en niveles exorbitados, apareciendo diferencias relevantes sólo cuando se alcanza la Educación superior.”

El sistema social finlandés contribuye además con numerosas ayudas oficiales a las familias para que puedan conciliar su trabajo y la atención a sus hijos y, con ello, continuar con su dedicación y empeño educativo también en el hogar.

Conclusión

El modelo educativo finlandés está pensado principalmente para que “nadie se quede atrás” confiriendo un sistema educativo que presta atención a cada pequeño detalle para favorecer que el finlandés medio tenga un nivel educativo alto o muy alto. Aunque el sistema tiene un nuevo reto a superar, identificado ya por parte de las autoridades educativas del país: la necesidad de centrarse más en los alumnos con mayor potencial para incrementar aún más sus resultados y habilidades, consiguiendo así estudiantes sobresalientes que destaquen por su excelencia y sobresalgan entre las élites profesionales y académicas mundiales.

Infografía - 25 lecciones extraordinarias del sistema educativo de Finlandia

Lluis Torrent en http://www.unitedexplanations.org

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